sábado, 27 de octubre de 2012

Confieso que he leído


La poesía de
Alejandro Schmidt

Luis Benítez
Nacido en Villa María, Córdoba, el 3 de mayo de 1955, Alejandro Schmidt, poeta, editor y periodista cultural, es considerado, hoy, como uno de los referentes principales de la poesía argentina contemporánea.
Su obra se caracteriza por una permanente insatisfacción respecto de la situación del yo en el mundo, la relación entre el individuo y la colmena social, la precariedad de la existencia en la historia y el devenir. A través de una obra poética de las de mayor volumen a escala nacional, Schmidt perfila coherentemente, desde comienzos de la década de los 80 y hasta la actualidad, una imagen del individuo, de sus conflictos y peripecias, donde es posible detectar el aporte de las grandes voces universales –no sólo del género específico, sino también provenientes de otras disciplinas- digeridas por una pluma que hace décadas logró establecer un trazo propio y personalísimo, fácilmente reconocible. A diferencia de Sören Kierkegaard, que establece la salvación del individuo a través de la fe como única vía de trascender la alienación obligada por la desesperación de existir, Schmidt prefiere la desesperación en sí misma, si no como tabla salvadora, entendida por él como fuente de iluminación y conciencia. Es así que en su larga y fructífera obra poética logra establecer un universo personal perfectamente perfilado, rara factura, siempre, en el panorama de cualquier segmento de la producción cultural actual.


Poemas de Alejandro Schmidt


Silencio al fondo

con pocas palabras
puede escribirse todo
pero al escribir todo
algo se borra

lo comprendemos por
el vacío que aparece
y su tajo
donde
-como una mano que
saluda al ausente-
hundimos la lengua.


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Mi corazón era un hotel


mi corazón era un hotel
vestidos de fiesta
los huéspedes se iban sin pagar
a los portazos

es cierto
a veces
una mujer lloró en sus ventanas
hasta cansarse

es cierto
yo era el que lustraba los zapatos

es cierto
hubo temporadas malas
problemas de humedad
palmeras muertas

todo eso es cierto
también la luna
y el loco que cantaba

mi corazón era un hotel
ahora parece una casa

una casita blanca.


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Colegiales de la noche

¿Flotan los muertos?
su agua
¿es el temor?
¿qué pasaría si fueran tu mesa?
¿si no se corrompieran
y bailaran?
¿si fueran colegiales de la noche?
¿si el alma fuera un mapa comido por la arena?
¿cómo aprenderíamos la oscuridad?
¿hasta dónde podríamos mirar?

Si entre la muerte de todos
y la muerte mía
sólo vos estuvieras
viva
tropezando con cantores de madera
con las raíces muertas del mar
con nubes de piedra
puerta tras puerta
y atrás
muy atrás de tu verde corazón
el viento
impulsara
en papeles de oro
barcos y leones muertos
donde viven las palabras
¿sólo una vez?

Y entonces
con los poderes que otorga
la ignorancia o el amor
abrieras los labios
y el silencio cayera en mis manos
¿alguien más sería estremecido
o nuevo
como una gota?

¿y si el silencio estuviera muerto?
¿y si la luz estuviera muerta?
¿y si caminaras hacia mí
como otras veces
y pudieras alcanzarme y sonreír?

¿y si eso fuera todo?
¿y si la muerte no existiera?
¿y si fuera una idea del tiempo
mientras aguarda bajo el hielo
su remo y sus batallas?

¿Adónde van
envueltos en hojas
en campanas?

¿Adónde reúnen sus espumas?

¿Y si dieran la felicidad?

¿Y si completaran el sol?
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