sábado, 23 de septiembre de 2017

La murga tiene  esa licencia artística para ‘matar’

Aldo Roque  Diflippo

El Carnaval  y su concurso, la política y los temas que
  hacen a la  murga  formaron parte de un extenso diálogo mantenido con Yamandú  Cardozo, uno de los  integrantes representativos de Agarrate Catalina.


Agarrate  Catalina  no competirá  en el  Carnaval  2018  pero seguramente  lo hará  en el 2019,  según  lo anunció  Yamandú  Cardozo. En  una  amena charla con @gesor  Yamandú Cardozo  se  refirió a este tema, opinó sobre el Carnaval, y criticó al concurso  de agrupaciones. Ofreció su visión sobre los temas de la murga, incluida las críticas que ha recibido Agarrate Catalina por pegarse a la figura del ex presidente José Mujica. Enfatizando que la fiesta del Carnaval  “es  el motor  principal que  mueve  la necesidad  que  tenemos como personas  y como colectivo  de  hacer  espectáculo”.

¿En qué anda hoy en día Agarrate  Catalina?  ¿Sale o no  en Carnaval?
-Este  Carnaval no  vamos  a  llegar.  Vos  sabés  que  lo  pensamos  y lo  repensamos,  la  verdad  no  nos  habíamos  dado cuenta  explícitamente, seguro que  internamente  si, de  que hacía  tanto que  nosotros  no salíamos  en Carnaval.
Por suerte no  nos  ha faltado todos  estos  años que  no hemos  participado  de Carnaval   una pregunta que  es mezcla  de un reclamo cariñoso,  de  una  queja  también  cariñosa, y que  es  ganas  de la gente  de  verte  ahí…

Ustedes han tenido  una  visión muy  crítica de  la organización  pero no de la  fiesta.
-No, la fiesta  es  el motor  principal que  mueve  la necesidad  que  tenemos como personas  y como colectivo  de  hacer  espectáculo. El puente  comunicacional increíble que es el  Carnaval.
Cada vez que  fuera del  país  me  toca contar  lo que  es  el Carnaval lo  redimensiono  y lo revalorizo. Entiendo que es un pueblo entero que inorgánicamente,  sin ningún mandato de cantar y de  intentar  hacer  una caricatura, un autoanálisis  frente  al  espejo  que  soporta  cualquier tipo de  censura, que rompe cualquier  tipo de  muro, y que   está hecho de la  gente  común hacia  la  gente común ;  es maravilloso. 
La fiesta  es  una  herramienta y  es una cosa de la cual nosotros  jamás nos  quejaríamos;  al  revés  somos  los defensores  contra lo que sea.


Pero el  concurso , ¿por   profesionalizarse  se  ha  apartado de la gente?
-Con  el concurso  nosotros  hemos  tenido una visión muy crítica pero  a  su  vez también  hemos sabido  disfrutarlo y hemos sido parte  de ese concurso. Y cada  vez  que  hemos  tenido  una visión crítica al  respecto nos  ponemos  en  el propio  paredón  al que le tiramos  pedradas.  Somos parte  de eso,  y  lógicamente  todos  los carnavaleros  hemos  alimentado  esta cuestión.
Mi visión personal  que  también  comparto  con varios compañeros  de la Catalina y otros compañeros  que no son de  la Catalina,  es que  hoy  por  hoy  la competencia dentro de la fiesta ha  cobrado  una  relevancia  que  a  mí  me parece que  quizá  es  excesiva.   Que  por  lo menos  nos  hace correr el  riesgo  de perder  el  foco.

¿Está  conspirando  con el  espectáculo?
-Creo que si.  Sobre todo  la  sobre  dimensión  del  valor  que  tiene  ganar  un  concurso…

¿Capaz que eso se ve más en el tema del vestuario?  Porque habitualmente  la crítica  que  recibe es que gana el que  mejor vestido  tiene  y no la  que canta mejor.
-Claro. Puede  ser. Y sobre todo  qué  se hace  para  ganar. Aunque no sea la expresión en sí misma en el evento espectacular  que propone  cada  murga.
A  mi  lo que  me duele  más  es  cómo nos  ponemos  los  carnavaleros  por  el hecho  de  ganar,  y en qué miserias incurrimos  por  el hecho  por  intentar  defenestrar  un espectáculo,  cómo opinamos  los  que opinan  del espectáculo de Carnaval,  cómo juzgamos  los que juzgan,  qué le pedimos  a los espectáculos  como espectadores,  qué ponemos  en  nuestro muro  de  Facebook, qué vomitamos en  nuestro  Twitter. En  qué miserias,  en qué  pequeñeces incurrimos   con respecto  a la valorización del  espectáculo. Más  que en el espectáculo  en sí,  cómo nos  ponemos  a analizarlo cuando a veces terminamos  haciendo una autopsia  artística.  Y  no nos dejamos enamorar por  un espectáculo  que  viene  a plantearnos  eso.   Pero  el concurso  es  algo  que  nos  ha  encantado  jugar, que  lo  hemos jugado muy bien,  que lo hemos disfrutado, que  hemos pasado  momentos  increíbles  con eso. Nunca ha  sido  nuestro  único  objetivo  ni el principal. De hecho  a  raíz  de todo este  reclamo de la gente que  ha sido muy  grande,  sobre todo este año,  en  algún momento  comenzó  a correrse la bola de que la Catalina salía, y esa bola nos llegó  a nosotros. Nos llegamos  a plantear, nos  llamamos y  dijimos qué  pasa, qué hacemos,  y qué pasa  si salimos. ¿Saldremos, no saldremos? No  encontramos la manera todavía  para  este  Carnaval, pero  nos dimos  cuenta  que  tenemos muchas  ganas  y estamos  extrañando  mucho al  Carnaval, y que  el Carnaval sigue siendo nuestra casa. Esa conexión con lo  barrial, con esa fiesta  que  también forma parte del Concurso  que  nosotros disfrutamos  está  presente  en la Catalina y nos  hace pensar  seriamente,  sin poder prometer  nada  todavía porque la  murga es una estructura  muy  grande, somos  casi  30 personas  en un colectivo artístico, que tenemos que juntarnos   y decidir, y que  nos  hace pensar  seriamente  en las chances de  volver para el concurso del 2019.

Ustedes  en el recorrido con la Catalina  se  han  metido  con casi todos los temas. ¿Con qué no se  puede hacer  Carnaval? ¿Con qué no se puede  hacer  bromas, hacer chistes?
-Por suerte  creo que se puede hacer con todo  y la murga tiene  esa licencia artística para ‘matar’ que va de la  mano con la responsabilidad  de cada colectivo  y de cada individuo  y letrista que la utilice.

Porque se han  metido con temas pesados
-Con Dios,  con la muerte, con  el Estado,  con la Educación. Se le ha dicho cualquier cosa  a un Presidente  que estaba  ahí  mirando la  murga.

Y  a  ustedes los  han tildado de  oficialistas.
-También. De todo.  Nos hemos metido  con una cantidad de cosas.  Eso también pasa cuando lo explicamos en el exterior. Nos dicen ¿ustedes pueden decir esto de un Presidente y el tipo está ahí  y nadie  le dice  nada? ¿Ninguna figura pública  les pone  bozal legal?  Nunca  pasó  de ningún  partido  en la historia de la murga.  Y si hay algo que ha hecho la murga  es caricatura política. A ningún político  se le ocurrió  hacer  juicio. Hemos visto  gente de todos los partidos,  no solamente  se la bancó  el Pepe (Mujica).   Históricamente se la han bancado gente de todos los partidos,  se  han fumado críticas  no siempre  muy elegantes. 
La murga en general se  ha  metido con todos.  Nosotros  también.   Hay  ciertas cosas con las que  nosotros  elegimos no hacer  humor. Yo no haría humor  con temas relacionados  a los Derechos Humanos. No haría  humor directo con temas que tengan que ver con los femicidios, con la violencia de género, con la desigualdad.  De repente  eso  hemos podido tratarlo con cierto  manejo irónico,  desde el  lado de la denuncia.  La murga por suerte tiene  esas posibilidades lo que  no logra  encontrarle  la vuelta para  tratarlo con  humor  lo trata desde la denuncia, la crítica.
Temas que son  tan delicados  y tan dolorosos  todavía yo no me siento cómodo  tratándolos desde el lado  humorístico.

El  humor  últimamente  parece estar presente  en todos  lados. Hasta en un programa periodístico  parece que tiene  que  haber  un  humorista. ¿Cómo  ves  ese manejo del humor,  que  a veces puede  cansar?
-Cuando lo  que aparentemente  funciona, o  lo que aparentemente  logra conexión exitosa  parece que  hay que replicarlo sea  como  sea…


Como  que  hay  ciertos formatos en donde  no calza
-¡Claro!  Yo estoy  más  desde lo que  uno tenga  ganas de hacer desde la  necesidad  más urgente.  Eso que te  quema las manos  si  no lo hacés.  Eso creo que vale  a cualquier precio, esté  o no aceptado,  esté o no  en las  tendencias  más exitosas.  Si vos de verdad tenés ganas de  hacer  humor  en un programa  periodístico  y te parece que ése es el camino  que  necesitás urgentemente  hacer, genial. Te  puede  salir  bien  o mal pero se  va a leer como una  cosa  honesta. Si es nada más que por replicar un modelo exitoso  y  no implica  tu necesidad personal  y quizá  se te note un poco la hilacha.


