sábado, 30 de noviembre de 2013

El hombre eléctrico de Perew




Con el cambio de centuria, entre el siglo XIX y el XX, apareció una moda que duró poco más de una década que recogía la tradición europea de los autómatas del siglo XVIII. Puede que no fueran tan refinados como los artilugios de salón dieciochesco, pero los “robots” antropomorfos eran lo último en diseño mecánico. Hubo bastantes de estos hombres de metal recorriendo las calles de los Estados Unidos, sobre todo, aunque en Europa también se fabricó alguno.


De entre todos los hombres de metal, destaca el gigante construido por Louis Philip Perew, un tipo de lo más ingenioso que dio vida a varios “hombres automáticos” o, también, “hombres eléctricos”, como solía llamarlos. Como digo, el más sobresaliente era un hombretón metálico revestido con una especie de piel de cuero, para que no pareciera artificial, que se vestía al modo de la época y hasta tenía bigote. Con más de dos metros de altura, el cochero eléctrico era capaz, al menos según Perew, de tirar de un carruaje en el que se instalaban cómodamente dos pasajeros. Según se comentaba…
…la primera exhibición del autómata se efectuó en un amplio salón en Tonawanda, en presencia de gran número de personas. El hombre eléctrico anduvo, arrastrando un pequeño coche en el que iba el inventor, con paso firme, ligero y elástico y casi sin hacer ruido. Dos veces dio vuelta al salón, y cuando uno de los presentes preguntó si podría andar mucho tiempo sin descomponerse, él mismo le contestó: “Voy a ir desde Nueva York hasta San Francisco”. La voz salía como de un megáfono dentro de la máquina. 1
Vale, era palabra de máquina, solo que había un matiz importante. El artilugio movía las piernas, pero no tiraba del vehículo, como es lógico. Todo era un complejo mecanismo de relojería pensado para que pareciera que el hombre de metal era quien tenía el protagonismo. En realidad, el coche tenía tracción trasera eléctrica, así de sencillo. En la mayor parte de las demostraciones se utilizaba un motor animado por baterías, pero cuando se deseaba recorrer un trecho considerable, se empleaba un pequeño motor de gasolina. Hombres automáticos como el de Perew fueron usados en ferias, campañas comerciales y políticas, llamando mucho la atención de la gente allá por donde pasaban. No se puede decir que caminaran realmente, pero lo importante era que parecía que lo hacían.


1 Fuente: Caras y Caretas, 8 de diciembre de 1900.

Ilustración de una de las patentes de Perew



Extraído de: http://www.alpoma.net
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