viernes, 29 de julio de 2011

Siglo XIX, aportes de la masonería a la transformación de la sociedad mercedaria

Alfonso Fernández Cabrelli


La Masonería, al capacitar a sus adherentes para asimilar y difundir las ideas renovadoras (tolerancia, libertad, igualdad, y fraternidad) de su doctrina, pudo participar eficazmente en la preparación de los grandes sacudimientos políticos y sociales ocurridos en los tres últimos decenios del siglo XVIII, en un tiempo en que se estaban produciendo en el mundo trascendentales transformaciones en los modos de producción y en las relaciones entre los pueblos.
A partir del triunfo de la Revolución Francesa y su Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, cumbres de aquel proceso, los fundamentos de la autoridad de los gobernantes y los proyectos, urgencias, y expectativas de las gentes habían sufrido alteraciones sustanciales.
Tales innovaciones reclamaban, lógica consecuencia, una diferente estructura de la sociedad y –como primerísima exigencia- la creación de organismos idóneos que facilitaran a las personas el mejor ejercicio y defensa de los derechos teóricamente reconocidos y la satisfacción de sus nuevas necesidades, tanto aquellas de carácter material, como de orden espiritual.
Por otra parte, para los Gobiernos democráticos surgidos de aquella conmoción, resultaba obligación inexcusable asegurar aquellos derechos a todos los integrantes de la comunidad, y en especial, dado el obstáculo que representaba la existencia de una iglesia oficial y exclusivista, el de la libertad de expresión y creencias y el acceso a una educación adogmática.
En resumen, se hacía imprescindible para adecuar el funcionamiento de los mecanismos sociales a las exigencias de la hora:
a)     Secularizar la sociedad, fundando asociaciones particulares, laicas, capaces de cumplir las funciones para las que no eran aptas las antiguas formas de asociación (cofradías, congregaciones, o compañías de santos de las respectivas devociones) propiciadas y dirigidas a la iglesia oficial.
b)     Secularizar al Estado separándolo de sus compromisos con la iglesia oficial.
c)      Modificar forma y contenido de la educación que se daba al pueblo. Para abordar esas tareas y viabilizarlas era preciso que alguna fuerza capaz asumiera la responsabilidad de impulsar la creación de tales agrupaciones, así como preparar una opinión pública que pudiera actuar como factor de presión y apoyo a los gobiernos para que estos adoptaran las medidas secularizadoras de su competencia y decidieran la reforma de la enseñanza.
En el nuestro, como en todos los países, la Masonería tomó a su cargo ese compromiso y sus afiliados se colocaron al frente de los trabajos encaminados a hacerlo efectivo, en ese empeño, y en todos los casos, los masones contaron con la adhesión de los sectores interesados en la modernización de la sociedad.
Uruguay: La Masonería y los masones en las tareas secularizadoras.

La aparición de una nueva clase de organismos sociales – Las Logias Masónicas- significó, en un tiempo de cambios, factor fundamental para una nueva conformación y funcionamiento de nuestra sociedad.
De esos “talleres” salieron los más activos propulsores de la fundación de las primeras sociedades particulares, laicas, que se encargarían de reunir a los habitantes del país en atención a sus intereses materiales inmediatos y de sus inclinaciones culturales del más diverso tipo.
Desde sus comienzos, tales trabajos contaron con el concurso de muchos elementos ajenos a la Institución Fraternal y significaron un poderoso removedor de inquietudes ciudadanas y –por ende- de la propia vida de la comunidad; así como la aparición de las asociaciones de nuevo tipo provocarían importantes modificaciones en el entramado social y en la mentalidad de sus integrantes.
Los habitantes de los centros poblados de mayor importancia de la República, contaron a partir de entonces con ámbitos donde poder reunirse para proyectar, discutir, e impulsar con la fuerza que les proporcionaba la unidad, la solución de los problemas específicos que atendía cada corporación, así como relacionarse con quienes participaban de los mismos gustos artísticos, científicos, deportivos, etc.
Con la fundación en todo el territorio nacional de decenas y decenas de esas agrupaciones –que para nada interferían con los precedentes organismos creados por motivos piadosos y dependientes de la iglesia católica- se posibilitó la participación activa de los particulares en la promoción y defensa de sus intereses, y en el progreso cultural de la comunidad. Quedaron así, sentadas las bases para el desarrollo de una nueva sociedad, moderna, y más libre.
Eso aporte masónico a la modernización y el adelanto de nuestra sociedad no ha sido hasta el presente objeto de atención y relevamiento, y por lo tanto resulta absolutamente desconocida. Por ejemplo, la circunstancia de las primeras organizaciones culturales de artesanos, de trabajadores gráficos, periodistas, maestros, médicos, obreros en general, y aún de industriales, fueron fundadas por elementos pertenecientes a la Masonería, y esa tarea comenzó aún antes de finalizar la primera mitad del siglo pasado.