Ustedes estuvieron  muy pegados  a la figura del ex Presidente Mujica en la campaña electoral,  y durante el  gobierno. ¿Se  sintieron el  medio oficial del MPP o  de Mujica? ¿La murga oficialista como se  la tildó?
-No, de ninguna manera  porque  nunca  lo  fuimos. Nunca pegaríamos  nuestra expresión  más honesta  a las necesidad  de una expresión  política.  Jamás.
De hecho nosotros  no somos  orgánicos. Yo  no milito en  ningún lado.
En esa  campaña nosotros  hicimos  una  canción que  regalamos, ni  siquiera al MPP, a los  gurises del MPP.  Una expresión  colectiva  dentro de  un partido  que  nos pidió.  Nos dijeron,  sabemos que ustedes votan  al Pepe. Si, lo votamos,  no tenemos  ningún problema  en decirlo.
Ese mismo año muchas  murgas  hicieron canciones,  y al año  siguiente  también ,  que regalaron  una cantidad de sectores del Frente Amplio,  incluido el MPP.  Lo que te digo  es que la canción de la  Catalina mató.  Y  no solamente  la cantaban los  del MPP,  la cantaban los del Frente. Una canción que  no era  la oficial de la campaña  se  transformó en la más escuchada y reproducida  de todas las elecciones.  Nos llamaban  a programas donde  se  debatía  ese jingle  diputados  y parlamentarios de otros partidos a decirnos  no  puedo creer,  mi hijo tiene 5 años  y canta  vamos Pepe  y yo  le tengo que decir  que vote al padre, que vote  al Partido Colorado  o  al  Partido  Nacional.
Y no solamente  pasó eso, sino que al Pepe  sé  de otras murgas que se  han  desesperado  porque fuera  a ver su espectáculo  y el Pepe iba  a ver  a la Catalina.  Eso  pasó  que generó  una  idea colectiva  y en el  imaginario colectivo que el Pepe  me  mandaba  mensajes  y yo  iba para la casa  y debatíamos  juntos  las leyes. Eso no pasaba. Es  un  tipo muy sabio  que  yo  respeto  y admiro  mucho,  pero  he  criticado muchas cosas  de su  gobierno, o  he  tenido discrepancias muy fuertes con la  izquierda.   No todos  los compañero de la Catalina votan al  Pepe,  no todos los compañero  votan, no todos los  compañeros de la Catalina votan al Frente Amplio y votan otras cosas. Nosotros hicimos  esa  canción  con  tanta  buena mala  suerte  que fue  de las  más  escuchadas de la historia de los  jingles.

Y desde el  mundo del arte  y la  cultura, ¿cómo ves estos  tres períodos de gobierno del Frente Amplio?
-A  la Catalina  en sí  yo  no le pido un análisis  porque somos  la suma de  una cantidad de  individuos que  por  suerte todos pensamos diferente.  Si  hay  algo que  nosotros queremos  es  que nuestro espectáculo  no  se transforme  en el brazo  artístico  de  nadie ni  de nada. De   ningún  partido  ni de  ninguna  bandera.
Hay  una  bandera que defendemos  siempre  que es la de los  Derechos  Humanos. Siempre,  incondicionalmente, y es  así  porque es  tan grande el  dolor que sigue  despertando ese tema, la  bronca y la injusticia  que necesitamos ponerla en nuestra obra.
Yo como  uruguayo  y  como persona que opina porque tiene  una boca  y por  suerte la  posibilidad democrática de opinar lo que se le antoje,  muchas  veces  sin saber  del todo;  digo que  hay  una cantidad de cosas que  han estado muy buenas desde  lo cultural  y desde lo conceptual. Hay  otra  cantidad de cosas  que  me siguen quedando en el debe como por ejemplo  la cuestión  de los Derechos  Humanos. Esa  es una cosa que a mi  me sigue faltando.  Una cosa  que le sigo  reclamando no solamente  a las figuras de la izquierda  sino  a los izquierdistas  y a los frenteamplistas inorgánicos.
Por  ejemplo en  las últimas elecciones,  una pena que  me queda  es  cómo  se pierde el plebiscito para  juzgar los  crímenes  de lesa humanidad  por cuidar la elección.  Esa  es una pena  que tengo  con la izquierda  en  general.
Que  yo vote  una  persona, que coincida y junte los caminos entre  lo que pienso con su ideología  y sus propuestas, no me pone en  un  lugar  que tenga  que repetir  como un loro que  todo está  bien. Eso es fundamental mantenerlo como persona   y como artista.

Ya para cerrar.  Menos mal que este año no salen en Carnaval tendrían que  haber rescrito todo el libreto  por todo el tema Sendic.
-Al  revés. Mirás  las cosas y  decís:  ¡mirá la papita que me estoy perdiendo!  ¡Mirá  el cuplé que me perdí! ¡Mirá  el cuplé de la  tarjeta  corporativa! . Y eso la murga,  por  suerte y  hablo no sólo  por  mi,  o por  mi  colectivo, por  las  murgas,   vos  revisás  y  hay  críticas excepcionales  a todo  nivel,  a nivel departamental, nacional,  cultural, a  nivel  conceptual. Duras,  y unas que son  muy  graciosas. Este año el cuplé de la ideología y gestión de La Mojigata  fue un cachetazo  bien  dado y justo. El cuplé de la obediencia  partidaria  de  hace  unos años  de Falta  y Resto.  El cuplé  del niño  y el menor de La  Mojigata de  hace unos años. El  de la  murga de la Intendencia de Los  Curtidores de Hongos del 2008. Cosas muy bien dichas en estos  tres períodos  de gobierno que  han estado muy bien.
Me parece que la murga le ha encontrado la vuelta para poder criticar, para poder quejarse, para poder demostrar  que la barra  está  descontenta  y tirando  la  bronca. Y también para  aplaudir en los momentos  que  hay que aplaudir y  felicitar. 
A veces vos mirás  y decís  esto está tan bueno para decirlo, estaría tan gracioso.  Bueno  seguiremos juntando  ganas y seguramente  habrá cosas para criticar y caricaturizar en el  2019  también,  cuando  estemos más  cerca de  hacer Carnaval.





lunes, 11 de septiembre de 2017

Resumen del concierto de la banda canadienses “The Shuffle Demons” en Casa de la Cultura de Mercedes, 6 de setiembre de 2017


Homenaje al prof. Ricardo Mañay





La Danza de los Duendes-Itzhak Perlman (VIDEO)

La Danza de los Duendes-Itzhak Perlman (VIDEO)

    Si eres violinista o te gusta escuchar un violín en manos de un maestro, te traemos este video de uno de los más grandes violinistas de nuestros tiempos. Se trata de Itzhak Perlman interpretando una de las obras más conocidas del maestro A. Bazzini “La Ronda de los Duendes” (The dance of the Goblins). Escrita para virtuosos del violín, es todo un reto que requiere destreza y ténica como la de Itzhak Perlman.

     Itzhak Perlman (nacido en Tel Aviv, Mandato Británico de Palestina), el 31 de agosto de 1945. Violinista israelí-estadounidense. Es uno de los mejores y más famosos violinistas de la segunda mitad del siglo XX.
Antonio Bazzini (Brescia; 11 de marzo de 1818 – Milán; 10 de febrero de 1897) fue un compositor y violinista italiano. A los 17 años fue contratado como organista en una iglesia de su ciudad natal, Brescia, donde comenzó sus primeros pasos en la interpretación musical.
    En 1843, a los 25 años, se trasladó a la ciudad alemana de Leipzig durante cuatro años para progresar en sus estudios de música, especialmente en las obras de Bach y Beethoven. Durante los primeros años de su carrera visitó Alemania, Dinamarca, Francia, España y Polonia, efectuando conciertos mientras profundizaba en conocimientos de música instrumental. Entre sus influencias estilísticas hay que destacar la del compositor italiano Nicolo Paganini, a quien conocía desde los 18 años. Otros grandes maestros contemporáneos que alabaron su obra fueron Robert Schumann o Félix Mendelssohn.
    A su regreso a Italia se dedicó a la composición gracias a su experiencia internacional, lo que contribuyó al renacimiento de la música instrumental en su país (de la mano de compositores como Giovanni Bottesini o Amilcare Ponchielli. Desde 1873 fue profesor en el Conservatorio de Música de Milán, donde alcanzaría el puesto de director en 1882.
Algunos de sus alumnos más sobresalientes fueron Giacomo Puccini y Alfredo Catalani. Otros compositores famosos contemporáneos de Bazzini fueron Anton Bruckner, Johann Strauss (hijo), Johannes Brahms o Piotr Ilich Chaikovski.
     Escribió un amplio repertorio sinfónico, instrumental, vocal y una ópera.

