viernes, 23 de noviembre de 2012



Vocación de pájaros
                                   
                                                                                   
                                                                                                                              Ángel Juárez Masares


Cada fin de semana, en Fray Bentos, basta solo levantar la vista al cielo para ver descender suavemente los coloridos paracaídas. No “caen”. Simplemente navegan por el aire; se deslizan aprovechando las corrientes y en determinado momento parecen detenerse, y uno aguanta la respiración tratando de ver de qué hilo invisible se encuentran suspendidos. Son los integrantes del Grupo Edison Ogliari, pertenecientes a la Brigada “Raúl Cardozo” que –una vez mas- ejercen su vocación de pájaros.

La curiosidad por conocer las razones por las cuales algunos hombres prefieren practicar este deporte, nos llevó a conversar con el Instructor Enrique López Ribolla, quien nos recibió en el Aeroclub de Fray Bentos donde mantuvimos una amena charla.


“Comencé a saltar cuando tenía 16 años, pero fue en Argentina pues acá no estaba permitido hasta los 18. Hoy llevo 25 años en esta actividad, y tengo alrededor de 1.200 saltos” –dijo López Ribolla al ser consultado sobre sus inicios en esta actividad-  “tengo unos 12 años como Instructor, estuve un tiempo radicado en Chile, donde también formamos una Escuela. Actualmente si bien la base está acá en el Aeroclub de Fray Bentos, donde he formado paracidistas, yo estoy radicado por temas laborales en Paysandú, donde armamos allí también una Escuela de Paracaidismo que cuenta ya con tres tandas de alumnos”.
Al solicitarle detalles de los cursos, señaló que tienen una duración de dos meses y medio, y se imparten en dos clases los fines de semana.
“Como no vivimos de esto y todos tenemos naturalmente otras ocupaciones, debemos trabajar acá sábados y domingos. Se les dan clases teóricas, y se hacen simulacros y entrenamiento para todos los pasos. El curso tiene un costo de  450 dólares, donde están cubiertos los primeros saltos del alumno; las plazas que exige la Ley para que el instructor vaya con ese alumno y todo el material que se le proporciona. Parte de ese dinero queda para un fondo del Aeroclub para la compra del material que se va desgastando”.
Enrique López Ribolla
Consultado sobre la cantidad de integrantes del grupo, dijo que actualmente hay en actividad 8 paracaidistas experimentados, y unos 12 alumnos. Con respecto al material con que cuentan, señaló que “hace muy poco incorporamos un nuevo paracaídas que compramos en Estados Unidos con el apoyo de Aviación Civil, mas lo que tenemos en Paysandú, son tres equipos de Escuela, lo que nos permitió hacer un llamado mas amplio. Lo que hemos podido hacer es instrumentar cursos de piloto, porque los costos del avión que tenemos, un Cessna 182 4P, no lo permiten”.

¿Por qué saltar?
En torno a esta interrogante casi obvia para quienes no están vinculados al paracaidismo, López Ribolla respondió; “en mi caso particular, yo hacía gimnasia olímpica con una persona que después resultó ser mi instructor de paracaidismo.  Él ya lo practicaba en ese momento y yo me empecé a arrimar acá al Areroclub. Veía que bajaban felices y entonces pensé que no podía ser tan embromada la cosa. Me interesó tanto que hice el curso, y de ahí empecé a saltar. Hay otra gente que le gustan los deportes generadores de adrenalina, no solo volar, sino que han saltado desde puentes”.
Acerca de las posibilidades de un neófito de vivir esa experiencia, dijo que “hoy existe la opción de hacer saltos en tándem, que antes no se hacían en el Uruguay. Se trata de saltar con un instructor. Se le pone un arnés, de le da una charla de diez minutos y tienen cero preocupación. Solo ir, saltar, y disfrutar a pleno. Claro, los primeros saltos, cuando uno hace el curso y empieza a saltar solo, toda esa adrenalina es ansiedad, nerviosismo, pero después es un disfrute total. Todo el nerviosismo inicial se transforma en una sensación de bienestar. Es como una persona que le encanta le fútbol y está esperando el fin de semana para ir la cancha. A nosotros nos pasa lo mismo. Queremos que llegue el fin de semana para saltar, y si estamos sin hacerlo por diferentes razones, mal tiempo, trabajo, o lo que sea, el cuerpo mismo te pide hacer algún salto porque uno está acostumbrado a eso. En el caso de los saltos en tándem, éstos de hacen desde casi 9 mil pies, que es el doble de la altura que salta el alumno las primeras veces.  Se busca con esto que quien lo hace viva todas las emociones posibles, teniendo en cuenta que lo hará por una única vez. Tendrá unos treinta segundos de caída libre, y se le permitirá además manejar el equipo bajo la supervisión de un instructor, es decir, vive todo lo que es el paracaidismo, en un solo salto. Si después decide tomar cursos, tendrá que hacerlo con las normas y reglas establecidas. El costo del salto en tándem es de $ 4.500”.


La muerte de Edison Ogliari
“Después del accidente de Edison Ogliari se hizo un cambio –continúa relatando López Ribolla-  pues ya no había paracaidistas de la Brigada “Raúl Cardozo”, aunque en realidad no se le cambió el nombre a la Brigada. Ocurre que veníamos funcionando juntos, pero ya prácticamente no queda gente de la que se inició con Raúl Cardozo. Tenemos mas alumnos que vienen de Ogliari, y después –a raíz de la relación tan estrecha que había con él- decidimos funcionar como Grupo Edison Ogliari. Nosotros con Edison teníamos una relación excelente, muy linda, familiar, digamos, por el tipo de persona que era. A todo el mundo le llegaba de una manera muy especial, y el accidente fue un golpe muy duro para todos. Ocurrió en un evento en Paysandú, cuando se estaba inaugurando la pista asfaltada del aeropuerto. Estaba lleno de gente pues se estaba haciendo una exhibición, y a Edison se le ocurre probar un paracaídas nuevo, mas chico, mas rápido del que él estaba habituado a usar, y que tenía un compañero paracaidista argentino que se lo prestó. Pensamos después que quizá no era el momento ideal para cambiar de equipo, en una exhibición…con tanta gente. Edison hizo una maniobra a poca distancia del suelo con ese paracaídas nuevo que no conocía, muy rápido para lo que él estaba acostumbrado, y tuvo un aterrizaje…muy fuerte. Quizá estas cosas convienen probarlas en otro momento, mas tranquilos y en otras circunstancias.
Edison Ogliari era el único de los alumnos de Raúl Cardozo que estaba en actividad. Cardozo termina los cursos acá, y al otro fin de semana viniendo para Fray Bentos es cuando tiene el accidente. De ahí ellos, con todo lo que habían aprendido, y con mucho esfuerzo lograron sacar adelante la Escuela de Paracaidismo y ponerle como nombre Raúl Cardozo”.
Finalmente preguntamos a López Ribolla acerca del evento que mas recuerda, y nos dijo lo siguiente: “es el que se hizo en Salto en setiembre de 2010, con instructores de los Estados Unidos, y participantes de Argentina, Brasil, y Paraguay. Saltamos de un “Hércules”, avión de la Fuerza Aérea que lleva fácilmente 90 paracaidistas, y batimos el record Nacional con una formación de 42 paracaidistas. En esa formación estuvimos tres paracaidistas de Fray Bentos, y fue una experiencia que jamás olvidaremos, por lo que aprendimos, y por haber tenido la oportunidad de participar en ese logro”.
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