En Mercedes

Desde 1852 hay noticias de la vida masónica que se desarrolló en la Capital del departamento de Soriano. Se trata de la siguiente información recogida por el Profesor Manuel Santos Píres:… “Recurrimos a una viejas crónicas escritas por Don Juan H. Soumastre (destacado miembro de la masonería) en el año 1909, el que afirma que –según referencias de algunos masones- existió una Logia en Mercedes entre los años 1852-1860, la que se reunía en la casa de uno de sus integrantes. Allí concurrían, entre otros, Don Manuel Chopitea (que fuera Jefe político de Soriano), Don Juan José Pazo (receptor de Aduana del departamento), Don Manuel Fontans, Don David Stodat (comerciante inglés) y Don Bernardino Echeverría”.

Del año 1864 en la primera referencia documental con respecto a una presencia masónica organizada en Mercedes. Se trata de la Logia Luiz, al frente de la cual se encontraban ese año José Del Pozo, y José M. Díaz. 
Serafin Rivas Rodríguez
(1833-1913)
En 1881, con elementos de aquella Logia, otros allegados de Montevideo, caso de Alejandro Bellini, se instala la Logia Armonía. Participan en la apertura de este taller muchos látomos de grados superiores: Eduardo Brugulat, Bernardo Echeverría, y Serafín Rivas Rodríguez, todos del grado 32; Alejandro Bellini, Constancio Magliano, Luis Vespa, Nicolás T. Gabito, Manuel Moreira, Pedro Blanes, y Juan B. Soumastre, quienes ostentaban el grado 18.
En 1882, con motivo de una escisión producida en el seno del Gran Oriente, se instaló en Mercedes la Logia Porvenir. Su actuación continuó, por lo menos, hasta el año siguiente.
Una vez más se debe al estudioso y fraterno coterráneo Profesor Manuel Santos Píres, la inestimable colaboración que significa el haberme hecho llegar la noticia, detallada, de la primera sociedad particular fundada en Mercedes, que es al mismo tiempo la primera del interior de cuya existencia y fecha de fundación se tenga conocimiento hasta ahora.

Lápida de la tumba de
Rivas Rodríguez.
Cementerio de Mercedes
(Foto: Noelia Rostán)

Se trata de la denominada Sociedad de la Constancia, fundada el 13 de mayo de 1855. La información acerca de tal asociación laica fue recogida por Mariano C. Berro Chopitea, hijo del botánico Don Mariano Berro, y nieto del Presidente Bernardo Prudencia, y fue dada al público en una extensa nota aparecida en 1899 en el periódico El Diario de la ciudad chaná. Fuente de esa noticia fueron los manuscritos dejados por los ascendientes del autor.
Los siguientes son los párrafos del artículo mencionado que para el caso resultan más interesantes:
“La reunión preparatoria para echar las bases de la Asociación, acto al cual concurrió una numerosa asamblea, se verificó el 13 de mayo de 1855. Nuestros abuelos eran breves en todos sus procedimientos; aquel mismo día se declaraba inaugurada la sociedad. Dábase reglamento para normalizar sus destinos, alquilábase local, la casa propiedad de la señora Gertrudis Sienra, que conservó “La Constancia” hasta su extinción, y que actualmente es del Excmo. Ministro de Gobierno Don Saturnino A. Camp, y que en el día ocupa la sombrerería “Aux Armes de París” y el telégrafo brasilero, calle Montevideo 223 esquina Colón frente a la plaza independencia.
Salvo diferencias de detalles, en los años 1855-60 era igual a lo que es hoy, y por último, se nombraba la primera C. Directiva la cual quedó constituida así: Presidente, Señor Manuel Chopitea, Vice, Señor Joaquín T. Egaña, Tesorero, Señor David A. Silveira, Vocal, Señor José González, Secretario, Señor Juan Basilio F. Braga, y pro Secretario, Federico A. de Vasconcellos.
Isidoro de María
La primera junta se verificó el 10 de junio de 1855. Asistieron a ella los señores Chopitea, Silveira, González, y Vasconcellos, quien desempeñó por dos meses la Secretaría pues el señor Braga obtuvo dos meses para recibirse de ella urgido por atenciones de otra índole. Una segunda asamblea realizada el 27 de mayo había facultado a la C. Directiva para contraer un empréstito de trescientos pesos corrientes, y prestáronse a llenarlo por iguales partes los señores, Francisco Olascoaga, Antonio Sampayo, y Vasconcellos, “bajo la condición de que quedaran afectos al pago de este empréstito todos los haberes de la Sociedad, hasta que quedó amortizado con las cantidades sobrantes de los gastos ordinarios, que a su pago son destinados”. El Señor Silveira quedó encargado de percibir el empréstito y las cuotas mensuales de los asociados, y comprar muebles y útiles necesarios para establecer un gabinete de lectura, uno de los primordiales propósitos de “La Constancia”.
Según refiere más adelante el relato de Berro, contribuyeron también a la fundación de esta Sociedad: Francisco Albín, y Lisandro Cumplido. El artículo finaliza diciendo que “el 23 de mayo de 1860, disolvíase la asociación …habiendo sido el primer centro de Mercedes y uno de los más antiguos de la República, que contribuyeron a sentar las bases de civilización nacional.”
Sólo cabe agregar que en la fundación de esta Sociedad participaron los masones: Manuel Chopitea, David A. Silveira, Federico A. de Vasconcellos, Frencisco Albín, y Lisandro Cumplido, todos los cuales ostentaron altos grados en la jerarquía de la Orden.
La actividad fundadora cumplida por los masones mercedarios fue intensa a partir de 1872; del lapso anterior sólo he registrado además de lo ya mencionado, la noticia de la existencia de la Sociedad Filarmónica de la Lira, fundada por el maestro de música y pianista, el francmasón Fernando Alzola. Precisamente en 1872, un periódico de la capital chaná publicó una citación para una “reunión para fundar nuevamente esta simpática Sociedad”. Se refería a La Lira, y manifestaba que Alzola había sido su anterior director.

