viernes, 25 de mayo de 2012






 Aldo Roque Difilippo


El pasado 18 de mayo se cumplieron 28 años de uno de los acontecimientos que marcaron mojones culturales en la restitución democrática del Uruguay: Los Olimareños cantando en el Estadio Centenario a su regreso del exilio.
Nadie como ellos cantó 'Adios mi barrio', 'De Cojinillo', o 'El Orejano', entre muchas. Sus voces están hechas para esas canciones.


Hace 28 años, el viernes 18 de mayo de 1984 el público se reencontraba con sus ídolos, y cantaron junto a ellos las canciones que durante una décadas habían permanecido latentes en los labios, o apenas susurradas, haciéndole la tercera voz a aquel dúo que las cantaba desde el disco de vinilo. Los Olimareños regresaban al país, y a ese recital de bienvenida no lo pudo opacar la copiosa lluvia. Para una agencia de noticias norteamericana el recital congregó alrededor de 50.000 personas. Otras fuentes manejaron cifras diferentes, pero nadie pudo objetar aquella multitud tanto dentro como fuera del Estadio Centenario. Las localidades se habían agotado el día anterior y se debieron habilitar dos tribunas más. Aún así las localidades resultaron insuficientes, siendo catalogado como el recital del siglo ya que "cinco de cada cien habitantes de esta ciudad (contando ancianos, sordos y niños de pecho) estuvieron trepados a las gradas de cemento, vivándolos, en alguna de las tribunas habilitadas, bajo la lluvia" (1)
Pepe Guerra cantó y tocó aquejado por la emoción y la gripe. Braulio, como su compañero, emocionado, sufrió el shock de estar nuevamente entre los suyos, cantando las canciones que todos coreaban, y aunque el sonido no fue bueno, sumado a la consabida emoción de los músicos y el público, poco importaba.
Los Olimareños, el dúo que cantó como pocos aquellas canciones que se repetían tanto en las Escuelas como en los clubes políticos, en las radios como en todos esos anónimos tocadiscos de cada rincón del país, habían llegado para quedarse. Seguramente porque como lo expresara Pepe Guerra "con la canción uno se va a dormir, se baña y mientras la silba, se enamora, la escuchan los presos. La canción es lo que la gente lleva en el bolsillo, la ropa que se pone todos los días, y algún día dejará de ser la hermanita menor de la cultura" (2).

LA MEMORIA
    Cuatro años después el dúo se separaba tras grabar "Canciones ciudadanas" para tomar nuevos caminos musicales por separado, luego de tres décadas de cantar a dúo, quedando para la historia del cancionero popular las mejores interpretaciones, y marcando sin dudas un antes y un después. Nacieron como dúo en 1961, editando su primer disco un año después "con una guitarra regalada por Blanca, Morales, el Laucha, Pepe Acevedo, etcétera, etcétera- y a mi -con un bombo de cuerpo de oveja y madera compensada hecho por el Becha y Gabino-" (3). Canciones que fueron repitiéndose de boca en boca, aunque muchas de ellas contrariaran las disposiciones de los gobernantes de turno. "Al poco tiempo empezaron a pedir las canciones en la vinería. Y no solamente uruguayos sino argentinos y brasileños -comenta Pepe Guerra (4)-. En nuestras presentaciones en el interior, en los pueblos chicos, primero la gente se acercaba tímidamente al escenario y nos susurraba: 'La del Che'. Nosotros en el mismo tono le decíamos "Pídalo de allá" y le señalábamos el público. El hombre la pedía medio agachando la cabeza para  no 'quemarse', y casi siempre surgían cuatro o cinco gritos más. Entonces la cantábamos sintiéndonos un poco cómplices de haber creado esa situación y de haber 'quemado' gente en el pueblo.(...) En cierto pueblito, cuyo nombre no viene al caso, con caballos atados afuera, camiones, carretas y bicicletas, estábamos en una piecita afinando las guitarras antes de subir a cantar, cuando aparece el subcomisario del pueblo llenando toda la puerta. Con una sonrisita apretada nos dijo: 'Si no cantan la del Che los meto presos'. Nosotros -un tanto atribulados, pues jamás se nos hubiera ocurrido que justamente de un traje azul con toda su chapa y su sombrero, con sus correas y su revólver y sus distintivos amarillitos en el brazo, viniera ese pedido- le dijimos 'Con mucho gusto'. Pedimos a unos amigos que se pusieran cerca de él cuando la estuviéramos cantando, para ver qué hacía. Vino de la canción el primer Comandante Che Guevara. Tras el aplauso de algunos, se quitó el sombrero, se lo puso bajo el brazo, permaneció en actitud de firme. Pasó un subalterno por su lado, el comisario le tocó el hombro, le dijo unas palabras al oído y se pusieron los dos con el sombrero bajo el brazo, mirando con respeto hacia la canción. Cuando nos bajamos nos dijo que en su casa tenía el cuadro de Artigas y al lado la foto del Che del mismo tamaño".

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Notas:
(1) "Los Olimareños: el recital del siglo", Sábado Show, Nº 584 Montevideo, 16/06/1984
(2) "Pepe Guerra, Catusa Silva y el poder de la canción", revista La Maga, Buenos Aires, 31/05/1995.
(3) comentario de Braulio López en la contratapa del disco "Los Olimareños en 1962", Ayuí, 1971.
(4)     comentario José Luis Guerra 'Pepe' en  contratapa del disco "Los Olimareños", Ayuí, Mayo 1971.
 

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Puntitos de luz


Uno de los temas más interesantes para ustedes fue el regreso a Uruguay ¿No?
-"Y sin ninguna duda. Eso a mi me marcó muy profundamente y pienso que a mucha gente también. ¿Verdad? Porque bueno, yo esperaba si que cuando volviéramos íbamos a tener una respuesta de la gente, afectiva, pero con esa magnitud no la esperaba. Me sorprendió muchísimo".

¿Qué es lo que más impresionó?
-"Me impresionaron varias cosas. Desde que llegamos al aeropuerto. Demoramos como tres horas en venir hasta el Estadio, por la caravana, la gente que nos paraba. ¡Yo que sé! Preguntaban cosas. Fue tremendo. Y después cuando que subimos al escenario que estaba en el medio del Estadio para empezar a cantar, la gente gritaba, gritaba y gritaba, y yo quería escuchar a ver qué era lo que decían y no podía".

Así que si yo te dijera una imagen auditiva de esa ocasión, y una imagen visual
-"Visual, fue cuando se apagaron todas las luces y la gente prendió los encendedores. Entonces eran como puntitos de luz..."

Como un cielo estrellado en la tierra
-"Exactamente. Puntitos de luz, y eran tantos que era una cosa emotivamente indescifrable pero que te sacudía. Y después auditivamente yo quería escuchar lo que decían y por ahí empecé a decodificar que la gente gritaba: 'El Goyo, el Goyo, el Goyo va a caer con todos los fascistas que están en el poder' Eso lo gritaba todo el Estadio".

Un acto político masivo
-"Si. Bueno, el regreso de Los Olimareños es muy significativo, pero ahí habían banderas coloradas, blancas, del frente, de todo. Y habían cartelitos por allá que decían 'Cerro Chato presente' o yo qué se, Paysandú... era todo..."

El país en todas sus expresiones políticas
-Si, si".


(*) Reportaje a Braulio López realizado por Raquel Daruech en el programa "La sed y el agua",en Canal 5, 10/02/2002.



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