sábado, 14 de enero de 2012

EDITORIAL

El alcohol, ¿es el problema?

Aldo Roque Difilippo

Mercedes no es una isla, en ella vivimos  energúmenos y personajes altruistas, filántropos y piromaniacos, personas dignas de consideración y personalidades dignas de olvido. Como en toda ciudad. También, como en toda ciudad se han generado  algunos hechos lamentables luego de los cuales surgieron algunas voces reclamando mano dura con los infractores, penas ejemplarizantes, prohibiciones a diestra y siniestra para la salvaguarda del honor, la familia, el recato, las buenas costumbres, la…
Situaciones en donde “los jóvenes”, “los inadaptados de siempre”, “los mal entretenidos” han protagonizado “hechos vandálicos”, incidentes de tránsito, riñas y otras tropelías, y donde el alcohol  ha estado presente como un elemento desencadenante.
Como todos saben por estos días se viene desarrollando el 6to. Encuentro de Músicos Jazz a la calle, un evento que noche a noche congrega a importante cantidad de público en la Manzana 20, o en el centro de la  ciudad  en los toques callejeros. Una semana particularmente calurosa en este verano 2012, y  donde los asistentes suelen presenciar los espectáculos de short, chinelas, camisas desprendidas o directamente sin camisa, en un clima por demás apacible.
En la Manzana 20 el recital suele extenderse hasta entrada la madrugada y muchas familias concurren con sus niños, con sus sillas playeras y por supuesto termo y mate en mano. Confluyendo con toda una fauna de personajes, locales y foráneos. Jóvenes  con sus cabellos largos, con rastas o barba larga, con otros de cabeza rapada vistiendo bermudas y musculosas, sentados al lado de un reconocido doctor o abogado del medio que junto a su esposa miran embelezados los espectáculos, o al lado de 4 o 5 niños que juegan o  miran los shows musicales, o algunas señoras mayores con sus abanicos y sus vestidos floreados. Y muchos de estos personajes mitigan el calor bebiéndose “una cervecita” y uno puede deambular entre ellos viéndolos literalmente empinarse una botella de litro, mientras el de al lado no dice nada, o bebe su refresco o su mate.  Podemos incluso llegar a ver a alguna atildada señora empinarse una botella de litro, espumosa y refrescante para mitigar el calor de la noche de enero; pero lo que no hemos visto ha sido incidentes, “los consabidos problemas que trae el alcohol” como habitualmente algunos periodistas suelen editorializar. “Los desmanes, producto del accionar de estos inadaptados alcoholizados”. Como ya dijimos  el festival se realiza en la Manzana 20, en el mismo lugar donde se realizan otra clase de eventos, incluso algún baile que ha generado más de un dolor de cabeza a las autoridades policiales por los hechos de violencia que se han generado. Entonces ¿dónde está el problema con el alcohol si un muchacho decide tomarse una o dos cervezas? ¿Por qué en este evento que congrega una importante cantidad de gente no se ha generado ningún incidente, siendo que el alcohol circula libremente al igual que en otros donde se ha promovido más de una trifulca? ¿Por qué si no hemos visto ningún funcionario policial los espectáculos transcurren con  absoluta normalidad, y el personaje de las rastas convive y aplaude tan efusivo como el Señor Doctor y su esposa? Parecería ser que el problema no es el alcohol. Parecería ser que la solución a algunos problemas no está en la represión por la represión misma.
Parecería ser, que muchos discursos caen por su propio peso, a la luz de estos acontecimientos. Y quizá estas modestas líneas sirvan reflexionar ya que a nuestro entender queda en evidencia que el alcohol por si solo no es el problema a algunos males que nos aquejan.
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