viernes, 17 de febrero de 2012

Vikingos en América




Tribu Guaraní, grabado europeo del siglo XVIII
Según las investigaciones del profesor de arqueología Vicente Pistilli, los vikingos posiblemente se asentaron en Paraguay en el siglo XIV.
Asegura que la historia paraguaya comienza con la llegada de los supuestos vikingos en el año 1400 d.C., sigue con el arribo de Alejo García en 1521; Sebastián Gaboto en 1524 y la posterior fundación de Asunción por Juan de Salazar y Espinoza. El Instituto de la Ciencia del Hombre de Buenos Aires publicó las crónicas de las investigaciones de Pistilli que realiza desde 1975. En los legajos, el profesor de arqueología dice que algunos científicos están de acuerdo en que Cristóbal Colón fue el último en descubrir América, así como contradicen la teoría porque aseguran que en Portugal se conservan documentos que testimonian que los hermanos Pinzón estuvieron en América antes de acompañar al almirante Colón.
Pistilli sostiene que las inscripciones halladas son de carácter rúnico, escritura propia de los expedicionarios de un gran imperio vikingo preincaico ubicado en Tiahuanaco, Alto Perú. Esas escrituras se basan en un sistema alfabético que se remonta al siglo III d.C. Consta de veinticuatro signos angulares, sin curvas, probablemente debido a que fueron grabados en madera y piedra. También se especula que la fusión del alfabeto griego y latino en uno nuevo fue producto de los teutones. Según Pistilli, la mayoría de estas inscripciones fueron encontradas también en los países escandinavos como Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos, Grecia. Además, en México y Paraguay.
El estudio de los mitos paraguayos ha consumido el tiempo y el saber de los investigadores, al punto que las fuentes basadas en las tradiciones están completas. Los problemas surgen cuando se pasa a la exégesis sin haber sometido previamente el material a una hermenéutica científica, para determinar el texto auténtico. Otro prejuicio es la admisión del carácter “aborigen” de los mitos. Además, la inercia de los estudiosos, para quienes “ya está todo dicho”, incapaces de revisionismo, haciendo caso omiso de los últimos descubrimientos antropológicos realizados en el país.
Desde el punto de vista de los portadores de mitos y la naturaleza de los mismos, se pueden establecer dos grandes grupos: guaraníes y no-guaraníes. Los mitos guaraníes, según las etnias que los transmiten se clasifican en: mitos mbyá, mitos chiripá, mitos tavyterá, mitos guayakis y mitos del guarini pytã. Los mitos no-guaraníes comprenden dos grandes grupos: mitos pámpidos y mitos huárpidos, que corresponden a las pampas y a los Andes, respectivamente. Los mitos guaraníes pertenecen a las selvas, o mejor, fueron adaptadas a ellas.
Los investigadores han llegado a la conclusión que todas las fuentes son precolombinas en su origen, sin influencia hispánica, ya que fueron recogidas de etnias no cristianizadas. Con los mitos del guarini pytã, el proceso es más interesante aún: catequizados por franciscanos, las creencias precolombinas o mitos, tuvieron una vida paralela, porque los seres mitológicos tenían sus reales en la región y constituían una estructura bien definida, conservándose inalterables en las compañías, como una supervivencia de las creencias antiguas, de los antiguos pobladores de la región: los karios.
La característica señalada de la regionalización de un sistema de mitos ha facilitado la investigación de los siguientes aspectos: localización del mito, estructura, analogías y exégesis.

ANALOGÍAS CON LOS MITOS NÓRDICOS
1. Tupâ es el Thunor anglosajón o el Thor escandinavo, con sus mismas funciones. La tradición guaraní no recuerda un rapto anterior, protagonizado por Thor (Tupá) quien logró llevarse a Jarasxa (Arasý).
2. En la mitología escandinava, de dos árboles sagrados Asch y Embla, nace la primera pareja, a través de la savia tomada del suelo y circulando por sus raíces entrelazadas.
3. Loki es el espíritu astuto, maligno y traidor; Bálder es el espíritu recto, benigno y bondadoso, en la mitología nórdica.

