sábado, 15 de diciembre de 2012


Cuentito Medieval

De como el hombre suele confundir el “tener” con el “sentir”, y de las complicaciones questa industria le  acarrea

                                                                                                                             




Escriba Medieval





Amados Cofrades: hurgando en antiguos pergaminos encontré una breve historia que hoy deseo compartir con vosotros: dicen que había una vez (porque así debe comenzar toda historia que se precie de tal) un Señor feudal muy rico que invitó a un amigo muy pobre a contemplar su colección de valiosísimas joyas (que si no fuesen valiosísimas no serían joyas). Al terminar la visita el hombre pobre se despidió diciendo: -os agradezco hayáis tenido la bondad de compartir conmigo este tesoro-
-¡Cómo compartido!- exclamó el hombre rico- ¡si solamente lo habéis mirado!-
-¿Y qué otra cosa podéis vos hacer con él?- respondióle el hombre pobre.
Deste insignificante episodio ocurrido en alguna parte desta pequeña y lejana comarca, se desprende que existe una clara diferencia entre “tener”, y “sentir”, y que el día que los hombres pongan énfasis en lo segundo, recién entonces se podrá considerar que no serán esclavos de sus posesiones materiales.
Algunos relatos orales aseguran que el hombre pobre solía recoger algunas rocas en los lechos de los ríos, a las que luego rompía para traer al presente historias del pasado remoto. Dentro desas rocas el hombre contemplaba minúsculos caracoles que la presión de milenios de evolución habían tornado en piedra.
Acaso podéis pensar que el asunto es igual al del hombre rico que atesoraba joyas, pero no. La diferencia estaba en que el hombre pobre “sentía” sus piedras, y el rico nada mas las “tenía”.
Quizá uno de los males que nos aquejan en este año del Señor (Feudal) de 1512, sea la falta de freno para la ambición humana. Los hombres quieren “tener” todo, y esa ceguera mental les impide darse cuenta que en realidad la premisa es “sentir” todo.
Prestad atención –gentiles y pacientes integrantes de esta Cofradía- el hombre suele decir que mas vale ave en el talego que ciento volando, pero en realidad es una manera de compensar la frustración de no poder “tener” toda la bandada.
En resumen, el hombre se miente, y no solo cuando de tesoros se trata, también se miente cuando dice: con lo poco que tengo soy feliz, pues a lo sumo está contento. En la medida que aprenda a otorgarle mas valor al “sentir” que al “tener”, quizá pueda aproximarse a eso que llaman felicidad.
Pero la idea de “posesión” va mucho mas allá, el hombre cree que la mujer que a su lado duerme, que los hijos que en el patio juegan, que el buey que su arado arrastra, que el burro que su noria gira, y que el amigo que en su mesa bebe, le pertenecen. No piensa que todo cuanto le rodea es prestado, y no por mucho tiempo, solo por ese instante que su vida dura; nada, para la infinitud del universo. Y el hombre se levanta todas las mañanas empeñado y empeñando las horas del día en “tener”; y se acuesta cansado para levantarse al otro día (aún mas cansado) creyendo que su silo tiene mas trigo, su talego mas monedas, su bodega mas vino, y su mujer mas amor. Claro… el afán por “tener” no le permite al desdichado “sentir” a la mujer que a su lado duerme, saber que las monedas del talego no son mas que un objeto de cambio, disfrutar la maravilla de la espiga mecida por el viento, o dejarse invadir por el perfume del vino en los toneles.
Y el hombre –Amados Cofrades- se empeña  en la lucha por “tener” como si nunca se fuera a morir. Y no se trata de vivir pensando en la parca, nada de eso; cosa inteligente es no pensar en Ella, pero ocurre que el hombre vive pensando en lo que hizo ayer y elucubrando lo que hará mañana, olvidándose que la estrategia es “ahora”, y que el instante que llaman “presente” es tan efímero que después de escribir la palabra siguiente, ya es “pasado”.
Ya lo se. Muchos de vosotros dirán (no sin razón) que los humanos conflictos no habrán de resolverse con fórmulas mágicas, ni chácharas de viejos escribas medievales, y verdad es que por eso mismo el hombre se resiste a despojarse del “tener”; unas veces lo hace por capricho, otras veces porque le resulta cómodo, otras porque pretende “compensar” sus frustraciones, y siempre por miedo. Es por miedo al futuro que llena su cabeza de creencias, y es por miedo a la escasez que llena su talego de monedas, su silo de trigo, su tonel de vino, y es por miedo a caer en el eterno olvido que a su mujer llena de hijos.





Moraleja:
                Quien entienda la pequeñez de todo lo que es grande, entenderá también la grandeza de todo lo pequeño.
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