viernes, 1 de febrero de 2013

Cuentito medieval



De como evitar que el beber altere el pensamiento, y torne al hombre bueno y sabio en ridículo remedo de un jumento





Escriba Medieval


Vinum in jucundidatem ab initio creatum non ad ebrietatem



Nobles y nunca bien ponderados integrantes desta Cofradía: una destas noches cayeron de lo alto de los estantes donde guardo viejos pergaminos, un par de rollos que –al recogerlos- no pude resistir la tentación de extenderlos sobre la mesa de mi scriptorium. Acercado que hube una candela, me entero que – según Suidas- la costumbre de saludarse en la mesa por medio de libaciones, en la antigüedad se llamaba filotesia, (lo cual tenía como significado, amistad y salud). Dicen que primeramente, el dueño de la casa se hacía llenar la copa de vino, del que derramaba un poco en el piso invocando el nombre de dioses, o –según Homero, Filóstrato, y algunos otros, se aproximaba la copa a los labios y bebía a la salud del invitado a quien quería distinguir deseándole toda clase de felicidades. Luego, el aludido tomaba la copa, bebía a su vez correspondiendo los deseos, y la pasaba para que el resto de los invitados pudieran hacer lo mismo. 
Sin embargo, Nobles contertulios, tal lectura disparó una vez la imaginación del humilde hacia algunos aconteceres pueblerinos que nada tienen de imaginarios.
Ocurre qu´este año de 1513 recién empezado ha traído a la comarca una suerte de afán por beber hasta caerse, y lo peor es que tal industria se ve mas en los jóvenes qu´en los viejos.
¿Por qué lo peor?, os preguntaréis, simplemente porque los jóvenes serán quieren construyan las naciones, mientras que las actitudes de nosotros, los viejos, poco y nada incidirán en ello.
Recordad que si la gula embota el pensamiento, el beber en exceso anula en el hombre los mecanismos que sujetan la bestia, y en suma, destruyen la libertad.
El vino fue creado para salud regocijo, y no para enfermedad, sin embargo el hombre que no encuentra la frontera entre tales asuntos llega fácilmente a la degradación.
Todos los pueblos del mundo han sabido descubrir en la naturaleza, esencias y frutos que –procesados- les proporcionan licores embriagantes.
En Egipto encontramos desde la mas remota antigüedad la cerveza, dela cual había dos variables: una dulce, llamada zithum, y otra mjas fuerte llamada cormi.
Grecia trató durante mucho tiempo, de inspirar horror a la embriaguez; la mitología representa al viejo Sileno (viejo conocido nuestro) montado en un asno, tendido sobre un odre, y pintarrajeado con heces, para que sirva de motivo de risa del  pueblo…!oh!.. ¡vaya sorpresa!...percibo que poco ha cambiado en este 1513.
Licurgo mandó arrancar las viñas como método para erradicar “el mal”, y ofreció a los jóvenes el espectáculo de cien esclavos embriagados. Si embargo pronto pudo mas el gusto que la razón, y multiplicáronse las excusas para entregarse a la embriaguez.
Algunos médicos complacientes aseguraron que los excesos en la bebida “purgaban las acrimonias de la sangre”, los filósofos legitimaron la “sensualidad” de beber, y el mismo Platón permitió embriagarse a los hombres, a partir de los cuarenta años.
Interesado en estas cuestiones, fui entonces en procura de otros papiros que guardo en lo alto del scriptorium, donde se fabla que los árabes encuentran en la simiente del cáñamo el principio de un brebaje incitante; los habitantes de las regiones frías, como los siberianos y los lapones, tienen el braga, y el quass, una especie de cerveza de setas y centeno; la leche de yegua proporciona el kumiss a los tártaron, los chinos tienen el facki, y los habitantes de la India el arack, que extraen de la caña de azúcar, y el tabaxir, que sacan del bambú.
Persia tiene su aguardiente de dátiles y pasas, Egipto su savia de palma fermentada, Germania el kirsch, extraído de la guinda, y bretania el gin, de bayas de jengibre.
Recordad entonces, amados integrantes desta Cofradía, questas bebidas influyen negativamente sobre las facultades mentales, y por lo tanto sobre la voluntad, reemplazando el control de la razón por una excitación perniciosa. Cuando el bebedor se torna comunicativo y osado tras algunas libaciones, es precisamente porque su capacidad de raciocinio se ha debilitado. Habla más, pero piensa con menos acierto. Su palabra gana en cantidad, pero pierde el sentido común, por lo que no tarda en decir tonterías.
Por estas regiones tenemos el hipocrás, un vino muy popular cuyo nombre procede del médico Hipócrates. Su elaboración se remonta a principios del siglo XIII, y en realidad fue concebido como un tónico medicinal que combate catarros, malas digestiones y que estimula la sudoración. También se indica para cuando la mujer sufre la sangre del mes, o como afrodisíaco. Se elabora con una mezcla de vino tinto y blanco, a la que se añade miel y especies como la nuez moscada, jengibre, pimienta negra, canela o clavo, y luego se hierve en grandes cazos. A partir del siglo XI, los monjes de los monasterios cristianos se hicieron cargo de elaborar cerveza y mejoraron la receta. A este tipo de cerveza se la llamó cerevisa monacorum, cerveza de los monjes con denominación de origen, y cuyo secreto guardaba celosamente cada fraile boticario. Los ingredientes principales de la cerveza eran la cebada malteada, el agua y la levadura. En ocasiones, se añadía romero y tomillo para evitar que la cerveza se estropeara (acción contra el moho y las levaduras) y para darle sabor. Esta cerveza era turbia y muy nutritiva, y la consumían tanto los campesinos como la nobleza. Los monjes europeos refinaron el proceso e institucionalizaron el uso del lúpulo por su sabor y sus propiedades como conservante.
Como veis, Nobles contertulios, la caída fortuita desos rollos a los que antes aludiera, disparó en la mente del humilde el deseo de fablaros sobre las bebidas, o mejor, sobre el exceso dellas. Pero como escribir sobre estos asuntos buena sed me ha provocado, voy me a beber una copa de vino….a vuestra salud.



Moraleja:
                Brindemos con dicha y con placer a la salud y fortuna del Amigo, mas no permitamos qu´el exceso, transforme al invitado en enemigo.
           

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