El Ragnarök nórdico, o diluvio tiene
su símil en el Ñorairö Guaraní
4. En el siglo IX los vikingos ya estaban cristianizados, teniendo sacerdotes (avaré; avá es varón en godo; ré es pasado en guaraní) célibes llamados Thull Gnupa (Padre Ñupa), dando en guaraní Tunupa-Tumé.
5. Loki, el espíritu maligno escandinavo, se había casado con Angerboda engendrando con ella monstruos espantosos: la serpiente Yormund y el lobo Fenris, así como otros seres vivos.
6. En la mitología nórdica es Odín quien se preocupa de ordenar el mundo caótico de los gigantes, ases, silfos y elfos. Es que, los vikingos cristianizados, no tuvieron problemas de aceptar a Jesús en reemplazo de Odín o Thor. También lo hacían a través de los avaré, como en nuestro caso Thull Gnupa (Tunupa-Tumé). Odín convierte el Asgard en un gigantesco campamento y se anuncia la catástrofe, el Ragnarôk, el ocaso de los dioses. La palabra pasó al guaraní como Roñairô y luego Ñorairõ, con el significado de agresión mutua.
7. El mundo de los hombres es arrasado por incendios, terremotos e inundaciones. Es el caos, del cual surgirá un nuevo mundo.
8. Una nueva generación de dioses asume el mando. Surge un mundo sin disputas, lleno de amor, de bondad, pureza y felicidad para todos.
Además, los siete monstruos tienen su equivalente nórdico, con las mismas funciones. El Yaguahú (Jâger, cazador; Hund, perro), el perro cazador en norrés; en el mito nórdico es Gorm. El Mbói Tu’i es la gran serpiente (Yormund). El Moñái es un elfo escandinavo, el cual se dedica al robo, que atesora en las cavernas. El Yasi Yateré es un silfo de ojos azules y cabellos rubios; se apropió de la varita de las hadas. El Kurupí es el Freyr escandinavo, sensual y cazador, dotado de gran falo. El Ao Ao es un gigante de la mitología nórdica, capaz de engullir y transformarse en monstruo. El Huichó es el lobo Fenris, que ronda los cementerios y se alimenta de cadáveres.
 LA PALABRA DE PISTILLI
El erudito catedrático de la Universidad Nacional, el profesor Vicente Pistilli, atribuye a las criaturas de la cosmogonía guaraní un extraño mestizaje. Pistilli está persuadido de que ellas tienen bastante más que unas cuantas gotas de sangre vikinga.
En una entrevista concedida al Portal Guaraní, Pistilli dice:
“Los vikingos estuvieron en la Cuenca del Plata por lo menos un siglo antes que Colón, y dejaron huellas. Grabadas en las rocas de cerro Guazú hay infinidad de runas, la escritura vikinga. La lengua guaraní tiene numerosas palabras del norrés que hablaban los vikingos. La toponimia recogida por los jesuitas -Weibingo,Storting,Tocanguzir, por citar algunos topónimos- tiene indudablemente origen vikingo. La aldea guaraní está copiada de la fortaleza vikinga”.
Consultado sobre cuál sería la influencia vikinga en los mitos guaraníes, responde:

