viernes, 6 de junio de 2014

La poesía de Antonio Moro

Por Luis Benítez




Nacido en Córdoba, Argentina, en 1955, el poeta Antonio Moro ha sido publicado el año pasado bajo el sello Ediciones Letras y Bibliotecas de Córdoba (eLBc), tras recibir la Mención en el Premio Literario Provincia de Córdoba 2012 en el Género Poesía. El breve pero conciso volumen “Otra sombra en el árbol”, aquel que le granjeó ese galardón, es otra muestra más de su ductilidad lingüística, que le permite abordar un amplio rango de significados hasta estructurar un discurso de variada referencia, donde la situación del hombre de nuestro tiempo tiene un marcado y señalable peso específico.
Se ha subrayado antes que si el hombre común lograra unir la suma de los significados que le ofrece la realidad, la porción de la realidad que se presenta ante él, seguramente perdería de inmediato la cordura, ya que el universo de lo humano que se ofrecería a su conciencia sería excesivo para sus capacidades. O sea, lo terrible del mundo es una amenaza constante para la misma razón que intenta comprenderlo. De ello nos protege, precisamente, la inconsciencia, la falta de cabal discernimiento, el desvaído ritmo del pensamiento que es la moneda habitual de nuestros rumbos a lo largo del día. Sin embargo, la conciencia de ese tremendo “ser en el mundo” -el famoso Dasein explicitado por el filósofo alemán Martin Heidegger- irrumpe de cuando en cuando en la percepción y genera, pese a los filtros interpuestos por la cultura, un grave conflicto que solamente puede resolver, como un bálsamo no menos riesgoso, una nueva caída en el sinsentido, buscada o no. No olvidemos que el Dasein heideggeriano es el ser que a cada paso se cuestiona y cuestiona por ende cuanto lo rodea, tal como lo hace Moro a través de su consistente poesía.

Contra esa perspectiva del encubrimiento de la realidad se rebela el poeta Antonio Moro, quien muy por el contrario busca rasgar esa veladura que nos oculta el sentido final de las cosas y las circunstancias para rastrear desde el lenguaje esa constelación de significados, unos ambiguos y otros prístinos y siniestros, que en verdad conforman la realidad, aquella que nos resulta aprehensible. Se trata de un intento repleto de peligros que el autor acepta a su exclusivo riesgo, y cabe decir que sale más que airoso, en “Otra sombra en el árbol”, de tan temeraria empresa. El rescate de la conciencia y la sensibilidad a cualquier precio, concretado por Moro, nos deja páginas plenas de sentidos, al tiempo que las claves para desentrañar sus íntimas interrelaciones nos son brindadas por el autor.
Es Antonio Moro un poeta de intensidades manifiestas y en el volumen que nos ocupa prácticamente ningún verso baja su fulgor en relación a otro; la suya es una cualidad muy rara de discernimiento y compleja factura estilística, una que, sin embargo se ofrece sin rebuscamientos ni falsas pretensiones de altisonancia. Su lengua es generalmente llana, sin estridencias, pero de ajustada puntería en cuanto a impactar en la sensibilidad, tanto intelectual como emocional del lector. Ciertamente un poeta para conocer y releer en el tiempo.
Obra poética publicada: Camino del escarabajo (1990); El correo llega al laberinto (1993); La noche del día vacío que el amor corona (1998); Mano de cielo (2003) y Otra sombra en el árbol (2013). Ha sido incluido en la antología Entresilences / Neuf Poétes argentins (París, Francia, 2004).



Así escribe Antonio Moro

IX

La sombra del árbol podado
proyecta sobre la tapia
un letrero de estéril juicio.

Era un olivo,
había crecido en la fronda de la noche,
sus ramas derivaron en nudos, bifurcaciones,
llegó a ser un manantial de frescura
pero su grandeza fue castigada.

¿Por qué no daba frutos?
¿no sabía de prodigios estelares?
¿como cualquier árbol
observaba la espada de Orión
                y el ojo del toro?
¿no sentía las gestas de caravanas infantiles?
¿la concepción le fue privada por error?
¿como a Edipo lo perseguían
        fatalidades y furias?
¿o la diosa de las pestes y la cura,
ofendida por la negación de tributos,
lo asoló con el silencio de una tapia?

Su sombra exigua,
una mano seca a las tres de la tarde,
un espejo de la poda
luce con perversión geométrica
el grabado de lo óptimo y austero
con hojitas volviendo a la vida.


(de su libro antes citado, “Otra sombra en el árbol”)
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