viernes, 16 de marzo de 2012

Acerca de los orígenes
de la política moderna



“En política hay que escoger los medios correspondientes a los fines perseguidos, y  los mejores son aquellos que con mas seguridad llevan al fin deseado, en una palabra, la autonomía y la autarquía de la finalidad política”.


Nicolás Maquiavelo
Nicolás Maquiavelo es el primer pensador moderno de Occidente. Con sus escritos comienza la disolución definitiva del cosmos unitario e internamente concluso en que se había movido la Edad Media y el Renacimiento. La idea de la autonomía del pensar y del obrar político da le primer impulso a la independización de  los diferentes ámbitos culturales y vitales, e inicia el desmoronamiento de la concepción del mundo homogénea y armónica, aunque indistinta de los siglos anteriores. Con ello comienza, sobre todo, la historia de las ciencias modernas; ciencias especializadas que determinan con precisión su propio objeto y desarrollan conscientemente sus propios métodos. A la persona de Maquiavelo se halla unido el giro revolucionario que consiste, de una parte, en la pérdida del “hombre total”, todavía en posesión de aquella concepción del mundo unitaria y armónica; de otra, en una ganancia que suele olvidarse comparada con aquella pérdida: en el desarrollo de la capacidad para separar entre sí actitudes y puntos de vista, explicaciones e interpretaciones de la realidad, determinándolas en su peculiaridad. En ningún representante de la época se manifiesta de modo tan intenso la crisis unida al desmoronamiento de la visión unitaria del mundo; ninguno capta tan rápida y agudamente como él la ventaja que se desprende de la diferencia del pensamiento y de su orientación hacia fines distintos y divergentes entre sí.
La acción con que Maquiavelo imprime un nuevo rumbo a la historia del espíritu occidental consiste en el descubrimiento de la autonomía del pensar político, en distinguir el sistema moral en que se mueve ese “obrar político”, de las categorías morales que representan el marco de la vida ordinaria del ciudadano común; en advertir que el Estado se convierte de un planeta en un sol tan pronto como se penetra en la esfera política.
Este descubrimiento solo puede compararse con la hazaña de Copérnico, y representa, junto a la sustitución del sistema geocéntrico por el sistema heliocéntrico, y la sustitución del sacerdocio sacramental por la relación directa con Dios en el protestantismo, el tercer ejemplo de un “giro copernicano”. Por este motivo, Maquiavelo tiene tanta incidencia en la transformación de la cultura occidental como Lutero, o el mismo Copérnico.
Este giro puede llamarse también “copernicano”, no solo porque lleva al descubrimiento de un sistema en que la moral se convierte en mero “planeta” en el cielo del Estado, mientras que antes el Estado no había sido mas que un planeta en el cielo de la moral, sino también porque –análogamente al descubrimiento de Copérnico- se halla en íntima conexión con la percepción del carácter del pensamiento. El punto de vista ideológico es aún mas sorprendente en Maquiavelo porque sus consideraciones no se mueven –como en el caso de Copérnico- en el terreno de las ciencias naturales, sino en el de la historia, y porque se trata de un pensador mas riguroso y mucho mas consciente de sus presunciones que Copérnico.
Nicolau Copérnico
Maquiavelo define la política como una praxis con fines, principios, y valores propios, es decir, como una actividad que puede y debe ser realizada con independencia de consideraciones extrapolíticas. Fundamento de su doctrina es que en la política hay que escoger los medios correspondientes a los fines perseguidos, y que los mejores son aquellos que con mas seguridad llevan al fin deseado, en una palabra, la autonomía y la autarquía de la finalidad política. La idea de autonomía que  Maquiavelo descubre y subraya en el campo del pensar y el obrar políticos, surge también en otros terrenos y se convierte en noción rectora de la investigación científica moderna. Se comienza a percibir, aunque nadie es capaz aún de formular claramente el principio, que la economía posee leyes propias, y que el desarrollo del capitalismo reviste carácter autónomo. La convicción de la independencia de las leyes naturales se extiende; la autonomía de la creación artística se incorpora paulatinamente a la conciencia general y, en los últimos estudios sobre teoría del arte de la última fase del manierismo, el arte no es considerado como imitación de la naturaleza, sino como una actividad espiritual creadora.
Esta autonomía de la política y de la idea “estatal” conquistada por Maquiavelo y aplicada a otros terrenos de la práctica y la teoría, van liberándose poco a poco de las vinculaciones del dogma eclesiático, del pensamiento escolástico, y del orden económico y social del feudalismo, así como la emancipación del protestantismo de la iglesia romana tienen como resultado: independencia, pero independencia sin libertad, es decir, en soledad y aislamiento. Con cada nuevo paso en este proceso se separa otro campo del cosmos unitario y pansíquico de la Edad Media, y va haciéndose mas próxima la visión atomizada del mundo propio de la moderna cultura, en que las verdades parciales no se hallan ya en conexión con ninguna “verdad” central.

* Fuente: Origen de la literatura y del arte modernos. Arnold Hauser, Ediciones Guadarrama,  Madrid, 1974.
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