viernes, 3 de febrero de 2012

Falleció Juan Carlos Gené


·         “Uno mira todo y sabe que se tiene que ir”

El dramaturgo, director teatral y actor falleció a los 82 años. Condujo durante años el teatro San Martín, montó decenas de obras y hasta llevó "Hamlet" a la TV en la década del 60.
Juan Carlos Gené, uno de los hombres que grabaron a fuego su nombre en el teatro argentino durante décadas, murió el 31 de enero pasado.  Presidio la Asociación Argentina de Actores. Dirigió el Teatro San Martín, y el Canal 7. Editó en los años  60 la prestigiosa revista Máscara. También por su impulso fueron creados el Grupo Actoral 80 y el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (CELCIT).
Su último trabajo fue como director fue en el 2011  al poner en escena Hamlet en el teatro Presidente Alvear, con el protagónico de Mike Amigorena. En los 60, en la aventura televisiva de aquellos años (y en otra TV) junto al clan Stivel contribuyó a llevar la misma obra a la pantalla chica. En ese medio le sacó lustre a Cosa juzgada, como actor y guionista.
Dueño de una prolífica carrera, Gené fue maestro y luchador del teatro. Como docente formó a decenas de profesionales de la actuación. Y como luchador, al frente del gremio de actores, desde lugares oficiales o en la resistencia a la última dictadura (fue prohibido a fines de los 70 junto a otras figuras como Griselda Gambaro o Carlos Gorostiza), su voz se hizo escuchar.
Estuvo exiliado desde prácticamente el comienzo de la última dictadura hasta bien entrados los 90. Algunas de sus obras más emblemáticas fueron El herrero y el diablo (1955), Se acabó la diversión (1967), Golpes a mi puerta (1985), El sueño y la vigilia (1992) y Todo verde y un árbol lila (2007).
Hace tres años, cuando recién se acercaba a los 80 y se mantenía en plena actividad, en una entrevista realizada por diario  Clarín se refirió con hermosas palabras al paso de la vida y la cercanía de la muerte. “Mi sensación es la misma a cuando uno ha pasado una bella temporada de verano en un lugar. De pronto llega el otoño, se están yendo los veraneantes, cambia el clima: ese tono de las obras de Chejov. Uno mira todo y sabe que se tiene que ir”.
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