viernes, 31 de agosto de 2012

Opinión

El hombre como factor alterador de la cadena ecológica



Hoy el problema está entre gaviotas y ballenas, pero mañana puede estar entre el hombre y las ratas.
 
 
 
 
Ángel Juárez Masares
 
La provincia de Chubut prepara un plan junto a científicos para la captura o eliminación de gaviotas que atacan a las ballenas francas australes.
La iniciativa, confirmada por fuentes oficiales, despertó críticas de grupos ambientalistas, que consideran que matar a las gaviotas carroñeras no acaba con el problema de los daños que estas aves ocasionan a las ballenas.
La noticia agrega que; "La captura o eliminación de las gaviotas", posiblemente por parte de policías, se realizará "en zonas próximas a Puerto Pirámides", en la península Valdés (unos 1.100 kilómetros al sur de Buenos Aires), declarada Patrimonio de la Humanidad, explicó el subsecretario de Conservación y Áreas Naturales Protegidas de la provincia sureña, Javier Tolosano”
Por su parte, el coordinador de la campaña de Océanos para América Latina de Greenpeace, Milko Schvartzman, señaló a Clarín que "lo que propone el gobierno de Chubut es una medida paliativa que no termina con el problema de fondo".
Los inconvenientes son "los basurales a cielo abierto, los residuos que terminan en el agua y los deshechos que descartan los buques pesqueros. Eso también atrae a las gaviotas. Es cierto que las gaviotas son un serio problema para las ballenas francas, pero dispararles no termina con la superpoblación", evaluó Schvartzman.
Recordemos que en la península Valdés, en la sureña Chubut, se concentran todos los años alrededor de 600 ballenas francas australes, la quinta parte de la población mundial, lo que supone una importante atracción que congrega todos los años a más de 100.000 turistas.
Hasta aquí lo que se conoce del tema a través de la prensa escrita, pero el asunto ha sido motivo de varias entrevistas radiales esta semana, donde algunos expertos han aportado más datos. En definitiva, esta reflexión está dirigida al motivo de la superpoblación de gaviotas, que al parecer se origina en la gran cantidad de basurales a cielo abierto existentes en la zona. Eso determina que las aves ya no busquen su sustento en el mar, incumpliendo de alguna manera su cometido como “basurero de los mares” como suele llamárseles.
Algunos de los técnicos consultados aseguran que las gaviotas bajan sobre las ballenas cuando éstas salen a respirar a la superficie, y con sus picos traspasan su piel y capa de grasa causando un daño considerable. “Literalmente se las comen vivas”, dijo alguno de los expertos en asuntos oceánicos, “pues son miles las que se abaten sobre las ballenas y sus crías”.
Siguiendo la información que llega sobre este asunto, se puede concluir que en realidad nadie tiene una fórmula adecuada para solucionar el problema. Lo de matar gaviotas se percibe como una actitud desesperada, pero sin duda el único culpable de este desfasaje en la cadena ecológica es el hombre.
Por otra parte lo que hoy ocurre en Valdés nos lleva a pensar en eventuales “roturas” de otros ciclos naturales por la acción humana. Si bien es cierto que ya está ocurriendo en otros campos, como la agricultura por el uso de herbicidas –sobre todo los “sojeros”- la pequeñez (en tamaño, no en cantidad) de los seres afectados aún no causan conmoción social como en el caso que hoy nos convoca.
Cabe esperar que las diferentes organizaciones ambientalistas no asuman posiciones radicales, y comprendan que la conservación de las ballenas es tema prioritario. Recordemos que esta especie recién comienza a recuperarse (entre un 5 y 6 % anual) de la brutal cacería de que fuera objeto el siglo pasado. Mientras tanto, es posible que la manera de “nivelar” la población de gaviotas quizá no sea la más simpática, pero si asumimos posturas fundamentalistas en estos asuntos que tienen a la propia humanidad como responsable, no estará lejano el día que despertemos con las ratas en la cama. Entonces, habrá que matarlas porque será cuestión de “ellas, o nosotros”
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