sábado, 15 de diciembre de 2012


A modo de EDITORIAL

Se aproxima fin de año. Época de hacer balance, de evaluar lo que nos quedó pendiente por hacer y de prometer que el año que viene, sin falta, lo concretaremos. Antes de ponernos solemnes y melodramáticos compartimos esta reflexión de  Cuque Sclavo publicada en www.vadenuevo.com.uy que algo tiene que ver con estos temas.


Y con esto de la eternidad,
¿qué hacemos?



Por Jorge Cuque Sclavo



El Hombre se ha pasado la vida con este problema arriba. Que hay que vivir para la Eternidad, que qué lindo sería si uno fuese eterno, que de aquí a la eternidad y tantas cosas que uno oye todos los días por todos lados. Yo no quiero ser presuntuoso pero creo que lo de la Eternidad no da para tanto, que se exagera un poco y lo de la Eternidad es bastante sencillo.

Por ejemplo, agarremos la Eternidad y saquémosle un día. ¿Qué nos queda? La Eternidad menos un día. Y si la agarramos al otro día, a la Eternidad, como quien dice del otro lado, nos queda: la Eternidad, pero más un día.

Para hacerlo clarito hagamos de cuenta que la Eternidad es una piola de cometa o un aparejo que uno tira para adelante y para atrás, según y conforme quiera agarrar como para el Pasado o para el Futuro y que si lo deja quieto, esperando que piquen, se queda en el Presente.

La Eternidad es relativa. Es una cuestión que imagina el Hombre. La Eternidad no existe. Es un invento de nosotros para consolarnos de nuestro pasaje por aquí.

- Es una obra de arte que quedará para la posteridad.

- Lo que escribió Mengano es y será eterno.

- Se lo reconocerá por siempre y a través de todos los tiempos.

Y al final termina, como mucha otra cosa, en una vereda de Tristán Narvaja y con la dedicatoria del autor a su Maestro, Mejor amigo, Lector fiel y todas esas cosas que el autor en el día del lanzamiento del libro, ya mamado, le escribe mecánicamente a todos los ejemplares que firma.

Se dice que el Creador hizo al Hombre a su imagen y semejanza. Minga. El tipo nos hizo para que sirviésemos como mano de obra y entonces asegurarse la Eternidad para él. Él es el único eterno en este asunto. Nosotros somos los que le hacemos el trabajito, una generación tras otra, totalmente desechables y hasta intercambiables porque ni siquiera saca nuevos modelos de hombre. Al contrario, cada vez somos más cambaláchicos y  devastadores, egoístas y narcisistas.

Pero vayamos al Presente que es ahora. Mejor dicho que era antes de que yo lo escribiese hace un momento. Ahora ese Presente es Pasado y como quien no quiere la cosa ya nos estamos metiendo en el Futuro. Con lo que queda claro que lo que no se sabe bien qué es, no es la Eternidad, ni el Pasado ni el Futuro, sino el Presente.

Y ése es nuestro verdadero drama. El Hombre no sabe reconocer el Presente y por eso hace guerras, tira bombas, chorrea, coimea, mata y después dice: ”Qué cagada que hice. Dios mío”.

Otras veces hace estas mismas macanas y se pone en prócer, se sube al caballo del monumento y dice con voz de bronce, esquivando las palomas:

- En fin, el Futuro me  juzgará y dirá si hice bien o si la embarré.

Porque el Hombre es frívolo hasta para hablar de la propia Eternidad. Tanto te jura amor de aquí hasta la Eternidad y después te manda al bombo, como va al Municipio a pagar una multa y cuenta que lo demoraron una Eternidad.

Con lo que queda claro que hay muchas eternidades, lo cual nos dice o bien que la Eternidad no existe o que la Eternidad es relativa y depende de cada cual. Lo que no me parece nada serio, porque se parece mucho a eso de Einstein con el tiempo, que él decía que era relativo. Claro, así cualquiera explica todo:

- Disculpá, mi amor, se me hizo tarde, ¿viste? Después que había salido me di cuenta que refrescó y volví para buscar un saquito y justo en ese momento me llama Graciela que el marido la dejó por una que conoció a fin de año en una despedida... ¿Fue media hora, nomás?

Cómo se ve que Einstein jamás tuvo que esperar media hora, de remerita, en 18 y Andes con el viento colándosele hasta los huesos en uno de esos días en que dejan abierta de par en par la ventana de la Rambla.

Por esas y otras razones, que no vienen al caso, algunas que yo no sé explicar y otras que ustedes no entenderían, yo creo que a esto de la Eternidad se le ha dado más importancia de la que se merece.

Con ella sucedió lo mismo que con el Infinito, que para lo único que sirve es para ver si las paralelas se juntan. Y eso está por verse todavía, porque nadie se ha tomado la molestia de comprobarlo. Pero igual se lo enseñan a los niños en las escuelas, quienes a su vez se lo enseñarán a sus hijos, tal como nos lo enseñaron a nosotros y, ahora, cada vez que nos preguntan:

- ¿Qué es el Infinito?

- Es un ocho, pero acostado.

Describir qué es la Eternidad es más difícil que decir qué significa fofo, sin juntar los dedos de la mano mirando hacia arriba, tal como si se tratase de un bidé o una ducha al revés.

En todo caso, no deje que esto mío le complique la vida, que bastantes problemas tendrá ya usted.

Resumiendo:

Esto de la Eternidad, mire, es como todo.
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