sábado, 15 de septiembre de 2012

Apuntes de Pintura

El legado de Hitler

 

 Ángel Juárez Masares

 
Nadie ignora la pasión que Adolfo Hitler profesó por el arte, llegando incluso empuñar los pinceles para crear una obra propia que trascendiera.
No obstante para entender el título de esta nota debemos remontarnos a 1937, cuando en aquella Alemania dominada por el delirante, la represión y persecución de los artistas modernos estaba en la mira del susodicho, y culminara con la tristemente célebre muestra denominada “Entartete kunst” (Arte degenerado), una exposición en que cientos de obras de artistas como Oskar Kokoschka y Henri Matisse fueron ridiculizadas con carteles insultantes.
Los afortunados fueron quienes lograron refugiarse en Estados Unidos entre 1933 y 1944, pese que el registro de admisión de quienes huían del nazismo fue deprimente, pues de las míseras cuotas de inmigración se llenaron menos de la mitad debido al miedo de Franklin Roosevelt, y la xenofobia del Subsecretario de Estado Breckinridge Long. Los artistas no constituyeron excepciones, pero algunos lograron entrar amparados por amigos, y se afincaron en su mayoría en Manhattan y Los Ángeles. Entre ellos –desde París- llegaron Fernand Leger, Marc Chagall, Piet Mondrián, Jacques Lipchitz, y un grupo de surrealistas que se fue a Nueva York; Marx Ernst, André Bretón, Yves Tanguy, André Masson, y Roberto Malta. Desde Alemania , Oskar Kokoschka, Kurt Sachwitters, y el dadaísta John Heartfied pasaron a Londres, mientras que Max Beckman, Josef Albers, y George Groz se fueron a Estados Unidos.
Podría decirse entonces, que Hitler había regalado a los Aliados un inmenso patrimonio cultural, y no solo se trató de pintores o escultores. Después que la Bahaus, la Escuela Experimental de Artes Visuales de Alemania fuera suprimida, algunas de sus principales estrellas se refugiaron en Norteamérica, donde su ejemplo y enseñanzas cambiaron la arquitectura haciendo de Nueva York y Chicago el epicentro del estilo de postguerra. El estudio académico de la historia del arte –que había sido bastante elemental en Estados Unidos en la época del ´30- se transformó gracias a los refugiados judío alemanes y judío austríacos, y pese al antisemitismo endémico de muchas Universidades americanas.
Por otra parte algunos pintores, como André Masson, no cambiaron esencialmente su estilo debido al exilio, aunque la violencia y sexualidad “primitivas” de Masson, representadas en “The Seeded Eeart”, tuvieron un efecto considerable sobre los pintores norteamericanos, sobre todo en el joven Jackson Pollock.
Para algunos, el nuevo contexto de exilio constituyó un estímulo para la creación. En Londres, Kokoschka  llegó a conocer a través de su amigo marxista Francis Klingender –historiador de arte y refugiado alemán- la tradición de la caricatura inglesa, que luego se vieron reflejadas en pinturas tales como; Anschluss (Alicia en el país de las maravillas), 1942.
El siempre atento Salvador Dalí se las ingenió para incluir una buena cantidad de imágenes Pop en sus cuadros mientras trabajaba en los Estados Unidos. Creada casi de inmediatamente después de Hiroshima y Nagasaki, su “Melancholy Atomic and Uranic Idyll (1945) contiene un bombardeo asó como el primer jugador de baseball que apareciera en un cuadro surrealista.
Es oportuno señalar que los exiliados mas profundamente afectados por la cultura norteamericana no fueron los pintores, sino los escritores, músicos, y directores. Desde Bertolt Brecht a Arnold Schoenberg, Lubitsch y Thomas Mann, que se sintieron atraídos por Los Ángeles, trabajaron de manera irregular –aunque muchas veces con éxito- para el cine, y durante el tiempo que transcurrió entre el Anschluss y los años de Mc Carthy, lograron hacer de esa ciudad una suerte de extensión del Berlín y la Viena que habían perdido.
En definitiva, quizá pueda parecer desatinado pensar que la guerra, la segregación, y la xenofobia, puedan tener –o desembocar- en aspectos positivos para la humanidad si pensamos en el sufrimiento que provoca, pero sin duda en este caso permitió a los artistas, no solo continuar creando, sino trasmitir conocimientos, y por lo tanto provocar e incentivar a nuevos artistas.
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