Itzhak Perlman-The dance of the Goblins (by A.Bazzini)



Extraído de  http://todosobrelamusica.com

Dilucidan un enigma evolutivo planteado por Darwin hace 180 años

Se estudió ADN de fósiles que corresponden a la Macrauchenia patachonica, del grupo de caballos y rinocerontes
Reconstrucción artística de la Macrauchenia patachónica




Reconstrucción artística de la Macrauchenia patachónica. Foto: Archivo/ Nature communications

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"Los ungulados nativos de América del Sur no tienen representantes vivientes, lo que sumado a una inusual combinación de caracteres (un cuerpo robusto como un camello y una trompa comparable con la de un tapir) desafió durante mucho tiempo las clasificaciones taxonómicas", explica Javier Gelfo, uno de los autores del trabajo que ayer publicó Nature Communications, y en el que además de investigadores de la Universidad de Potsdam, del Museo Norteamericano de Historia Natural y del Museo de Historia Natural de París, participó un grupo multidisciplinario de argentinos (Alejandro Kramarz, del Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires; Analía Forasiepi, del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales de Mendoza; Mariano Bond, Javier Gelfo y Marcelo Reguero, del Museo de La Plata; Matias Taglioretti y Fernando Scaglia del Museo Municipal de Ciencias Naturales de Mar del Plata, y José Luis Aguilar, del Museo Paleontológico de San Pedro). También firman como autores Patricio López Mendoza y Francisco Mena, de la Universidad de Chile, y Andrés Rinderknecht y Washington Jones, del Museo Nacional de Historia Natural de Montevideo.
Darwin consigna en su Diario de un naturalista alrededor del mundo el desconcierto que le produjo el hallazgo: "En Puerto San Julián, en un légamo rojo que cubre la grava de la llanura, de 27 metros de altitud, encontré medio esqueleto de la Macraucheniapatachonica, notable cuadrúpedo, tan grande como un camello. Pertenece a la misma división o grupo de los paquidermos, junto con el rinoceronte, tapir y Palæotherium, pero en la estructura de los huesos de su largo cuello ofrece una evidente relación con el camello, o más bien con el guanaco y la llama".





Le envió los restos al paleontólogo británico Richard Owen para su estudio, pero éste no acertó a ubicarlo dentro del cuadro familiar por su inusual combinación de rasgos. Y lo cierto es que durante los siguientes 180 años se hicieron numerosos intentos de clasificarlo, pero todos infructuosos.
"Perteneciente al orden Litopterna, un grupo de mamíferos herbívoros que recuerdan mucho a ungulados vivientes como los tapires y caballos, los fósiles de Macrauchenianarran la historia de los últimos representantes de una radiación adaptativa única, desarrollada en América del Sur y la Antártida, durante casi 65 millones de años", explica Gelfo.





Según un comunicado del Museo Norteamericano de Historia Natural, una característica singularmente llamativa de estos individuos eran los orificios de la nariz, que en la Macrauchenia estaba muy arriba en el cráneo, entre los ojos. En un principio, se especuló con que podía haber tenido una trompa, a la manera de los elefantes. También se barajó que, si tenía hábitos acuáticos, podía usar su nariz como una especie de snorkel o que podía servir para actividades de apareamiento, como los que se observan en algunas focas.
Material genético mitocondrial (organelas que se encuentran en el citoplasma de las células, fuera del núcleo) recuperado de piezas de una cueva en el sur de Chile llamada Baño Nuevo, finalmente ayudó a resolver el enigma. "El ADN mitocondrial es muy útil para evaluar los grados de parentesco entre especies", explica Gelfo. Usando la proteína del colágeno, el científico y López Mendoza ya habían publicado otro trabajo hace dos años que arrojaba el mismo resultado, y este análisis lo confirma.
El equipo recuperó casi el 80% del genoma mitocondrial de interés. Con esta información pudieron ubicar a la Macrauchenia en su correcta posición filogenética como miembro de un grupo llamado Panperissodactyla, cuyos miembros más antiguos ya existían al comienzo del eoceno, hace 55 millones de años.
Usando el reloj molecular, los científicos también fueron capaces de determinar que el linaje de la Macrauchenia y de los modernos perissodactyls (ungulados impares) se separó hace alrededor de 66 millones de años, aproximadamente al mismo tiempo que ocurrió uno de los más grandes eventos de extinción de todos los tiempos, se cree que causado por el impacto de un gran meteorito en la península de Yucatán.

jueves, 24 de agosto de 2017

Falleció  en  Colonia  el  profesor   Omar Moreira


El profesor  de literatura y  escritor  Omar Moreira falleció en Colonia  Valdense.Tuvo  una  estrecha relación  con  la  ciudad  de  Mercedes  donde  ejerció la docencia,  participando  también  en la  recordada  revista Asir.


Nacido  en  Puntas de El Cordobés  (departamento de Durazno)  el  16 de octubre de 1932,  falleció  el pasado  23  de agosto, en  Colonia Valdense ,  ciudad  donde  residía desde  hace algún  tiempo.   
Fue  escritor y profesor  de literatura,  vinculado a    la  ciudad de  Mercedes,  en virtud  de que residió aquí  por  algún  tiempo,  donde  ejerció  la  docencia.
Egresado del Instituto de Profesores Artigas de Montevideo,  además  de ejercer la docencia en  Mercedes,   también   lo hizo en Maldonado  y Colonia hasta su destitución 1973 por parte del Consejo de Estado instaurado al comienzo de la dictadura cívico-militar.
En 1985, tras el retorno a la democracia, reingresó a la educación secundaria como director del liceo Daniel Armand Ugón de Colonia Valdense, por concurso de oposición y méritos.
Entre 1994 y 1997 fue inspector de institutos y liceos del Consejo de Educación Secundaria.
Además  fue Secretario de Cultura de la Intendencia Municipal de Colonia 2000-2005 y Presidente del Consejo Ejecutivo Honorario de Colonia del Sacramento desde 2006.
En 2017 fue declarado “ciudadano ilustre del departamento de Colonia”.

Con  Soriano  y  especialmente  Omar  Moreira  tuvo  una  estrecha relación, no solamente  por  su  labor  docente , sino también  en el ámbito  literario, ya  que  fue  uno   de los  integrantes  de la recordada  revista Asir  (1948-1959)  dirigida por el  Prof.  Washington Lockhart  y Domingo  Bordoli.
Moreira  tuvo  una  especial amistad  con  Bordoli,  tal  como lo  recuerda  la página  de  Facebook Omar Moreira-libros:  “Como tantos profesores, Omar tenía por referente, por MAESTRO, a Domingo Bordoli.
En el cuadrito que tiene en manos (y que habitualmente está colgado en su sala de trabajo) aparece Mingo Bordoli tocando la guitarra por los años '54 o '55, en su casa de Coquimbo 2257, también sede de Asir”.


Autor  de  una  vasta  obra literaria:
Fuego rebelde (1969, reeditado en 2004 y 2015)
Rosendo y sus manos (1976, Ediciones de la Banda Oriental)
Rodaja de la espuela (1981, Ediciones de la Banda Oriental)
Crónicas del Rosario: Molino Quemado (1982)
Por tierras y tiempos de Santa Ecilda (1983)
Memorias de la Guerra Grande (1983)
Colonia del Sacramento (1984), en coautoría con Miguel Ángel Odriozola
Colonia Suiza, Nueva Helvecia (1985)
Un liceo en el medio del campo (1988)
Mercosur y el Uruguay (1991)
Voces en el viento (1992, Ediciones de la Banda Oriental)
Un hombre hijo de su obra: Juan Luis Perrou (1993)
Y nació un pueblo: Nueva Helvecia (1997)
Un liceo abierto (1997)
Colonia y Rosario en las gestas del Plata (1998)
La colonia portuguesa (1999)
La espera del coronel (2010, De esta Banda)
Los pata de perro (2014, De esta Banda)
Molino Quemado (2015, De esta Banda)
El árbol que arde (2016, De esta Banda)


lunes, 17 de julio de 2017

Liliana Bellone

 “Ir a Italia gracias a lo que escribí sobre
Eva Perón

fue cumplir con un



mandato misterioso



Entrevista realizada por Rolando Revagliatti



Liliana Bellone nació el 10 de febrero de 1954 en Salta, ciudad en la que reside, capital de la provincia homónima, la Argentina. Desde 1977 es Profesora en Letras por la Universidad Nacional de Salta, en cuya carrera de Letras de la Facultad de Humanidades y en el Consejo de Investigaciones se ha desempeñado entre 1980 y 1990. También ha ejercido la docencia en otras instituciones. Además de primeros premios en los géneros cuento, poesía y dramaturgia, obtuvo en 1993 el Premio Casa de las Américas de Novela (La Habana, Cuba). Participó en numerosos congresos y encuentros de escritores en varias provincias de su país así como en Bolivia, Cuba e Italia. Entre otras antologías ha sido incluída en “Cuatro siglos de literatura salteña” (selección de Walter Adet, 1981), “Poesía de la mujer argentina” (selección de María del Carmen Suárez, 1986), “Premio Casa de las Américas. Memoria” (selección de Inés Casañas y Jorge Fornet, 1999), “Leer la Argentina (NOA)” (selección de Graciela Bialet y Mempo Giardinelli, 2005), “Antología Federal de Poesía. Región Noroeste” (Consejo Federal de Inversiones, 2017). Libros publicados: dramaturgia, “…y sonaba el minué” (Premio de la Provincia de Salta, 2010); cuentos, “El rey de los pájaros” (1992), “De amores y venenos” (1998), “De la remota Persia y otros cuentos” (2004),“Estas que fueron pompas y alegría” (2007),“En busca de Elena” (2017); novelas, “Augustus” (Primer Premio Casa de las Américas, Cuba, 1993, con segunda edición en 1994 y tercera edición en 1995), “Fragmentos de siglo” (1999), “Las viñas del amor” (2008), “Eva Perón, alumna de Nervo” (Edición del Congreso de la Nación Argentina, Colección Bicentenario, 2010; 2ª edición en 2012); poesía (entre 1979 y 2006), “Retorno” (Premio Provincial de Poesía 1977), “Convergencia”, “Elegía en primavera”, “El cazador”, “La travesía del cuerpo”, “Voluntad y otros poemas”, “Febrero”. En italiano, con traducción de Saúl Forte y prólogo de Rosa María Grillo se publicó en 2014 “Eva Perón, allieva di Nervo” y con traducción de Rossella Carbone en 2016, “Frammenti di un secolo”, ambas novelas a través del sello Oedipus, de Salerno-Milán, Italia.


