sábado, 30 de noviembre de 2013


Sobre el poemario “Coso”, de Gabriel Jiménez



 Luis Benítez


Nacido en 1982 en la provincia de Mendoza, Argentina, el poeta Gabriel Jiménez cursó el profesorado de Filosofía en la Universidad Nacional de Cuyo y se desempeña actualmente como docente en contextos de encierro. Publicó en 2009 el volumen titulado “Vidrio Molido” (Ed. Carbónico).
Esta segunda entrega del autor, “Coso”, publicada por Ediciones del Dock (Buenos Aires, 2013) lo ubica señaladamente en una región de la poesía argentina que evita la grandilocuencia –uno de los grandes males del género local- en busca de lo cargado de sentido por sí mismo, como lo están sus personajes y las situaciones por las que atraviesan, signadas por la pertenencia a un ámbito bien determinado, el microcosmos barrial, el gueto suburbano, en definitiva, la frontera tanto ciuda
dana como lingüística, allí donde la vida real y la diégesis del poema conforman una encrucijada engañosamente sencilla. La poesía de Jiménez no cede al intento de la representación, sino que emplea a sus criaturas marginales, los hechos cotidianos, las minúsculas aventuras y peripecias de todos los días, para construir una densa metáfora: el “condado”, esa porción de sufrimiento, deseo, postergación y también de afiladas alegrías donde vive el “coso”, nuestro sujeto narrante.
La mímesis de su escritura no es una más o menos feliz, por tramos, imitación de las expresiones y el sentir de sus anónimos héroes de todos los días, sino la manifestación en carne viva de aquello que muchos no saben cómo expresar, aunque lo sientan. Se vale Jiménez para ello de un lenguaje dotado de una notable precisión, siempre al borde del sarcasmo, aunque sus abundantes ironías destilan casi invariablemente una oculta ternura ante los hechos o las personalidades de las que da abundante cuenta en este poemario breve pero hondo. Surge así una construcción entrañable, donde paisaje suburbano y gentes se mixturan, para dar un corpus cargado de sentido, al modo del mejor minimalismo –el de los poemas finales de Raymond Carver- cuando en su país, la Argentina, tantos intentos por alcanzar un registro igual en la década de los ’90 no prosperaron. La clave –en Carver y en Jiménez- posiblemente se relacione con el mundo de la experiencia sensorial, la capacidad de comprender el sentido de lo vivido, mas que con un pretendida y pretenciosa “poesía de la experiencia”; en definitiva, lo que distingue tanto al gran autor norteamericano como el joven poeta mendocino es la presencia de la inteligencia poética, una facultad rara si las hay y la cual da algunos de sus mejores resultados en este volumen que nos ocupa. “Coso” así se inscribe entre los mejores logros de esta corriente poética brindados por los poetas argentinos de las últimas generaciones. Indudablemente, Gabriel Jiménez es un autor para recomendar y mejor todavía, para seguir atentamente libro tras libro.

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Así escribe Gabriel Jiménez

Siempre

no sabés cómo hablar
la rutina
te gastó la palabra

Mercedes Parral*

Llego a casa
a revolver la tele
y ver cómo se apaga el día,
las rayas a colores dicen
que todo terminó
o peor aún
que está por empezar
de nuevo.

A veces
todavía es noche
y afuera los sonidos frágiles,
el primer colectivo
desata la mañana
y el rugir de la tormenta
que está por venir
de nuevo.

Se asoma
la somnolencia,
esa presencia del sol
esa parada del micro
y un bostezo que mira
la imagen de un arma
cargada de horas que empiezan a gritar
de nuevo.


* de Rutina, inédito.


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Cebar

la cruel inocencia /
abierta en la morgue del recuerdo /
vivifica la razón

Tony Zalazar**

Los mates tibios lavan la tarde
cebo mil veces la misma historia
y la dejo secar al sol
para volverla a tomar.

El agua deja ir al calor,
el sol se esconde en la pared,
y la chica de la historia
me revuelve el mate.

Sin estar
causa / que se me laven las tardes,
si estuviera
creo / me quemaría los labios.

El problema
de acostumbrase a cebar
es que no te sigan la ronda.


**Quherencia, Ananga Ranga Ediciones, Corrientes 2009.






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