viernes, 11 de octubre de 2013


¿Y si la Gioconda no es la Mona Lisa?


En un banco suizo había una obra que ahora se sabe que es un Da Vinci. Con ella se abre un nuevo interrogante. En las imágenes, antes y después; el boceto de Isabella que se conocía y el cuadro terminado, que ahora se encontró.


Una vez más, el artista italiano Leonardo Da Vinci (1452-1519) está en el centro de las conversaciones de los historiadores del arte. Es que el genio renacentista no para: ayer apareció una de las obras que los expertos –aun sin estar seguros de su existencia– llevaban años buscando: un retrato a color de Isabella D’Este.
La dama fue una de las mujeres más influyentes del Renacimiento italiano y mecenas de artistas de la talla de Rafael. Se sabía que ella había sido retratada: un boceto suyo a carboncillo, datado en 1499, se conserva en el museo parisino del Louvre.
Los historiadores del arte llevaban años discutiendo si Leonardo habría llegado o no a pintar el retrato definitivo. Este hallazgo parece ser la respuesta: Carlo Pedretti –máxima autoridad en estudios sobre Da Vinci de la Universidad de California– dijo en declaraciones al diario italiano Corriere della Sera que “no hay duda sobre la autenticidad de la obra”.
Pero lejos de ser el fin de la intriga, este parece sólo el principio: Los expertos presentaron varios documentos de los que, dicen, se puede deducir que la Mona Lisa y la Gioconda podrían ser dos cuadros distintos. En los documentos se habla de una de las dos modelos (no sabemos cuál), como una dama italiana consorte de un caballero llamado Francesco. Y así se llamaba el Duque de Mantua, esposo de Isabella D’Este. Por eso, la duda de que una de ellas fuera realmente Isabella queda latente y tendrá que ser investigada más a fondo, aunque las opiniones más osadas apuntan ya a que la pintura encontrada podría ser la que el artista llamaba “Mona Lisa”, cuyo nombre vendría entonces de Mona L’isa (bella).
Por el momento, lo que se sabe de la pintura –que fue encontrada en la cámara acorazada de un banco suizo, propiedad de una acaudalada familia italiana que por ahora ha preferido no revelar su identidad– es que se trata de un óleo sobre tela, de 61 cm de largo por 46,5 cm de ancho, realizado entre 1513 y 1516, y que presenta similitudes con el famosísimo cuadro pintado entre 1503 y 1519. Se parecen unas serie de aspectos: en la redondez del mentón, en la pose, en el color y la iluminación y, claro, en la enigmática sonrisa. La pintura, además, tiene varios motivos iconográficos inspirados en Catalina de Siena (1347-1380), como la corona y el cetro.
Según Pedretti, “es una pintura excepcional”. El experto va más lejos y asegura que el retrato de Isabella es “único en el mundo”.
No es la primera vez que un hallazgo relacionado con la obra de Leonardo Da Vinci está a punto de cambiar de forma significativa un pedazo de la Historia del Arte y no cabe duda de que bien podría ser, además, el argumento perfecto para otro de los novelescos best-sellers sobre la obra del artista. Podría ser una de esas novelas que tan bien parece dominar el escritor norteamericano Dan Brown que, con obras como El Código Da Vinci ha conseguido que, en el imaginario de muchos de sus lectores, se desdibuje la finísma línea que parece separar la realidad de la ficción en lo que se refiere a Da Vinci,
los supuestos secretos que encierran sus obras y los vínculos de algunas de ellas con los comienzos del cristianismo.



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