          1 — ¿Siempre residiste en tu ciudad?

          LB — No. Mis padres se trasladaron al interior de la provincia cuando yo tenía poco más de un año. Residimos en el Ingenio San Isidro y en General Güemes, lugares que remiten inmediatamente a la caña de azúcar y a los ferrocarriles. Papá era docente, Profesor Normal Nacional, un título que lo habilitaba para enseñar casi todas las materias de la enseñanza primera y media. Él recitaba de memoria a José Martí, Rubén Darío, Carlos Guido y Spano, Marcos Rafael Blanco Belmonte, Amado Nervo, Francisco Villaespesa; contaba infinitos cuentos, fábulas y anécdotas; hablaba de historia y literatura todo el tiempo. Escribió también: relatos y poemas. Se preocupaba por la rima y por la medida de los versos. De él heredé el “Resumen de versificación española” de Martín Riquer. Y también los libros de su modesta biblioteca de docente: “Hamlet”, “Otelo”, “Las alegres comadres de Windsor” de Shakespeare, “Petronio y su tiempo”, “Diálogos de orador” de Cicerón, la “Poética” de Aristóteles, en las ediciones económicas de Editorial Claridad y en la colección de Literatura Universal de Editorial Emecé, “Mi vida” de Domingo Faustino Sarmiento, “El gran dictador” de H. G. Wells, “La perfecta casada” de Fray Luis de León y el “Martín Fierro” de José Hernández, además de los volúmenes de lectura, formación y difusión que editaba el Ministerio de Educación para las escuelas nacionales de aquellos años, como “La razón de mi vida” de Eva Perón y “San Martín en la historia y en el bronce”. De esas lecturas salieron algunas de mis novelas. Mamá recitaba los poemas de Darío, Nervo y Gustavo Adolfo Bécquer que había aprendido en la escuela. Me instaba a memorizar a Rubén Darío: “Éste era un gran rey que tenía…” Yo no sabía todavía leer y repetía esos versos mágicos en el patio mágico rodeado por las hojas de las parras y las higueras. Esa primera infancia fue de luz y hallazgos, junto a mi único hermano, Juan Carlos (como mi padre). Nos criamos escuchando hablar a los abuelos inmigrantes. El abuelo paterno se llamaba Giovanni Bellone, era de Piamonte, había llegado a la Argentina en 1911. Falleció joven, a los cuarenta y dos años. El abuelo materno, Víctor Centeno, era español, de Zamora, Castilla,
 
y a los veinticinco años se embarcó a nuestro país en busca de mejor suerte. Vino solo y luego trajo a su madre, hermanos, sobrinos y tíos. Los dos abuelos se casaron con mujeres argentinas: Giovanni con Lía Palomo Escobar y Víctor con Rosario Torres Hoyos. El abuelo Víctor falleció cuando yo cumplí quince años. Era muy delgado y pequeño y tenía unos ojos celestes transparentes y risueños. Las dos familias residieron en la capital de Salta y en Campo Santo, un pueblo casi legendario, de gauchos e inmigrantes españoles, italianos y árabes. Mis padres siempre narraban historias de familiares y amigos acontecidas en ese lugar. Y de esas historias surgió “Augustus”, bellamente editada por Casa de las Américas y en cuya tapa luce un cuadro de Julio Le Parc. Umberto Eco privilegia al destinatario, que forma parte de la cooperación lectora e interpretativa, por eso siempre pienso que en Cuba encontré a los lectores ideales para mis ficciones. Cuba fue un descubrimiento y un redescubrimiento para mí.


          2 — País que habrás visitado más de una vez.
Liliana Bellone con María Kodama
y María Eugenia Carante

          LB — Tanto como puedo (cuando podemos, pues voy con Antonio Gutiérrez, mi marido, escritor y psicoanalista). Dimos cursos y conferencias en el Centro Dulce María Loynaz, en el Centro de Estudios Martianos y en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana; participamos en recitales poéticos y conversatorios, y siempre nos llegamos a la Casa de las Américas, en 3ª y G, del barrio El Vedado, a la Tertulia Sol Adentro, coordinada por la poeta Juanita Conejero, al Hotel Nacional, al Habana Libre, al cine Yara, por la Rambla, bajamos por el Malecón hasta el “Gato Tuerto”, evocado por Julio Cortázar. Fui invitada a publicar poemas y artículos no sólo en la Revista “Casa de las Américas” sino en otras también: por ejemplo, “Amnios”, que coordina el poeta Roberto Manzano. Uno de los cursos que dicté en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, fue sobre hegemonías y olvidos en la literatura argentina. Que es el caso de Leonor Picchetti, excelente novelista, quien murió en Maimará, provincia de Jujuy, en 2015. En “Los pájaros del bosque” (1964), su primera novela, Picchetti cuenta el mito de la infancia y la inocencia, el descubrimiento del sexo y la adolescencia rebelde. También quise rendir homenaje, a través de un artículo que publicó la Revista “Casa…” en su número 286 (octubre-noviembre 2016), a nuestra primera
novelista sudamericana y argentina, Juana Manuela Gorriti, en el Bicentenario de su nacimiento (1816). Juana Manuela, desde la retórica romántica visibiliza a sujetos marginados como las mujeres, indios y negros, tal como procediera la cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda en la misma época.  En Cuba, además de encontrarnos con Roberto Manzano, nos reunimos con los escritores y escritoras Mirta Yáñez, Luis Toledo Sande, Jesús David Curbelo, Susana Haug, Jorge Fornet, Laidi Fernández Retamar, Juanita Conejero, Nancy Alonso, Ernesto Sierra, Ibrahim Hidalgo Paz, Guiomar Venegas y muchos otros amigos. 


          3 — Retornemos a “Augustus”.

          LB — En el título está la reminiscencia de Roma e Italia. También la figura del Padre. Además, la lectura de “Memorias de Adriano” de Marguerite Yourcenar, me había conmocionado: de allí extraje eso que concierne al alma de los libros. Los personajes protagónicos y las voces de la narración son femeninos, dos hermanas, Isabel Clara Eugenia (como la hija de Felipe II) y Elena (como la reina de Italia, la esposa de Víctor Manuel). Hijas de inmigrantes, estas mujeres viven en Campo Santo en la década del treinta y luego en la ciudad de Salta durante las décadas de los cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta. Envejecen en total soledad y aislamiento. El libro lleva un epígrafe de “Eugenia Grandet” de Honoré de Balzac, que hace referencia a la asfixiante vida provinciana. La crítica cubana Mirta Yáñez señala que en “Augustus” puede leerse lo que ella denomina “horror a la aldea”.
Liliana Bellone con Liliana Massara, Susana Haug
y Antonio Ramón Gutiérrez, La Habana, Cuba
          Las hermanas Campassi (el apellido materno de mi abuelo Bellone) de la ficción son casi gemelas; una es el espejo de la otra, a tal punto que entre ellas hay una confusión imaginaria, de identidades, una es la otra y viceversa. De alguna manera, en estos personajes están presentes las dos hermanas de mi vida real, María del Huerto, mi madre, y Carmela, mi tía, o tal vez los fantasmas duales de mí misma.


          4 — ¿Algo que añadir de tu infancia?

          LB — De mi infancia y adolescencia: me gustaba recitar y dibujar. Tengo presentes a mis primeras maestras, en la Escuela Nacional Nº 339 de General Güemes. En mi memoria, esa ciudad aparece como si fuera un paraíso: su plaza, sus confiterías, el cine de los domingos. Iba mucho al cine con mis padres y mi hermano. Los propietarios eran inmigrantes españoles. También lo eran los dueños de la tienda más importante, de la zapatería, del hotel. Había un almacén de ramos generales de una familia siria y una tintorería de japoneses. La mayoría de los habitantes eran empleados de los ingenios y del ferrocarril. Había, por cierto, también políticos y caudillos, unos radicales, otros peronistas. Papá era profesor y mamá enseñaba dactilografía, taquigrafía y redacción en su academia que funcionaba en nuestra casa.
 