En el primer número del periódico El Sol, “liberal, literario, noticioso, y comercial”, fundado el 1 de Enero de 1872 por Miguel Díaz Ferreira, miembro de la Orden, se publicó una nota titulada: “Un centro de reunión”, en que se dijo: “demuestra las necesidades de un centro donde se reúnan los hombres de algunas luces y de donde más tarde surjan grandes mejoras para el departamento…a última hora hemos sabido que se trata de dar forma y vida a la idea apuntada por nosotros y que parece pronto será un hecho merced a la actividad reconocida de la persona a quien se lo comunicamos….”
La idea estaba lanzada, el 21 de enero tuvo lugar la primera reunión encaminada a cristalizarla, y se llevó a cabo en el teatro propiedad del “hermano” Juan H. Soumastre. Allí se decidió fundar el Club Social  Casino, y en su primera directiva figuraron los látomos: David A. Silveira como Presidente, como vice el Dr. Serafín Rivas Rodríguez, secretario, José M. Díaz Ferreira, y Lisandro Silveira, Eduardo Brugulat, Juan H. Soumastre, Enrique Reffino.
Juan Idiarte Borda, mercedario y masón.
Unico presidente uruguayo asesinado
mientras ocupaba el cargo (1897)
En el año siguiente se concretó la creación del Nuevo Club, a cuyo acto concurrieron los masones: Vicente Victorero, Lisandro Silveira, y Timoteo Muñecas.
Se funda en 1873 la Sociedad Amigos de la Educación Popular. Impulsaron la tarea los periódicos, El Sol, de Díaz Ferreira, y La Regeneración, de Bernardo Echeverría, ambos masones. A la reunión preparatoria concurrieron los “hermanos” Francisco Albín, Juan H. Soumastre, José Miguel Díaz Ferreira, Bernardino Echeverría, Gregorio Gareta, Juan Idiarte Borda, Pedro Alzaga, Rómulo Chopitea, y Serafín Rivas Rodríguez. En la sesión siguiente se integra la C. Directiva en la que figuran: Albín, Echeverría, Alzaga, Díaz Ferreira, Rivas Rodríguez, Camp, y Chopitea.
Ese mismo año se crea la Comisión encargada de recaudar fondos para la construcción del edificio del hospital. Sus miembros: Eduardo Brugulat, Luis Vespa, Juan H. Soumastre, y Antonio Sampayo, todos miembros destacados de la Orden.
También en 1873, Francisco Milans, Jacinto Tode, y Pedro Apesteghi, profanos, fundan la Sociedad Extranjera de Socorros Mutuos.
En 1880, los masones italianos deciden la fundación de la Sociedad Italiana de Mutua Protezione, idea que se concreta en la reunión del 27 de abril de 1880. De los 18 socios fundadores, al menos 9 pertenecían a la Logia local: Gaetano Giuzio, Vincenzo Ducatelli,  Luigi Salvo, Nicola Reffino, Pietro y Felice Beltramo, Antonio Battro, Luigi Ferrari, y Ángelo D. Vespa. Entre los miembros de su primera C. Directiva, figuran los “hermanos”, Luis Ferrari, Vicente Ducatelli, y Antonio Battro.
Del Orfeón español, asociación privada de carácter social y artístico que tuvo larga y destacada vida, tenemos la primera noticia en 1879.
Concurrieron a su fundación los “hermanos” de la Logia Luz, Vicente Victorero, Antonio López, Díaz Ferreira, Pedro Blanes, Ángel Braceras, Melchor y Timoteo Muñecas, Bernardo Echeverría, el maestro Alzola, y Juan Soumastre.
En 1881 el periódico El Oriental nos informa que la directiva del Orfeón ha creado una biblioteca pública cuya dirigencia integran miembros de la recién creada Logia Armonía: Mariano Pereira Núñez, el Dr. Camp, y Don Isidoro de María, por entonces en la ciudad chaná. Ese año la asociación española había fundado una Escuela gratuita de canto y música a cargo de Facundo Alzola.
