viernes, 13 de septiembre de 2013

 JOSÉ DE RIBERA, PINTOR DE LOS SANTOS

José de Ribera, Llamado el Españoleto, nació en Játiva el 12 de enero de  1591 y murió en Nápoles el 2 de setiembre 1652. No se tienen noticias seguras sobre su formación artística, si bien se cree que fue discípulo de Francisco Ribalta.
Hacia 1608-1610 marchó a Italia, donde visitó la corte de los Farnesio en Parma (San Martín partiendo su capa con el pobre) y se interesó por la obra de Correggio. Hasta 1616 estuvo en Roma, donde admiró a RafaelMiguel Ángel y, especialmente, a Caravaggio. Allí consiguió celebridad y realizó obras de una gran calidad, como evidencian El gusto y El tacto, de la serie de Los cinco sentidos.
Se estableció definitivamente en Nápoles, donde se impuso como la personalidad más importante del foco napolitano. Gozó de la protección de los virreyes, que le fueron adoptando como pintor de cámara, como el duque de Osuna, para quien realizó el grupo de obras de la colegiata de Osuna, el conde Monterrey (Inmaculada y otras obras en la iglesia de las Agustinas de Salamanca) y don Juan de Austria. Trabajó para la iglesia napolitana de Jesús Nuevo, la capilla de San Jenaro de la catedral y, sobre todo, para la cartuja de San Martín, que conserva un magnífico conjunto (serie de ProfetasPiedad). De 1620 a 1626 no se tienen noticias de obras pictóricas, pero a este período corresponden la mayoría de sus gra
bados, técnica que cultivó con maestría (Martirio de san Bartolomé).
De su origen español conservó siempre el gusto por la temática religiosa (La bendición de Jacob), con figuras aisladas de santos (abundando los penitentes y mártires) de rostros atezados y frentes arrugadas, plasmados con crudo realismo (San AndrésSan Jerónimo), así como milagros, martirios (Martirio de San FelipeMartirio de San Andrés), episodios del Nuevo Testamento y vírgenes con Niño. Sin embargo, también cultivó el género mitológico y el retrato, y realizó las series de los Filósofos, así como representaciones de mendigos y tipos populares.
Hasta 1634 su estilo se caracterizó por un acusado tenebrismo, con violentos contrastes de luz, un plasticismo duro, un crudo realismo en los detalles y cierta tendencia a la monumentalidad. A partir de ese momento optó por una pictoricidad más libre y un colorismo más rico, así como por temas y formas más amables, asimilando influencias venecianas y boloñesas. En su producción final parece advertirse un repliegue hacia formas de su período juvenil, retornando al tenebrismo y los contrastes lumínicos.


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