viernes, 27 de julio de 2012

El “tesoro” enterrado
en la playa Los Vascos


Ni monedas de oro o plata, ni cristales preciosos, ni loza inglesa, sólo había una barra de hierro, una botella de cerámica sin pico y un bolón de vidrio. Esos fueron los objetos hallados dentro de un barril que unos vecinos desenterraron de la Playa Los Vascos, al norte de la costa de Nueva Palmira. La historia dice que allí existió una curtiembre.
La noticia del hallazgo del domingo corrió como reguero de pólvora y los comentarios durante la semana han sido diversos, incluso se ha dicho que el helicóptero que el lunes sobrevoló la ciudad tiene que ver con el “tesoro”.
Lo cierto es que dos barriles –uno más pequeño encajado hasta la mitad dentro del otro- fueron encontrados enterrados verticalmente en la playa conocida como Los Vascos. El que estaba dentro del otro -de no más de un metro de alto por unos de 60 centímetros de diámetro en sus extremos y de 80 cm. en el centro- fue retirado por partes debido a que se desarmó una vez que perdió contacto con la arcilla. Y el que aún se encuentra debajo de la superficie al no poderse sacar por el agua del río, es de mayor tamaño y tenía adentro una barra de hierro de 93 cms. con forma de una herramienta, una antigua botella de cerámica sin pico con la escritura: “Monteiro”, y más debajo “Doulton Lambeth; y una pequeña esfera de vidrio similar a un bolón, con colores en su interior.
Jorge Menéndez, el vecino que halló el famoso “tesoro” palmirense, relató a EL ECO que todo comenzó un día de noviembre del pasado año cuando caminaba por la playa. “Ví que de la arena sobresalían unas maderas que formaban un círculo, y enseguida supe que había un barril enterrado”. Como ese día no pudo excavar para ver de qué se trataba, y para que nadie supiera su existencia, quebró las maderas que sobresalían y así quedó escondido debajo de la arena. Para recordar el lugar “puse una piedra y conté la distancia de unos árboles”. Al día siguiente regresó al lugar para desenterrar el barril, “pero el río estaba crecido y no pude”. Con el paso de los días desapareció la piedra y “no logré recordar bien dónde estaba. Nadie me creía cuando lo contaba”.
Pasó el tiempo, y el pasado domingo aprovechando que había bajante “fui a ver si lo ubicaba, y allí estaba, regresé a casa por una pala e invité a mis vecinos (Richard Godoy y su hijo Ezequiel) para sacar lo que había”.
Sobre las 4 de la tarde comenzó la búsqueda. “Sacamos la arcilla que había dentro del barril, pero no tenía ningún objeto adentro. Retiramos por partes las maderas y dos flejes de chapa del barril; y más debajo seguía otro tonel más grande, en el cual por la mitad había como una tapa de ladrillos y había una barra de hierro que la atravesaba. Uno a uno retiré los pedazos de ladrillos y de abajo y al tanteo entre la arcilla y el agua encontré la botellita de cerámica y el bolón de vidrio”, comentó Menéndez.
“No había más que eso, el que diga lo contrario está mintiendo”, aseguró el vecino. “Sonrío porque ahora hay gente que dice que voy a ser rico porque los comentarios son muchos, pero no, no había ninguna moneda de oro ni nada que se parezca”, precisó.
Como el agua del río impedía seguir excavando, abandonaron la búsqueda.
Al día siguiente, el lunes, el alcalde Andrés Passarino y el concejal Fabio Aguirre, ante la noticia concurrieron al lugar. Prefectura al ver movimiento en la costa, se acercó y se enteró del hallazgo. Al mismo tiempo se dio cuenta sobre el hecho a Jorge Frogoni, historiador y funcionario del Museo Prof. Fco. Lucas Roselli.
A todo eso el río ya había vuelto a su cauce normal, cubriendo el lugar donde se encontró el “tesoro”. De igual forma sobre el mediodía del martes se intentó excavar con una retro para descubrir el segundo barril, pero no se pudo por la arcilla existente en la playa. La búsqueda se postergó a la espera de una nueva bajante del río. Algunos trozos de madera del barril que se lograron retirar fueron llevados a la Prefectura.
El miércoles Menéndez concurrió a Prefectura para brindar detalles del hallazgo al prefecto José Luis Elizondo, al igual que Ezequiel Godoy quien proporcionó las fotos del momento en que se excavó para retirar el barril y los objetos que había en su interior.
Quedará ahora determinar por qué estaban esos barriles enterrados en esa playa, y de qué época datan.




El pasado podría
dar una explicación



EL ECO consultó a Jorge Frogoni, funcionario del Museo Prof. Fco. Lucas Roselli e historiador palmirense, quien el lunes, después del mediodía, fue informado por el alcalde Andrés Passarino de que en una playa al norte de la ciudad “se había desenterrado algo interesante”.
Fuimos al lugar y había una pequeña excavación próxima a la costa del río, y más arriba junto a la barranca, un montón de maderas en muy mal estado y unos fragmentos de hierro, que denotaban, tanto la madera como el hierro, haber pertenecido a restos de un antiguo barril”.
Jorge Frogoni
“Se comprobó que efectivamente, la madera al igual que los flejes o sunchos de hierro, eran de un antiguo tonel que estaba enterrado verticalmente en la costa”, comentó Frogoni.
“No sabemos a ciencia cierta qué contenía, pero los toneles o barriles de madera fueron utilizados por siglos para transportar líquidos (vino, whisky, agua, etc.) o sólidos (pólvora, sal, carne salada, etc.). Eran los `containers´ de la época, hasta principios del siglo XX. Hoy día sólo se utilizan para almacenar vino en las bodegas”, explicó.
“Es probable, dado el lugar, que el barril o barriles, hayan pertenecido a la que por años se conoció como `Curtiembre Vieja´. Fue la primer curtiembre del español Antonio Rodríguez Goya, instalada por 1885, y que después, más hacia fines del siglo, se instaló próximo al arroyo Higueritas, conocida como `Curtiembre Nueva´. Para tales fines, la sal y otros productos eran imprescindibles para curtir los cueros, los cuales en barriles eran transportados en barco. No es de extrañar que muchos de estos toneles o barriles fueran reutilizados, algunos para juntar agua, otros como depósito de basura, e incluso en zonas de arenales también fueron enterrados y utilizados como pozos de letrinas”, historió Frogoni.
“Sin duda la o las personas que excavaron desenterraron una pequeña parte del pasado de Nueva Palmira, y que como tal es bueno que no se oculte, sino, por el contrario, que se preserve y que se dé a conocer a los palmirenses donde todos podamos apreciarlo”, subrayó.


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