          Cuando cumplí doce años nos vinimos a mi ciudad natal. Fue un cambio. Me inscribieron en un colegio de monjas, el Santa Rosa de Viterbo. Fue una extraña transición. Yo venía de la libertad, del campo, de los pueblos de sol y viento y, de pronto, el colegio sombrío y la disciplina de las monjas... Pero por entonces encontré la literatura, primero en forma de teatro que representaba con mis compañeras, luego de poemas y finalmente de novela, pues comencé a escribir una en secreto, junto a un diario que conservé hasta cuando ingresé en la universidad. A la novela la destruí, al diario también.
          Ingresar en la Facultad de Humanidades fue para mí una revelación. Corrían los años ‘70. Había asambleas y marchas, escuché los nombres de la revolución y la juventud. Llegaron a mí Jean-Paul Sartre, especialmente el de “El existencialismo es un humanismo”; Albert Camus, el de “El hombre rebelde”; Julio Cortázar, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez. Todos hablaban de “La ciudad y los perros” de Mario Vargas Llosa, de “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano. Además encontré a los clásicos y modernos, a Balzac y a Gustave Flaubert, a León Tolstói, a quien había leído

por gusto cuando iba a la secundaria (“Ana Karenina” había sido una iluminación). Nos adentramos en el Siglo de Oro: Miguel de Cervantes, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, Lope de Vega, Calderón de la Barca y, también, en la poesía medieval. En la materia Hispanoamericana fuimos hallando a Octavio Paz, Jorge Luis Borges y César Vallejo a través de un excelente profesor, Octavio Corvalán, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán.


          5 — ¿Tuviste otros profesores que valoraras tanto?
Liliana Bellone con Germán García
y Mercedes Saravia

          LB — Sí: nuestro profesor de literatura italiana, latín y lengua italiana: Francesco Pagliaro, vicecónsul de Italia, un intelectual del Vaticano, graduado en Estudios Humanísticos en Roma y en la Universidad de Lovaina, quien había llegado a nuestro país luego de la segunda guerra mundial, en los cincuenta. Pagliaro nos guió por el camino de la cultura grecolatina, del mito, de la poesía, de la leyenda, de las claves de los estilos y las formas. Fue nuestro maestro. Nos acercó al mundo de Homero, Horacio y Virgilio en literatura clásica grecolatina, y a Petrarca, Dante Alighieri, Ugo Foscolo, Giacomo Leopardi, Giosuè Carducci, Luigi Pirandello, Eugenio Montale, Cesare Pavese, Giuseppe Ungaretti en literatura italiana. Esas lecturas siempre afloran en mi poesía, en especial en “Voluntad y otros poemas”, “El cazador” o “La travesía del cuerpo”. También reaparecen en la prosa, por ejemplo, en una novela que publiqué en 2008, “Las viñas del amor”, hipertexto de la novela pastoril, y que, ahora, me parece bastante artificial. 

          En la universidad conocí a otro gran maestro, el profesor Carlos Giordano, de la Universidad Nacional de Córdoba, un crítico ya de extensa trayectoria que nos formó en literatura argentina y teoría literaria. Giordano había escrito en la “Historia de la literatura argentina” del Centro Editor de América Latina, los capítulos referentes al Grupo de Boedo y a la poesía social después de ese grupo. Él nos inició en la lectura y la crítica de la literatura argentina, desde Leopoldo Lugones, Evaristo Carriego, Borges, Macedonio Fernández, Oliverio Girondo, Eduardo Mallea, Héctor A. Murena, Roberto Arlt, Cortázar, Ernesto Sábato, Manuel Mujica Láinez, David Viñas, Marco Denevi, pasando por Boedo y Florida, la poesía del cuarenta y del cincuenta… En teoría literaria estudiamos la línea marxista, Georg Lukács, Theodor Adorno, Arnold Hauser, Walter Benjamin y a los estructuralistas y post-estructuralistas, Umberto Eco, Roland Barthes y Tzvetan Todorov. Considerado un intelectual de izquierda, Giordano debió exiliarse en Italia en 1975 a causa de la persecución de la Triple A [Alianza Anticomunista Argentina]. Allá dio clases en la Universidad de Calabria, hasta su muerte, en 2005. Precisamente, mi novela “Fragmentos de siglo” es la ficcionalización de la figura de Giordano y sus alumnos. Se llama así porque la narración
polifónica es fragmentaria, a través de recuerdos, diarios y papeles que van conformando un corpus. En esos años emprendí la bella y ardua tarea de leer a Marcel Proust, siempre mentado por Carlos Giordano. Mi madre fue quien me regaló varios de los tomos de “En busca del tiempo perdido”. Estos tomos, dedicados por su letra, son mi tesoro. La profesora Rosa María Grillo, de la Universidad de Salerno, leyó mi novela y consideró que podía publicarse en Italia. Y allá se difundió con el título de “Frammenti di un sécolo”, como homenaje al profesor Giordano, ampliamente reconocido en el ámbito académico italiano y europeo. En 2016 viajé a Calabria para el homenaje que se le brindara en el marco de IV Congreso de la Asociación Italiana de Estudios Iberoamericanos y la Universidad de Calabria, donde se presentó mi novela traducida por Rossella Carbone, bajo el cuidado de Rosa María Grillo. También fue presentada en el Instituto Italo-Latino Americano de Roma, en la Embajada Argentina en Italia y en la Festa della Letteratura di Salerno. La respuesta del público en general fue importante, y también la de los lectores del ámbito académico a través de reseñas, comentarios y tesis de grado.

         6 — Ya otra novela tuya se había publicado en Italia.

          LB — En 2014: “Eva Perón, alumna de Nervo”, que había sido editada por la Biblioteca del Congreso de la Nación en 2010, en su Colección Bicentenario, y que apareció en Europa con el título de “Eva Perón, allieva di Nervo”. Fue traducida por Saúl Forte y salió también por Oedipus, que la distribuye por Feltrinelli y Mondadori. Las dos novelas llegaron a Europa de la mano de la crítica académica, que fue realmente muy generosa con mi obra. Debo recordar los abordajes de Fernanda Elisa Bravo Herrera, Liliana Massara, Nilda Flawiá, Karen Douglas de Alexander, Zulma Palermo, Rafael Gutiérrez, Alicia Poderti, Lucila Lastero, María Esther Gómez, Bertha Bilbao Richter y Santiago Hernández Aparicio; en Italia, de Rosa María Grillo, Carla Perugini y Rossella Carbone; en Francia, Claude Cymerman; en Cuba, de Mirta Yáñez y Juanita Conejero. La novela se presentó en varias universidades: Roma Tre, Milán, Venecia, Salerno, Nápoles, Viterbo y Centros Culturales de Capri y Avellino. Ir a Italia gracias a lo que escribí sobre esa gran mujer, fue cumplir con un mandato misterioso. Mi padre (que no era peronista) me había dejado, como dije, “La razón de mi vida” en su biblioteca, quizás para que allí descubriera a la extraordinaria Evita. Pero también conocí la patria de mis antepasados. Castelferro, en la provincia de Alessandria, donde nació Umberto Eco, la Isla de las Sirenas de Odiseo, o sea Capri, que acogiera a Marguerite Yourcenar y a Pablo Neruda, la ciudad de Viterbo, donde reposa la santa que dio nombre al colegio de monjas franciscanas de Salta donde cursé la secundaria, Pompeya, la de Leopardi y su estoica y bella retama, como las que perfumaron mis días infantiles en General Güemes.
Liliana Bellone con Ernesto Sierra, Nancy Alonso,
Antonio Ramón Gutiérrez y Roberto Manzano en La Habana, Cuba
          En Capri frecuenté a un grupo de escritores, arqueólogos, antropólogos e historiadores que me hablaron de Elena Hosmann, una fotógrafa argentina muy conocida por su libro de fotografías del Perú y Bolivia, “Ámbito de altiplano”, editado por el sello Peuser en 1945 y que representa una mirada artística, antropológica y étnica de la cultura andina. Elena Hosmann, nacida en tu ciudad, se había casado con Edwin Cerio, el escritor e ingeniero caprense, mecenas y anfitrión de Neruda en 1952. Esta pareja tuvo una sola hija, la célebre Letizia Cerio de Álvarez de Toledo, amiga de Borges, quien le dedica el poema “La noche que en el sur lo velaron” (“Cuaderno San Martín”) y la nota aclaratoria final de “La biblioteca de Babel” (“Ficciones”). Lo cual me permitió investigar sobre Elena Hosmann y concebir el volumen de cuentos y relatos “En busca de Elena”, en el que reúno también otros cuentos que había escrito desde 2010 y que publicó este año en tu ciudad Editorial Nueva Generación.


          7 — ¿Alternaste siempre la escritura de poesía y narrativa?
Liliana Bellone con Eduardo Rosenzvaig

          LB — Así es. E incursioné en el ensayo y la dramaturgia. La poesía se nos otorga, también la escritura de la narrativa, pero hay un espacio, un retorno en la narrativa que exige un programa, una disposición lógica que ordena lo que ofrece la idea germinal (llamémosle “inspiración”). Una vez que la idea se desarrolla en la mente, el cuentista o el novelista, escribe. Me ocurre que cuando escribo cuentos no tengo casi el final, la escritura “me lleva”, como decía Cortázar; en cambio, cuando escribo una novela, el comienzo (empezar) y el final (terminar), como señala Italo Calvino, se me imponen claramente. Entonces escribo.
 
