viernes, 18 de mayo de 2012

EL CUENTITO MEDIEVAL
De como el Escriba recibió en la alta noche al visitante de las sombras, y de la charla secreta que tuvieron




Escriba medieval

Amados Cofrades: Han pasado ya algunos días desde que aconteció el episodio que hoy deseo relataros, aunque en realidad no pensaba hacerlo porque no deja de ser un suceso de poca monta. Sin embargo lo he pensado bien y por lo tanto os lo contaré.
Era una noche tormentosa.  La lluvia caía casi horizontal empujada por un cierzo helado que de a ratos arreciaba incompasivo. Mi cansancio habitual por la lógica de los años y largas jornadas de trabajo, sumíamne por las noches en profundo sueño. La hornacina que ardía en mis aposentos calentaba las losas de mi torre, y las mantas del camastro los huesos del humilde.
Destos asuntos se entiende que mi sueño perduraba siempre mas allá de las tormentas, porque –entre otras razones- mi espíritu tenía demasiada paz para que Zeus lo alterara con sus rayos celestiales.
Sin embargo la noche que os refiero, mezclados con la lluvia y el tronar llegaron otros golpes. Alertado que fui por frenético sonido que nada tenía en común con el meteoro, bajé hasta el scriptorium y escuché… no tardaron en repetirse bastonazos en la puerta que alguien daba como quien pretende abatir la fortaleza.
Abrí entonces la pequeña tronera, y entre relámpagos vislumbré una sombra entre las sombras.
-¡Abrid Maestro! ¡Dejadme entrar por ventura de los dioses!- clamó la sombra apenas recortada en la gran sombra.
-¿Quién osa a estas deshoras importunar mi sueño? -inquirí mas curioso que enojado.
-Soy… dijo la sombra, y su nombre perdióse con el trueno.
-¿Qué cosa poseo que alguien quiera para si?- Pensé por un momento.
-¿Qué cosa que no sea la vida puedo perder?- Pensé de nuevo… y descorrí el cerrojo.
-¡Gracias Maestro! ¡Gracias! ¡Y perdonadme por ser inoportuno…mas… de importantes noticias soy portador esta noche!
-Cálmate, respira, y sécate un poco. Os daré una manta por cubriros y un trago de aguardiente.
-¡Gracias Maestro! ¡Gracias!-
-¡Deja ya de agradecer! ¡Y de llamarme Maestro! Solo soy un aprendiz de todo, y además “el ignorado”.
Bebió el visitante dejando caer un hilo de licor por cada comisura de la boca, y sentóse junto a la lumbre que acababa de avivar.
-Habla –dije- y que lo que tengas que decir te justifique.
-Sabes –comenzó diciendo el casi sombra- el Señor está débil y se gesta una revuelta.
-¡Vaya novedad! ¡Si esa es la noticia por donde llegaste puedes irte!
-No es la debilidad del Poder la que refiero. Es la de su cuerpo a la que aludo.
-¿Y qué tengo yo que ver con eso? No soy ni médico, y hechicero menos.
-Ocurre que en los pasillos de Palacio se conspira.
-Siempre se conspira en los pasillos de Palacio. Aún cuando los reyes están fuertes.
-Los gestores del asunto desean tu consecuencia. El pueblo respeta tu saber, y atento estará entonces a tus huellas.
-¿Olvidas acaso que ese pueblo me ha ignorado? ¿Por qué suponen los traidores que habré de acompañarlos? ¿Tan escaso entendimiento tienen que no admiten alguien diferente?
-Varios son los que ven con demencial deseo el sillón del Amo, y como vos has criticado algunos procederes…
-Puedo yo haber criticado procederes, y haciéndolo habré de continuar. Pero eso no significa que levante mi pluma contra el débil. Igual… nada le digas a los conspiradores desta guisa, no lo entenderían. El chacal aguarda que se alimente el lobo para roer los restos, y la rata que el chacal lo haga; el gusano vendrá luego, y mas tarde los minúsculos habitantes de la tierra harán el resto. Nada tengo que hablar con quienes están al final de esa cadena.
-Te tratarán de soberbio.
-Nadie sabe mejor que ellos que soy un hombre lleno de defectos…además de viejo. Cada uno de los que ahora conspiran me conoce.
-¿Qué haré entonces? ¿Qué aconsejas?
-Tú estás muy cerca del Señor, de modo que ve y dile que has estado en mi morada. Que no habré de visitarlo, pero si una noche necesita una tisana que te envíe a por ella. El humilde puede traspasar la armadura de un hombre con su pluma. Pero no lanzará una gota de tinta contra el débil. Dile eso a tu Amo…nada mas. Se que no habrá de responderte, pero su silencio será para mi como leer un pergamino a pleno día.
Amanecía cuando el visitante perdióse entre la bruma. La tormenta tronaba allá, muy lejos, y entonces empuñé un canuto nuevo y escribí:



Moraleja:

                 No os preocupéis cuando las ratas salten de tu barco; no irán lejos. Cobardes y traidores acaban siempre, dejando en un vil charco su pellejo.
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