viernes, 8 de febrero de 2013


Duras, Austen y el alma de la escritura que perdura



POR SILVANA BOSCHI


Esta semana la novela Orgullo y prejuicio , de Jane Austen, cumplió 200 años desde su publicación. La más famosa de las obras de esta escritora inglesa, quien mostró en un lenguaje formal pero ágil la Inglaterra rural y clasista de finales del siglo XVIII y XIX, sigue convocando lectores: cada año se venden en Gran Bretaña unos 50.000 nuevos ejemplares de este libro, además de las descargas gratuitas, ya libre de los derechos de autor.

La cifra hace pensar en que, más allá de la famosa crisis del libro y de la saturación que están provocando los medios digitales, donde tecno-democráticamente todo el mundo escribe, habla y opina, y cada frase es subida al instante al ciberespacio, la literatura en serio es otra cosa. Y cuando aparece, se reconoce y perdura.

Duras, Austen y el alma de la escritura que perdura
“No sé qué es un libro. Nadie lo sabe. Pero cuando hay uno lo sabemos. Y cuando no hay nada, lo sabemos como sabemos que existimos, no muertos todavía”. La frase es de Marguerite Duras (foto), la escritora nacida en la Indochina francesa en 1914, autora de El amante entre otros grandes textos. En su libro Escribir , Duras –fallecida en 1996– dejó algunas definiciones.

“Escribir. No puedo. Nadie puede. Hay que decirlo: no se puede. Y se escribe. Lo desconocido que uno lleva en sí mismo: escribir, eso es lo que se consigue. Eso o nada. Se puede hablar de un mal del escribir. Hay una locura de escribir que existe en sí misma, una locura de escribir furiosa, pero no se está loco debido a esa locura de escribir. Al contrario. La escritura es lo desconocido. Antes de escribir no sabemos nada de lo que vamos a escribir. Y con total lucidez. Es lo desconocido de sí, de su cabeza, de su cuerpo. Escribir no es ni siquiera una reflexión, es una especie de facultad que se posee junto a su persona, paralelamente a ella, de otra persona que aparece y avanza, invisible, dotada de pensamiento, de cólera, y que a veces, por propio quehacer, está en peligro de perder la vida. Si se supiera algo de lo que se va a escribir, antes de hacerlo, antes de escribir, nunca se escribiría. No valdría la pena. Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos.” Sobre la lápida de Duras, en el cementerio de Montparnasse, hay tan sólo dos letras grabadas: M.D. La novela de Austen se imprimió originalmente sin su firma. Dos talentos sin tiempo y sin ostentación.


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