          Escribí poemas en las servilletas de los cafés, en cuadernos de apuntes, agendas, cualquier papel a mano, donde pude. Pero volvía sobre los poemas (como aconseja Horacio Quiroga en el caso de los cuentos) y los reescribí. A veces no pude frenar el dictado de “la voz” poética y escribí y escribí. Me pasó con algunos poemas, que son instantes y desarrollo de esos instantes, como es el caso de “Febrero”, que constituye un libro concebido en un par de horas durante una mañana de lluvia, mientras esperaba en un café para entrar en el Colegio Nacional a dar clases. Descubrí que podía escribir poesía del instante, de las cosas y lo estrictamente circunstancial, testimonio inmediato, mirada minuciosa de la existencia y la realidad. Podía escribir de todo: del agua que corre en las aceras y que arrastra tapas de plástico, restos de

cartón, objetos desechados e inútiles, del rostro de una estatua cubierta por el verdín, de una rama seca, del café que bebía. Pero también advertí que la narrativa, la novela y el drama cabían en el poema, o mejor dicho, el poema les brindaba su soporte. A la inversa, descubrí que mis novelas provenían de la poesía y que la poesía me permitía contar. O sea, pude transitar de la poesía a la narrativa y viceversa. 




          8 — En una respuesta anterior te referiste un tanto a cuando “corrían los años ‘70”. ¿Qué más pasó, te pasó o “recorría” en aquella década?

          LB — Fueron tiempos de aprendizaje y desgarro. Numerosos amigos míos desaparecidos, algunos fueron torturados, otros asesinados, varios se exiliaron. Soñábamos con un mundo mejor. Cierro los ojos y recuerdo las clases y las asambleas, las manifestaciones y los estribillos contra el imperialismo y la injusticia social. De por entonces, como ya dije, surgió mi segunda novela: “Fragmentos de siglo”.
          Casi estaba recibida de profesora en Letras cuando conocí a quien es mi marido, compañero y camarada de causas comunes en el camino de las letras y la vida, Antonio Gutiérrez. Él es de una ciudad del sur de la provincia de Córdoba, una ciudad de llanura, Bell Ville. Me gusta mucho Bell Ville, su río Tercero (Carcarañá), sus avenidas, sus amplias aceras, su gente. Fue tierra de gauchos y de inmigrantes, en especial italianos, y parece (como muchas otras ciudades de la llanura) una ciudad europea. Entonces llegué al corazón de mi existencia pues nació nuestra única hija, María Verónica del Carmen, una hija que pronto abrazó nuestra causa, la literatura, y cursó la carrera de Letras.
Liliana Bellone con Cayetano Zemborain


          En esa época, ya en los ‘80, compartíamos las experiencias literarias con un grupo de poetas. Nos reuníamos semanalmente en nuestra casa. Publicamos el volumen colectivo “Manifiesto poético” en 1986. Luego formamos el Grupo Retorno (Nancy García, Luis Ferrario, Antonio Gutiérrez y yo). Con el nombre “Retorno”, que alude a mi primer poemario, editado en 1979, publicamos plaquetas, cartillas y libros. Nos interesaba el libro como objeto, por lo que pedimos la colaboración de artistas plásticos: Rosa Gallardo, Guillermo Pucci, Telma Palacios, Adriana Acosta, Mario Vidal Lozano, Anny Cuevas y otros pintores que ilustraron poemas y las cubiertas de nuestras ediciones. Fueron años intensos, de lectura y compromiso. Buena acogida nos concedieron poetas mayores, no solamente por edad, sino por su calidad poética, como Raúl Aráoz Anzoátegui y el crítico académico Guillermo Ara. El grupo no sólo se denominaba “Retorno” en alusión a mi libro: también por la intención explícita de volver a una poesía más clásica, que se alejara del vanguardismo y el hermetismo. Cada integrante fue perfilando su camino. Antonio y yo proseguimos en la escritura de poesía y narrativa, aunque él alternó más con el ensayo y el estudio psicoanalítico.
Liliana Bellone con Antonio Ramón Gutiérrez,
Ernesto Sierra y el Embajador de Cuba en la Argentina
          Nuestras lecturas de poesía eran amplias y variadas, desde los españoles del ‘98 y del ‘27, a los norteamericanos del siglo XX, pasando por el simbolismo y el surrealismo, hasta Borges, los latinoamericanos como Vicente Huidobro, Vallejo, Roque Dalton y Ernesto Cardenal, y argentinos como Oliverio Girondo, Edgar Bayley, Alejandra Pizarnik, Enrique Molina, Alberto Girri, Raúl Gustavo Aguirre, Olga Orozco, Roberto Juarroz, y Joaquín Giannuzzi, además amigo, pues siempre veraneaba en Campo Quijano junto a su mujer, la novelista Libertad Demitrópulos.


          9 — ¿Y en los ‘90? ¿Y aun después?


          LB — Formé un taller de escritura e incursioné en la crítica literaria. Publiqué reseñas y comentarios en diarios y revistas. También elaboré varios ensayos, algunos inéditos como “Azahares y cólera”, “La poesía despojada”, “La Divina Comedia, una teoría actual de la poesía”, lo que me dio pie para el trabajo que presenté con Antonio Gutiérrez en el Congreso de Dante Alighieri en América Latina en 2004, y que fue socializado por la Univesità degli Studi di Cassino, Italia, y por último “Las negaciones de Borges: amor, ideología y novela”. Del que acabo de citar, la revista “Casa
de las Américas” en su número 266 (enero-marzo, 2012), incluyó uno de los capítulos en forma de artículo: “El peronismo o el espejo monstruoso de Borges”.
          El taller literario fue otra revelación. La trasmisión de la poesía y la narrativa se dio en ese ámbito de lectura y conversación, de modo casi misterioso. Más tarde, desde 2001, el taller se convirtió en seminarios y cursos. Opino que la tarea del escritor también es la de difundir la literatura a través de la docencia.
         
Liliana Bellone con Antonio Ramón Gutiérrez
y la hija de ambos, María Verónica, en 2013
La literatura me llevó a los orígenes, a Italia, la patria de mi abuelo. A donde residen los héroes que mis maestros me nombraron: Dante, Giovanni Boccaccio y Leopardi, el de “La retama” del Vesubio. Pero los fantasmas siempre asaltan: me seguirán asaltando. Italo Calvino habla de “visibilizaciones”. Llegan otros fantasmas. Finalicé una novela sobre Michele Puccini, hermano de Giacomo Puccini, que vivió en la provincia de Jujuy a fines del siglo XIX; un personaje romántico, digno de las óperas de su hermano. Es una novela fantasmática que surgió no solamente por mi admiración a la ópera, sino porque encontré casualmente (causalmente) un gran parecido físico entre Michele Puccini y mi abuelo Giovanni Bellone.


          10 — Publicaste ensayos y crítica literaria en numerosos medios pero no los reuniste en algún volumen. ¿Sucederá?... ¿Cuáles serían tus libros concluidos y aún no editados? ¿Planeás alguna otra novela? ¿No volviste a incursionar en la dramaturgia?

          LB — Permanece, sí, inédito el ensayo sobre Borges y sus negaciones: o sea, el amor, las mujeres, la novela y la ideología. Ya sabemos que la cuestión del “otro” es determinante en Borges, el semejante, el “otro” del espejo, el de la relación dual e imaginaria de amor y odio: que es a partir de lo que abordo su narrativa y su poesía.
          Es posible que en algún momento reúna los ensayos y crítica literaria en un volumen; es una gran idea y un gran desafío, Rolando.
          Además de “Michele. La ópera no escrita de Giacomo Puccini”, a la que ya me referí, tengo inéditos cuatro poemarios: “El viaje y la palmera”, “El infierno de los amantes crueles”, “El pez” y “La costura de Hortensia” (Diploma de Honor “Carlos Alberto Débole”, 2013). Algunos textos de esos libros aparecieron, entre otros medios, en la revista “El Hipogrifo” de Roma, en el suplemento literario del Diario “Pregón”, de San Salvador de Jujuy, que dirigió durante años el poeta Néstor Groppa y luego la escritora Susana Quiroga, en los suplementos literarios de “El Tribuno”, “Punto Uno”, y en el “Intransigente” de mi provincia, que dirige el escritor Ricardo Federico Mena.    
          Estoy recopilando material para una novela histórica sobre José de San Martín, centrada en la etapa de su estadía en Lima, antes del desenlace de Guayaquil. Quizá éste sea el secreto para poder seguir escribiendo, los fantasmas o los sueños diurnos, como señala Freud, esos sueños con los ojos abiertos, lugar de cruzamientos, velo último que recubre lo que los poetas descubren: al que no se accede, que apenas se puede vislumbrar y del que retorna mortalmente herido, ya sin ser el mismo, ese lugar que es el lugar de lo real, la no palabra, el agujero, lo que nos precede y lo que nos sucederá, como en la naturaleza, como en el universo.
          En cuanto a textos teatrales, si bien es cierto que incursioné en ellos en mi juventud, no es un género al que regresé. Salvo en “…y sonaba el minué”, una pieza dramática bastante crítica y mordaz sobre los prejuicios provincianos. De todos modos, en algunas de mis novelas, intercalo secuencias teatrales, como en “Eva Perón, alumna de Nervo”, donde hay un diálogo entre Eva Perón, la Primera Dama y Evita, la militante. La dramaturgia ofrece una concentración temporal inherente a su finalidad, que es la puesta en escena; hay que escribir para una o dos horas de representación. Lope de Vega concebía en una noche una pieza teatral. Esa temporalidad condensada, cercana a la poesía, una especie de presente constante, es lo más atractivo de la escritura dramática.  