Otro acontecimiento importante de ese año es la creación del Club Progreso, centro se sociabilidad de larga trayectoria. Concurren a su fundación los “hermanos”: Blas Solari, Albino Benedetti, Pedro Blanes, Díaz Ferreira, Isidoro de María, Juan H. Soumastre, Serafín Rivas Rodríguez, Juan A. Silveira, y Simón Baratau.
Por su parte otros miembros de la Logia Armonía, los doctores Rivas Rodríguez, Brugulat, y Blanes, fundan ese año el Club Infantil, dirigido por niños y dedicado a organizar espectáculos teatrales infantiles. Lo integran los hijos de Rivas, Gabito, y Bellini, quienes figuran en su directiva.
El Club Progreso patrocinó la creación de la Sociedad de Niñas Protectoras de los Pobres. En la directiva figuran: Sara Gabito, Amelia López Álzaga, Haydee Chopitea, y Herminia Gabito.
También en 1881 se instala la Sociedad Española de Socorros Mutuos, siendo sus fundadores los “hermanos” Rivas Rodríguez, Brugulat, Severino García Lois, Simón Baratau, Melchor Muñecas, José Cabanelas, y Marcelino Laborde. Designan socio honorario al Dr. Matías Alonso Criado, miembro de la Orden en grado 30.
En 1882, luego de un largo e interesante proceso que –promovido por la Logia Armonía- fue acompañado por la población y las propias autoridades departamentales, se creó la Sociedad Protectora de la Educación. Entidad destinada a recoger y administrar fondos para el pago de los atrasos que sufrían los sueldos de los maestros del departamento.
La Comisión Directiva de ese año estuvo integrada por: Rivas Rodríguez, Pedro Blanes, Albino Benedetti, Eduardo Brugulat, Blas Solari, Santiago Eguileor, Eduardo Díaz y Sienra, J. Soumastre, y Francisco Albín, todos miembros de la Logia local.
Ese mismo año se crean: la Sociedad de Ocaristas, fundada por José Bibiloni, de La Armonía; la Sociedad de Beneficencia, en cuya directiva figuraban familiares de masones locales: Elvira Chopitea, Dominga Díaz, y Manuela P. de Solari, el Trío Musical Progreso, integrado por los látomos: Alzola, Vicente Ducatelli, y Justino Tió; la Biblioteca Pública Progreso, a cargo de Isidoro de María y Gerardo Campos; el centro de Educación Secundaria, cuya directiva integraron: Carlos Warren; Bernardo Echeverría, y Pedro Blanes Viale.
Indudablemente, la sola mención de este esfuerzo fundador realizado en Mercedes –que por entonces tenía unos diez mil habitantes- por los masones locales, da la pauta de la importancia de la tarea secularizadora llevada a cabo en la capital de Soriano por los miembros de la Orden Fraternal.

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Nota:                                       
El presente trabajo, autoría del prof. Alfonso Fernández Cabrelli, es un extracto de varios capítulos  su libro libro: “Iglesia ultramontana y masonería en la transformación de la sociedad oriental”, con el agregado realizado por el propio autor sobre la presencia masónica en Mercedes.
Fernández Cabrelli, mercedario, profesor de Historia, dirigió en la década de los años 90 la revista “Hoy es Historia” y fue un incansable impulsor de la investigación y difusión de la historia. En la década de los años 90 nos unió una fraterna amistad, y fue uno de los desinteresados colaboradores de HUM BRAL en nuestra primera época.
Este trabajo que ahora rescatamos por azarosos motivos, hasta el momento permanecía inédito.
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