viernes, 2 de septiembre de 2011

Viejas estancias
 (de Washington Eugui)



Roberto Sari Torres

Así se titula el emprendimiento literario  que Washington Eugui ha escrito recientemente. Es una recuperación esencialmente ordenada, de un rubro faltante en la historia del área sansalvadoreña-espinillera, que Dolores tenía para con el suceder del siglo XXI.
Washington Eugui comienza si investigación a partir de la historia escrita y datada –en parte- desde los años primeros del descubrimiento de estos parajes por parte de los navegantes españoles, como Solís, Magallanes, Rodríguez Serrano, Gaboto, y Antón de Grajeda; a quienes los seguirán por acá Ortiz de Zárate, Garay, y Hernandarias. Desde entonces  la historia nunca detuvo su andar, pese a los vanos que se perciben entre uno y otro capítulo de losa siglos signados como 1.500, 1600, y hasta transcurridas ya las dos primeras décadas del 1.700.
Escuela Agraria La Concordia
Al sur del río San Salvador y suroeste del  arroyo Espinillo y hasta sus nacientes, el arroyo Agraciada linde Sur y del Oeste el propio río Uruguay, se delineaba el territorio de la estancia otorgada por el gobernador de Buenos Aires Bruno Mauricio de Zabala, al Capitán Juan Cabral de Mello, de 13 y media leguas cuadradas (de las de antes del sistema métrico –París 1792-) equivalentes hoy a unas 42 mil hectáreas. Pasando los siglos, tal territorio fue la matriz de las estancias “Concordia” y “Buena Vista” (La “Concordia” ilustra la tapa del  libro referido).
La marcha de las carretas del tiempo hace un alto necesariamente, a medida que pasan los años y cambia la gente en el viejo “Espinillo” y demás vasta vecindad territorial, y es ahí cuando el autor pone el mérito de ordenar la complejidad sucesoria del fraccionamiento que comienza en la propia estancia de Cabral de Mello y se extiende por los alrededores. El poder de los intereses de los privilegiados que en Buenos Aires rodean las cercanías de la gobernación, y del virreinato después, obtienen favores que se llaman estancias de miles de hectáreas; estancias territorios que luego en el siglo XIX se fraccionan en grandes y medianas (si se comparan con la de Cabral otorgada en 1719). En el siglo XX se van fraccionando aún más…más al alcance de la vista de sus dueños los lindes; estancias más chicas, chacras más grandes.
En muy bueno el rescate histórico que hace Washington Eugui en su libro; un recordatorio regional de la sucesión de estancias, propietarios, su inventario, el área, y otras interesantes referencias…como las que han dado lugar a una variada inspiración de relatos donde bellaquea la leyenda de “luces malas” y “lobizones”. A partir de ahora, “Viejas Estancias” queda como un dossier al que recurrir por cualquier memoria perdida, pero recuperada aquí, y que la ciudad se debía para llevar, como uno más de sus pasaportes históricos en su viaje hacia el porvenir. En las “aduanas” del mañana habrá un elemento literario más con el que justificar el presente.                                         

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