sábado, 29 de junio de 2013

Publican 40 aguafuertes escritas por Roberto Arlt en Rio de Janeiro




En las "Aguafuertes cariocas", Arlt no necesita más que de sus ojos, un papel y un lápiz para dar vida a un mundo supuestamente ajeno al del Río de la Plata pero afectado por los mismos males y bienes: mediocridad, solidaridad, advenedizos y vividores, trabajadores y paisajes.



El libro, publicado por la casa Adriana Hidalgo, reúne 40 crónicas que el autor de Los siete locos escribió durante una estadía de dos meses durante 1930 en la ciudad quizá más hermosa y violenta de América del sur.
Arlt sólo vivió 42 años pero le sobró el tiempo para escribir novelas como El juguete rabioso, Los lanzallamas y El amor brujo, y obras de teatro como Saverio el cruel y La isla desierta, además de bendecir a El pozo, la primera novela de Juan Carlos Onetti, el más grande escritor uruguayo de todos los tiempos.
Y de viajar, del norte al sur del país y fuera de las fronteras, sólo con su oficio de reportero y su saber de escritor metido en ese mundo a causa de su fracaso como inventor de excentricidades varias. Amigo de Raúl González Tuñón, despreció al credo comunista y al populismo. Arlt era un anarquista de la estirpe de los asesinados en el Kronstadt.
Estas crónicas, publicadas en el diario El Mundo, son posteriores a la publicación de Los siete locos. Carlos Muzio Sáenz Peña, director del periódico y editor de fuste, decidió mandar al escritor a escribir crónicas, ese género hoy bastardeado sin piedad por la industria cultural.
Arlt estuvo en Brasil, Chile, España, Africa del Norte y el interior de la Argentina. Difícil encontrar una referencia de semejante calado a pesar de no hablar una palabra de inglés. El Brasil de Arlt -muy distinto al de Claude Lévi-Strauss- es un páramo atrasado, si se lo compara con la Buenos Aires de ese momento.

La ecuación ahora se ha invertido. La Buenos Aires contemporánea, laboratorio de la derecha más atrabiliaria del continente, no era aquella a la que el escriba retorna en hidroavión a recibir un premio de la Sociedad Argentina de Escritores, pocos meses antes del golpe de Estado comandado por un militar de apellido Uriburu.





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