          11 — ¿Así que “después de escribir la novela “Augustus” me reconcilié con mi entorno familiar y con la sociedad salteña”?...

          LB — En un comienzo sentí esa reconciliación pero, con el tiempo, me di cuenta de que era transitoria. Tal vez, por ser la primera novela, hay una especie de exorcismo de fantasmas familiares y sociales. Esos fantasmas se van desplazando a otros espacios y otras historias; así surgieron los relatos sobre los años ‘70, sobre la vida de Evita, etc. Escribí “Augustus” en 1984. La presenté en varios concursos de la provincia, entre ellos el de una Fundación de un conocido Banco; era un Premio Regional, y el jurado optó por las escrituras más tradicionales y las temáticas aceptadas por el imaginario lugareño. También procuré publicarla a través del apoyo oficial, pero sin éxito. “Augustus” era (y es) una obra demasiado crítica sobre el ámbito provinciano. Marzena Gregorcyk, profesora y crítica norteamericana, me sugirió presentar el libro en la Casa de las Américas. Cuando me enteré que había sido premiado por la Casa, te imaginarás cuán sorprendida quedé. En Cuba —ya lo dije— había encontrado a mis lectores.


          12 — Destacan en tu historial de reconocimientos aquellos que te fueron concedidos (Huésped de Honor, Diplomas de Honor, homenajes, ediciones y premios) no sólo por entidades privadas sino también municipales, provinciales y nacionales.

          LB — Son gratificaciones que, de alguna manera, actúan como incentivos para proseguir la tarea de escribir, una tarea solitaria. También implican una devolución de lectura y recepción de parte de la sociedad, la destinataria, en última instancia, de lo que se escribe.


          13 — ¿Tuviste ocasión de conversar con el presidente de la Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar? ¿Qué diálogos han quedado en vos como atesorables?

          LB — Conocí a Fernández Retamar en la Feria del Libro de Buenos Aires en 1993, cuando me entregó el Premio Casa de las Américas. Ese mismo año, él publicó “Fervor de la Argentina” en la Editorial Colihue, donde se reúnen las voces que se anticiparon en su “Calibán” (de 1971), o sea Borges, Sarmiento, Martí, con el advenimiento de Ezequiel Martínez Estrada, César Fernández Moreno, Julio Cortázar y Leopoldo Marechal.
          Luego volví a encontrarlo varias veces en La Habana, y de sus conversaciones recuerdo de nuevo las alusiones a Borges, a quien reverencia, a pesar de haber sido muy crítico de su literatura en “Calibán”, ya que lo consideraba “patéticamente fiel a su clase”. Sin duda que la calidad de la escritura borgeana se impone por sobre ideologías y Fernández Retamar valora en este punto al maestro.
          En muchas ocasiones también charlé con Joaquín Giannuzzi, quien, como algo ya anticipé, solía veranear en Campo Quijano, llamado el Portal de los Andes, pues se ubica al inicio de la ruta que lleva a Socompa, un paso andino que une la ciudad de Antofagasta, en Chile, con la provincia de Salta. Él nos transmitió su manera peculiar de ver la vida y la poesía, y sobre todo su ética con la escritura. El personaje Joaquín De Gennaro, uno de los narradores de “Eva Perón, alumna de Nervo”, está inspirado en Giannuzzi.   


          14 — ¿Por qué escribir una novela sobre Eva Perón?...

          LB — Estás apuntando al título de la conferencia que ofrecí en el Centro de Estudios Martianos de Cuba en 2013. Sobre Eva Perón ya se ha escrito mucho; por lo que pensé en mostrar los aspectos desconocidos de su historia. Indagué su infancia, su juventud, sus lecturas, los poetas a quienes recitaba, su relación con la madre y los hermanos, los años difíciles en Los Toldos y en Junín, y traté de rescatar a un ser de carne y hueso. El hilo de Ariadna fue Amado Nervo y su poesía mesiánica, modernista y estoica, poesía de la que Evita era asidua lectora. Desde pequeña, en la escuela, ella   recitaba los poemas de Nervo, casi siempre cargados de un tánatos y un espíritu sacrificial que luego se concretó en su vida. Por eso, se puede arriesgar la siguiente afirmación, que sería el sustento de la novela: la existencia de Eva Perón está escrita en la poesía de Amado Nervo.  
          Al comenzar a concebirla se me planteó la cuestión del ritmo narrativo. Ya en “Augustus” sentía la cadencia entrecortada de “Pedro Páramo” de Juan Rulfo y el sonido continuo de “Las olas” de Virginia Woolf. En “Eva Perón, alumna de Nervo” se impuso el ritmo poético. Con el devenir de la escritura me di cuenta de que predominaba la musicalidad del soneto. La novela está estructurada en cuatro partes concatenadas que se entrelazan y repiten como en esa composición métrica. Seguramente en Italia, esa cadencia se hizo audible por las oraciones cercanas al endecasílabo. Por eso opino que la versión italiana es más rica desde el punto de vista sonoro.                                        


          15 — De un narrador a otro en la novela “Leviatán” de Paul Auster: “—He llegado a un punto en el que ya no sé qué estoy haciendo —dijo—. No sé si es bueno o malo. No sé si es lo mejor que he hecho nunca o si es un montón de basura.” ¿Alguna vez estuviste cerca de sentir algo así?

          LB — Una suele dudar a veces de lo que escribe, pero siento que mis libros son creaturas engendradas por mis deseos y fantasías, por lo que los amo a pesar de percibir por ellos cierto sentimiento de extrañeza. Las creaciones de un escritor son producto de él mismo y de quienes lo han precedido en la vida y en la literatura, por lo tanto no podría considerar todo eso como basura aunque nuestro ser pueda transmutar y transmutarse en desecho. El receptor, siguiendo a Umberto Eco, que es quien pondrá sentido a las producciones literarias y artísticas en cooperación con el escritor, es el que decidirá el lugar de vanguardia, museo o historia a donde se dirige la escritura y, por qué no, también el lugar del olvido, del residuo, del borramiento y del desecho. Si bien a veces una piensa que lo escrito no reviste mayor valor y a pesar de que en un momento de mi vida destruí algún manuscrito, ahora siento una especie de compasión por esas producciones: tal vez sea autocompasión.
Liliana Bellone con Miguel Isa,
intendente de la ciudad de Salta


          16 — ¿Creés en el azar? (Y me hago cargo de que pudieran vos u otras personas llegar a opinar que preguntar esto a un escritor es estúpido.)

          LB — Causalidad y azar parecieran ser los dos fundamentos de la realidad, opuestos y excluyentes entre sí, pero que se combinan en el entretejido de la literatura de manera asombrosa y, diríamos, misteriosa. Lecturas, interpretaciones, escrituras y reescrituras se rigen por las leyes de la causalidad, de modo tal que los encuentros casuales no son tales. Escribimos movidos por esas causalidades que aparecen vestidas de azar, pero en realidad escriben en nosotros la literatura y la historia que nos hablan.  Lectura-escritura en una banda de Moebius infinita, interceptada por la vida misma. Borges me llevó a Dante, Dante a Leopardi y su retama, encontré esa retama en Pompeya, que es —salvando los siglos de distancia y otras cuestiones— como nuestra perdida Esteco, hundida por los sismos de 1692, cuando la ciudad de Salta casi se hunde también. Por ese camino fui a Capri, encontré a Elena Hosmann, personaje de “En busca de Elena”, relato con el que titulo mi último libro y que en abril presenté en La Habana. Elena Hosmann era la esposa del escritor e ingeniero caprense Edwin Cerio, el anfitrión de Neruda en 1952 (recordar la película “El cartero”, dirigida por Michael Radford, filmada en las islas del Tirreno, donde bogara Odiseo, basada en la novela “Ardiente paciencia” de Antonio Skármeta, nacido por estas latitudes cercanas a los Andes, en Antofagasta, donde el mar azul y la arena blanca se parecen al mar de Grecia). Elena ya estaba en “Augustus”: Elena Campassi (por la reina de Italia, la esposa de Víctor Manuel) y por Santa Elena, cuya fiesta es el 18 de agosto. Elena Campassi, nacida un 18 de agosto, igual a Elena Hosmann, igual a Malva Marina Reyes, la pequeña hija de Neruda, ahogada en su hidrocefalia. 18 de agosto, día en que murió Balzac, leído por los personajes de “Augustus” (Augustus-Agosto, mes del Emperador, Augustus-Augurio, mes de viento y tierra en Campo Santo-Comala, mes del estío en Europa, de terremotos y lava como el 24 de agosto del año 79 d. J. C., en que explotó el Vesubio —en 2016 el terrible terremoto que asoló gran parte de Italia fue también un 24 de agosto—). Los personajes de la novela evocan a “Eugenia Grandet” de Honoré de Balzac, que representa a una triste provinciana, encerrada en su aldea. Balzac murió el 18 de agosto de 1850, un día después que José de San Martín, en Francia. San Martín, que leía en francés, casi su segunda lengua, debe de haber leído a Balzac. En agosto nació Borges (24 de agosto, fecha que rememora la “Noche triste de San Bartolomé” en Francia). Fechas y nombres: Elena o Helena de Surgère, que promoviera “Los sonetos para Helena” (1574), de Pierre de Ronsard, que es epígrafe de “El cuaderno de tapas azules” (en homenaje a Leopoldo Marechal y a “Zibaldone de pensamientos” de Giacomo Leopardi) de mi novela “Fragmentos de siglo”, es también la de Pablo Neruda, en “Nuevo soneto a Helena”. Fantasmas, reconstrucción de fantasmas (“El escritor y sus fantasmas”, “Los fantasmas de Flaubert” de Ernesto Sábato, “El poeta y los sueños diurnos” —fantasmas o fantasías— de Sigmund Freud), fantasmas dentro de fantasmas, trabajo del escritor. Como dice Borges, nuestras nadas poco difieren, pues somos fantasmas atravesando la eternidad.
Liliana Bellone con Pablo Queralt,
Tati Solari y Antonio Ramón Gutiérrez


