sábado, 9 de agosto de 2014

BREVE RELATO DEL VIAJE DEL ESCRIBA POR LAS TIERRAS DONDE SE DISPUTA LA POSESIÓN DEL CETRO QUE PRONTO ENTREGARÁ EL REY JOSEPH “EL FEO”, Y DE LAS CONCLUSIONES DE TALES AVENTURAS




             
  Escriba Medieval 




Amados Cofrades: de regreso a mi humilde morada tras un largo viaje, tomado que he nuevamente la pluma para relataros algunas de las aventuras vividas en lejanas comarcas.
Debo confesaros que el dolor de mis huesos indica que tal periplo ha sido sin duda el último emprendido por este humilde servidor de vuesas mercedes, porque el pellejo de cabra que cubre el lomo de “Oberon” a guisa de montura -mi asno preferido no solo por ser el único que poseo - no alcanza para disimular la dureza de sus huesos.
Como no deseo aburriros contándoos pormenores de las incomodidades vividas durante varias semanas de viaje, comenzaré refiriéndome a mi arribo a los dominios del Rey Joseph “el feo”; personaje extraño que del cual vosotros conocéis algunas de sus excentricidades, como su predisposición a vivir en una morada ruinosa en compañía de su consorte Luccía de los Topos y un can de tres patas.
Algunos lugareños creen que su predisposición a “meter la pata” cuando fabla con su pueblo, e incluso con personas de reinados vecinos, se debe precisamente a la ausencia de una de las patas de su mascota. Sería –aseguran- una suerte de compensación por tal falencia.
Instalado en una humilde posada de las afueras del pueblo, asumí como estrategia visitar las tabernas para escuchar a las gentes, pues el final del reinado de Joseph se acerca, y varios caballeros de noble linaje –y no tanto- comienzan a disputarse el cetro.
Debo informaros –respetables contertulios- que en este caso la sucesión del monarca no se trasmite por herencia sanguínea, sino que es el propio pueblo quien decide sucesor.
Así las cosas, oportunidad tuve de estar presente en la visita que uno de los aspirantes al cetro que hoy descansa en la cocina de actual monarca (vergonzosamente destinado a soporte para ollas y cucharones de hojalata).
Se trataba del Caballero Luis de La Ruta, primogénito de un antiguo Rey famoso por su aficción a las bebidas espirituosas, y por su capacidad de dormir aún arriba de su caballo, curiosamente llamado “Cuatro por cuatro” en clara alusión a la fuerza de sus patas.
Supe además al fablar con los habitantes del lugar, que el tal Caballero Luis viajaba acompañado por Maese George, conocido como “El guapo” –al parecer-por haber “sacudido” a mas de una doncella, y quien llevaba muchos años fracasando en su intento por llegar al trono.
Algunos habitantes del lugar aseguran que la sonrisa que suele mostrar Maese George es mas falsa que moneda de madera, pues en realidad tiene gran enojo por ser “el segundo” del joven Luis de la Ruta.
Los encuentros con aspirantes al sillón de Joseph “El Feo” se repitieron a lo largo de mi viaje, y así fue como en una comarca vecina a un gran río llamado “De los Pájaros”, tuve oportunidad de ver la llegada del Caballero Talaré Vas, otro ex monarca en procura de recuperar el cetro que una vez colgó del respaldo de su cama.
Personaje extraño el tal Talaré. Cuentan que la sonrisa que suele ostentar frente a la plebe se borra de inmediato en la intimidad de los recintos donde concilia con sus acólitos.
Veterano de muchas lides en asuntos de gobierno, dicen que sus aciertos pueden ser comparables a sus errores, de manera que –por aquellos días de mi viaje- era imposible saber si lograría la posesión del preciado cetro de mando en disputa.
Mas tarde encontréme con un tumulto en la plaza pública de otro poblado, y llegándome a ella pude saber que quien dirigía una oratoria a los circunstantes era conocido como Pedro el Pequeño, cuyo progenitor guardaba prisión por haber entregado el cetro de mando a los ejércitos que debían protegerlo, incurriendo en una clara actitud de alta traición.
De todas maneras, Pedro el Pequeño había resuelto enarbolar los rojos estandartes que habían levantado con orgullo sus antepasados, y pugnaba entonces por acceder al trono en cla
ra muestra de vigor, pues debía cargar además con una historia heredada cuyo peso no cabía en una recua de mulas.
Finalmente –nunca bien apreciados contertulios- encontramos a otro de los aspirantes en el litigio de marras. Tratábase de Pablo de las Mieses, hombre que llevaba muchos años remándola sin demasiado éxito. Repetía él sus preceptos sin demasiadas convicciones, y quizá por ello el número de sus seguidores no aumentaba pese a sus esfuerzos por atraer hacia si a las masas populares.
En conclusión –pacientes seguidores deste humilde- nada me truje de nuevo al regreso de tales aventuras. Aposentado que me hube en mi morada y pluma en mano, no pude mas que describiros de manera somera algunas alternativas de mi viaje. Torné con las mismas promesas escuchadas años ha y con las mismas decepciones, mas debo concluir sin temor a equivocarme, que buena cosa es que los hombres que aspiren al Poder lo hagan como suelen acostumbrar en estas comarcas, apelando al poder de la palabra y no al ominoso poder de las espadas. Procurando convencer con argumentos, y dejando en manos del pueblo la responsabilidad de decidir por su destino.



Moraleja:
En momentos en que el mundo alimenta la bestia de la guerra, celebremos que los hombres que disputan por el cetro, utilicen la palabra en esta tierra.


Publicar un comentario