viernes, 25 de mayo de 2012




Aldo Roque Difilippo


El dilema del artista a frente a la obra es “un diálogo de sordos”, tal el calificativo utilizado por Gustavo Alamón, quien definió su  obra “no para agradar” sino como un gran signo de interrogación; porque “cada  cuadro es un pregunta que yo hago, una pregunta dolorosa. Pregunta  que sale de lo más profundo de nuestro ser”.
Alamón  presentó en Mercedes una colección de óleos en una exposición junto a dibujos de su amigo Fernando Cabezudo. Constituyéndose para Mercedes en un evento poco usual ya que se trata de dos de los grandes  de la plástica nacional.
En la presentación de la muestra Gustavo Alamón se refirió a los dilemas del artista frente a la obra y a otros aspectos del  arte creativo que significa  abordar una actividad artística.
A continuación transcribimos lo medular de esta interesante disertación.

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“Cuando planteé el problema del dialogo de sordos estaba planteando  un  problema artístico que tiene mucha vigencia. Porque  el artista plástico trabaja en soledad, la calma del taller” para  “hacer funcionar el lado derecho del cerebro que es el de la creación”.
(…) “La obra de arte  es el producto  de angustias existenciales, de cosas que nosotros tenemos en nuestro interior y no sabemos  de qué forma expresar. Cosas que son auténticamente angustiantes, que además, como el arte es un lenguaje de trasmitir, capaz que lo que justamente lo que nos falta es la palabra para poder contundentes”.
(…) “Cuando pinto estas cosas no es para gustar, ni para agradar. Todo el mundo me podría decir eso yo no lo pondría en mi casa, porque eso ya me lo han dicho varios; y para mi  eso es uno de los más grandes alicientes para seguir trabajando.
A esos personajes los pongo como un mensaje, un sentimiento de rechazo, porque es el hombre mediocre, el hombre cifra, el súper numerario de la vida, que vive indiferente del mundo. Es decir el hombre que está totalmente deshumanizado, que muchas veces lo han deshumanizado. Vemos, en la historia del Siglo XX tropeles de gente que cometieron atroces  crímenes de  lesa humanidad y que fueron trasformados en robots para poder ejecutar todo ese tipo de cosas”.

Un trabajador del arte
    
“En ese dialogo de sordos es donde cada uno utiliza su cabeza y su corazón para  poder decir esas cosas que nos angustian. Un compromiso hermoso que asumimos cuando dedicamos nuestra vida al arte. Porque el arte como decía Malraux gusta. Deshacer
(André), implica un gran coraje. ¡Porque hay que hacer obras de arte!, no hacer pintura. Intentar hacer obras de artes.
Somos concientes que la obra de arte se concreta cuando el autor ha muerto, y cuando pasó una perspectiva bastante grande. Por eso a veces me da vergüenza cuando me dicen que soy artista. Yo soy un trabajador del arte, pero  artista lo va a dictaminar el tiempo. No hay nadie que pueda decir que en este momento seamos eso.
Nosotros sabemos que el arte no trasforma la sociedad, no cambia las situaciones políticas ni humanas de la gente. Si el arte tiene una virtud es que es algo hecho con el corazón y la mente, y al hacerse de esa forma estamos trasmitiendo cosas que sentimos muy profundamente. Al sentirlas, así, conmovemos.
Lo que  podemos ayudar es a pensar. El acto de pensar genera además la necesidad de pensar en el resto, porque  las obras, no son otra cosa que un gran interrogante. Cada  cuadro es un pregunta que yo hago, una pregunta dolorosa. Pregunta  que sale de lo más profundo de nuestro ser. Pregunto y  pido al espectador que me responda. No a mi, que  se responda a  sí mismo.  Este hombre deshumanizado, un ser que anda en la calle  prácticamente como inocuo,  sin ninguna intención de producir nada, que no es  más que una cifra en los cálculos de la población, que no tiene absolutamente nada en su vida interior, que ha perdido todas esas cosas y al no poseer todas esas cosas  que nos diferencian del  animal; eso es en definitiva una cosa aterradora. Lo  vemos en la historia reciente, y en la historia desde que nací hasta este momento”.

Encontrar una esquina
   (...) “Los que fuimos docentes y ejercimos con vocación y ganas de servicios, aplicamos un concepto que es muy viejo. Me remoto a 4 siglos antes de Cristo cuando un pensador chino, Confucio, decía en una de sus sentencias: yo a mis discípulos les enseño cómo encontrar una esquina para que ellos después busquen las otras tres. Es darle el conocimiento de investigación, de análisis, de entrar en profundidad en lo que quieren conocer para luego que cada uno pueda encontrarlo usando la cabeza. Ir encontrando las respuestas a las interrogantes  que se le pueden plantear. Ese, en gran medida, es el mecanismo que el arte propone. El arte no es capaz de cambiar nada, pero  sí es capaz de hacer pensar. Ese el propósito  que lleva cada uno a plantear en nuestras obras ese gran interrogante que cada uno se pregunte a si mismo todo lo que ese interrogante sugiere.
Por eso para hablar de arte no se puede dejar de hablar de todo, porque el arte sin lugar a dudas es la vida misma. Uno esta trasformando en una tela todas nuestras experiencias dolorosas, pero también las buenas que   conforman nuestra existencia, y también nuestra sabiduría.
Al menos eso intento trasmitirles a mis alumnos”.
Tratar de entender
   (…) “El gran problema es tratar de entender lo que es el arte. La mayoría de la gente cree que es pintar un paisaje, un bodegón, un retrato excelentemente pintado. Eso es una artesanía. Yo puedo hacer todo ese tipo de cosas en un grado de excelencia  y me transformo en un gran artesano”.
(…) “Como creo que el arte lo que procura es transformar las cosas de la naturaleza. Las cosas que le ocurren a los seres humanos en  grandes  símbolos que pueden decir con claridad, o  al menos obligar a investigar  en la mente de cada uno lo que representa ese símbolo.
Es complejo, porque cuando vemos los dibujos  de los caballos de Cabezudo, o las viejas lindas y horribles que pinta, porque  hasta con perversidad lo manifiesta, él está marcando símbolos.
Fernando Cabezudo y Gustavo Alamón.
(…) “La enseñanza de la pintura exige un esfuerzo de tratar de aprender copiando, pero eso crea un problema muy serio que mutila la imaginación. Y la imaginación se frustra. Después volver a reflotarla es muy difícil. Cuesta mucho trabajo. Y este procedimiento abre el marote de tal forma que uno empieza a concebir el hecho plástico como  un hecho grandioso, hasta mágico, lleno de misterio; y el misterio es algo que tiene que estar en la obra porque trae  el espíritu de investigación, de conocer las cosas. Es ahí donde uno puede lanzar los mensajes  que entiende que tiene que decir”.
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