          17 — ¿“Restituir a su legítimo dueño”, “Sopesar los pros y los contras”, “No abusar de la confianza”, “Desplegar la creatividad” o “Derivar a quien corresponda”?...

          LB — Sabemos que el signo lingüístico se completa con lo que llamamos entorno y contexto, o sea las circunstancias particulares y concretas (materiales y lingüísticas) que rodean y constituyen un acto de habla, en el que se ubican emisor y receptor. Ésta, creo, es la razón por la cual muchas expresiones toman su verdadero sentido según el momento en que se dicen, quien las dice y a quién las dice. “Restituir a su legítimo dueño”, es “per se”, bastante elocuente, como lo indican las cargas semánticas de las palabras “restituir”, “legítimo” y “dueño”. Como en la poesía, hay palabras más fuertes, “palabras-cosas” que viven y tienen espesor por sí mismas. Necesariamente, se significa y resignifica desde el contexto y el campo semántico desde donde se articula el mensaje.


          18 — En poesía, como en otros campos, hay quienes —vos misma, Liliana, antes, en esta conversación— consagran como “maestros” a determinados exponentes. ¿Designarías de este modo a los siguientes poetas?: el chileno Pablo de Rokha (1895-1968), el brasileño Carlos Drummond de Andrade (1902-1987), la peruana Blanca Varela (1926-2009), el argentino Mario Trejo (1926-2012), el paraguayo Elvio Romero (1926-2004).

          LB — Sin duda, los cuatro poetas que nombrás, figuras luminosas en el mapa de la poesía latinoamericana, inmersos y productos de la primera parte del siglo XX, y que han vivido intensamente su época, que han “peleado” con la palabra y con su tiempo, son dignos de ser considerados “maestros”. Por cercanía de concepciones y de temas, por ser tan evocados por otros colegas míos, tendría que nombrar a Mario Trejo, y a Elvio Romero, amigo de mi comprovinciano Raúl Aráoz Anzoátegui. Elvio Romero, con su voz que es el eco de Rubén Darío, de Amado Nervo (el poeta mexicano continental y que todos leían en revistas y en ediciones económicas), de Federico García Lorca y de Walt Whitman. Elvio Romero era modesto y de modos sencillos, era un hombre de la poesía...
Liliana Bellone con Roberto Fernández Retamar y Antonio Ramón Gutiérrez, La Habana, Cuba

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Liliana Bellone selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista:


Mujeres de Argel en su casa

(Delacroix-Óleo-1834)


Por los remotos caminos del desierto
Vendrían sus sueños
A poblarles el silencio embriagado de sándalo y de incienso.

—Tal vez, la dulce rosa no dormía en la oreja
Sino que amasaba un gusano largo y verde—

La sombra de las miradas ha ido acariciando el tiempo
Y lo han llenado de un polvo aterciopelado
Asfixiante y eterno.

Ellas cerraron sus puertas y se quedaron
En su tumba de quietud
Repugnante
Y muerta.


                                     (de “Retorno”, 1979)


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dulcia linquimus arva


hay un lugar hermana
donde las tardes se deslizan
silenciosas

un lugar hermana
donde las manos se entrelazan
para aguardar la cena de pescado
para no escuchar
los ultrajes del tiempo
una loza que se rompe
cierta arruga en la frente

nada se escucha
sólo el atardecer

y los eucaliptos que se mecen
ajenos.


                                    (de “El cazador”, 1991)

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de las novelas ejemplares


has huido conmigo
me has raptado cruelmente

pero tornarás a esta alcoba
donde me amaste

yo vi la luna y el jardín
anhelé la prisión

enciérrame
hombre cruel cien veces cruel
tu leocadia te implora


                                 (De “La travesía del cuerpo”, 1992)

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Le temps retrouvé


Ya no está la casa con enrejados
Y el muñeco de porcelana
Que elegí en Casa Arrozarena
Para Reyes
Tampoco está el traje verde mi padre
Ni sus moñitos azules y grises
Ya no están sus sombreros
Ni su lapicera fuente
Ni su letra cuando corregía
Las interminables tareas de los alumnos
No están los días claros y la ventana
Con dalias y crisantemos
Como en la foto con mi hermano
En aquellos gloriosos cinco años

No están las siestas y los helados
Y mis padres del brazo
Como dos actores de cine

Y yo mirándolos
Yendo a la plaza
A la Confitería Bambi
A tomar una naranjada
En esos veranos gloriosos
De los cincos años.


                                    (“La costura de Hortensia”, inédito)


*

La costura de Hortensia


Cose Hortensia
En la galería con geranios cose y recuerda la tarde
Cuando la llevaron a visitar a su abuela
Una tarde con geranios
Y la abuela cosía con hilos
De colores una alfombra rara
Para volar
En esos años las tardes
Y los días eran largos muy largos
Hortensia cose con hilos blancos
Los volados de su blusa de organdí

Han caído al piso cintas
Puntillas y dedales
                  
                   Vienen desde el túnel del tiempo
                   Su tía
                   Y su bisabuela
Perfumadas
En un coche tirado
Por caballos negros
Un coche extraño que ella veía en un corredor
Donde había otros coches
Pomposos
Porque eran tiempos
De pompa
Y había que inclinarse
Como lo hacía la abuela
Con su sonrisa blanca
Y sus manos como husos
Que cosía y cosía
Junto a Carmen que cosía y bordaba
Con hilos celestes como si fuesen
Hilos de luna

El verano me ha traído un recuerdo
Piensa Hortensia
Pero también
El olor de la tierra mojada
En febrero
Las manos de Crisóstomo
Sobre mis dedos
Que jugaban un anochecer

Crisóstomo
Voy ahora casi azul
Con mis venas de nada
A tu encuentro

Sobre un horizonte de capullos
Pierdo pie y caigo
A la laguna
Donde bogan patos salvajes

¿De dónde llega
Este olor
A tierra mojada?
Hace mucho calor Hortensia
En febrero
Hay truenos
El jazmín atribula el aire
Duérmete
Liliana


                                      (De “La costura de Hortensia”, inédito)

*

Orlando


CRECEN VARAS DE AZUCENAS…
Como las vidas

Siglo XVIII

Te gustaban las danzas
Corteses y un collar de oro y peras
Con una coronita de brillantes

Y las rosas
Llegaste a los treinta años

Pobre niña

Tu abuela a los treinta y ocho
Una bisabuela a los cuarenta y dos
Una amiga de la infancia
A los veinticinco


Siglo XIX

Al son del clavicordio
Bailaste
Una prima se murió de amor
La sepultaron en una cripta
Con vitrales góticos
Tu hermana llegó a la vejez
Cerca de los setenta y cinco
Era una anciana blanca
Y fría
Como la luna


Siglo XX

Cuando Lugones la conoció
Escribió el cuento
“Abuela Julieta”
Algunos dicen que la amó
En su fantasía de poeta

Tu madre recordaba
Otras épocas
Abanicos y abuelas austeras
Vestidas de negro
Con relicarios de plata
Sobre el pecho
Y que posaban tiesas en sus corsés
Para las fotografías
Tu madre se había casado en 1910 con un inmigrante italiano
En la iglesia de un  pueblo antiguo
Entre las montañas
Su traje era de raso bordado
Y seda

Belladurmiente
Vas hacia Titón en Neptuno
Te conviertes en oruga
En una orquídea
Gigante
En la oreja de la mujer
Del cuadro de Delacroix
Que fascinaba a Baudelaire
A esperar el amor que viene
Desde el desierto
A la penumbra
Y a la muerte

Tal vez la dulce rosa no dormía en la oreja
Sino que amasaba un gusano largo y verde.


                                  (de “La costura de Hortensia”, inédito)


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Entrevista realizada a través del correo electrónico: en las ciudades de Salta y Buenos Aires, distantes entre sí unos 1500 kilómetros, Liliana Bellone y Rolando Revagliatti, julio 2017.