El dios Tupâ (llamado también Tupavé y
Tenondeté), es la suprema divinidad
de la raza guaraní (Escultura en madera
en el Museo Mitológico Ramón Elías de la
ciudad de Capiatá, Paraguay). Posee las mismas
funciones que el dios Thor del norte de Europa.
“Los siete hijos monstruosos de Tao yKerana tienen sus equivalentes nórdicos con las mismas funciones. Este mito no está incorporado en las tradiciones de la mayoría de las etnias guaraníes, sino que se mantuvo como un sistema propio del valle del Guarini Pytá, antigua tierra de los kari?og(del norrés: karl = campesino, og = casa), que fueron el resultado de la aculturación de los mbyá litoraleños por incursores vikingos en el siglo XIII. El Yaguahú (en norrés jager = cazador, hund = perro) es Gorm en el mito nórdico. El Mbói Tuí es la gran serpiente Yormund. El moñai es un elfo escandinavo que atesora sus robos en cavernas. En el Yasí Yateré, rubio y de ojos azules, debemos ver a Odín, que con una varita mágica crea las runas. El Kurupí es elFrey escandinavo, un cazador sensual y desmesurado genitalmente. El Ao Ao es un coloso de la mitología nórdica, capaz de transformarse en monstruo antropófago. El huichón es el lobo Fernis, que ronda los cementerios y se alimenta de cadáveres...
Las semejanza continúan en todo: la armadura, el código, el mensaje del mito. En las dos mitologías por igual, la primera pareja humana es creada con elementos vegetales y minerales. Los espíritus malignos guaraní y escandinavo se casan con hijas de la primera pareja y engendran monstruos. En ambas mitologías se registra una catástrofe universal: el Ragnarök u Ocaso de los Dioses, palabra que pasó al guaraní como roñairó y luego ñorairó, con el significado de agresión mutua. En este caso son tantos los puntos de contacto que debemos descartar la coincidencia normal”.
Sobre eventuales rastros biológicos de la presencia vikinga, Pistilli dice:
“La gente de la virtualmente extinta tribu guayakí desciende de un conjunto humano de raza blanca y biotipo longilíneo; lo hemos comprobado científicamente. Los guayakí son de raza blanca, ligeramente mestizados con mujeres amerindias en una época relativamente reciente. Los varones guayakí tienen piel clara, barba tupida, el pelo les ralea en la coronilla y el microscopio revela que es pelo propio de la raza blanca”.
-¿Con qué pueblo blanco vincula Usted a estos guayakí? –se le pregunta en otro tramo de la entrevista-
“Con una población de tipo ario, cuya presencia en el altiplano, siglos antes del Descubrimiento, está probada por nada menos que 300 momias rubias encontradas en Paracas y otros lugares del Perú. De cualquier manera que haya sido, las huellas de los vikingos en el acervo paraguayo son evidentes. Yo, personalmente, creo que llegaron hasta aquí, que entraron con sus barcos por los ríos navegables. También debemos pensar que alguna vez hicieron frente a otros vikingos venidos desde el altiplano con sus huestes aborígenes en son de conquista.
El hecho de que conservaron como símbolo tribal inscripciones rúnicas y runoides, que por último ellos eran capaces de trazar aunque ya no entendían su significado. El hacha de guerra de los guayakí, que es la primitiva hacha vikinga: una piedra afilada y empotrada en madera verde, donde queda como soldada cuando la madera se estaciona.
Hacia fines de la década del 60, un geólogo del Ministerio de Obras Públicas, Pedro González, halló en el departamento de Amambay, 157 grutas con las paredes cubiertas con esas inscripciones. En la década siguiente, el profesor Jacques M. de Mahieu y el runólogo alemán Hermann Munk estudiaron 61 de las inscripciones en cuestión.
Algunas de las inscripciones son rúnicas de diseño clásico y otras revelan un largo proceso de degeneración gráfica. El profesor Munk pudo reconocer también un dialecto medieval que se hablaba en Schleswig y que era intermedio entre el norrés -antiguo danonoruego- y el bajo alemán”.
Pistilli se enzarza en una apabullante demostración de hasta qué punto está inficionado el guaraní, lengua de origen malayo-polinesio, con palabras del norrés apenas deformadas por su uso en un medio extraño y a través de los siglos.
“Hasta la palabra guaraní se la debemos a los vikingos -dice-. Viene de wariní, que quiere decir, en godo, de los guerreros”.
Pistilli acaricia un hacha guayakí, con aire melancólico. Reniega más del desinterés con que siempre fue recibida la hipótesis vikinga que de la oposición que se le ha hecho. El profesor de runología y jefe de los Archivos Rúnicos de la Universidad de Oslo, profesor James E. Knirk, no ha demostrado gran entusiasmo al señalar que sólo con un estudio in situ la institución a su cargo podría certificar el origen de las inscripciones en las cuevas de cerro Guazú.
“Sin embargo -se lamenta Pistilli-, esto es muy importante, demostrativo de que América no le debe exclusivamente a España todo lo que la Conquista trajo del Viejo Mundo, ni siquiera las primeras nociones cristianas, porque los vikingos estaban cristianizados cuando llegaron acá. Pero a los paraguayos nada nos parece muy importante. ¡Somos bien raros, nosotros!”

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