sábado, 6 de diciembre de 2014

La destitución de maestros durante la dictadura uruguaya




“Soriano fue uno de los departamentos que más sufrió la destitución de maestros en la dictadura”, concluye una investigación periodística.


El Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP) lanzará el miércoles 10 de diciembre un libro que presenta la investigación sobre el proceso de destitución de maestros durante la dictadura cívico militar.
"La túnica en el perchero. Investigación sobre la destitución de maestros durante la dictadura uruguaya",  se trata de una investigación realizada por los periodistas,  profesor Matías Rótulo (*) y licenciada Victoria Alfaro.
La presentación se realizará en la Torre Ejecutiva en Montevideo a las 17:30 horas. Algunos de los testimonios que recoge el libro pertenecen a maestros de Soriano que se vieron afectados por la destitución arbitraria, sistemática y sin garantías del debido proceso. El libro también evalúa las consecuencias socio-pedagógicas de estas acciones y cuenta con el prólogo del maestro Miguel Soler. La investigación fue realizada  por la licenciada en comunicación y periodista Victoria Alfaro y por el periodista y profesor Matías Rótulo quien conversó con HUM BRAL.


¿Por qué un libro de este tipo?
-Porque el Estado se lo debía, como se debe tantas otras investigaciones sobre el pasado reciente, en particular sobre la dictadura. Así como hubo personas asesinadas y desaparecidas, la dictadura asesinó ideas, desapareció pensamientos, y sacar a un maestro o profesor de un aula es apagar historias, presentes y futuros. Imagínese usted, siendo un niño de seis, ocho, o doce años que un buen día venga un nuevo maestro o maestra a su clase y que además los rumores sean “la maestra fue presa”. Porque si bien no se hablaba del tema, todo se comentaba por lo bajo en las comunidades educativas, en los barrios, y muchos de los que eran niños en esa época que entrevistamos para esta investigación nos plantearon esa situación. Recuerdo un testimonio que indicaba que ese niño con ocho años, que no entendía mucho de lo que pasaba en el país, se quedó (en principio) con la idea de que su maestra hizo algo malo, porque la asociación inmediata es “si vas preso es porque sos malo”. Cuando se habla de educación se habla del futuro, y ahora vemos cómo las acciones emprendidas en la educación, en este caso de los setenta, repercuten hoy, porque el futuro correspondiente a aquella época es el presente de hoy.


¿Cómo surgió la idea de la investigación?
-Victoria y yo trabajábamos en el diario La República y una tarde de 2008 llamé al hoy subsecretario de educación Oscar Gómez (por entonces consejero de Primaria) y me comentó de la recuperación de unos documentos de la dictadura. Sin saber bien lo que era, al otro día voy al despacho y me muestra lo que se encontró: una carpeta llena de legajos, entre los que había dos cartas escritas por Elena Quinteros.

¿Y Cómo aparecieron?
-Alguien, no se sabe quién, llegó hasta el Consejo de Primaria, entregó un paquete y se fue. Gómez trató de averiguar pero hasta ahora es una incógnita. Fijate que alguien se jugó la vida escondiendo en su casa o en alguna parte del Consejo esos documentos. La orden había sido destruirlos, y ese héroe anónimo pensó en su momento que aquello podría ser importante y los guardó. Pasaron algunos años y con Victoria siempre nos quedó la idea de hacer algo. En 2012 pedimos permiso al CEIP para verlos y les explicamos que por nuestra cuenta queríamos investigar. De inmediato el CEIP se puso a nuestras órdenes y nos autorizó verlos, pero también nos propuso que presentáramos un proyecto de investigación y al poco tiempo nos dijo que querían hacerse cargo de la investigación. A partir de ahí empezó el proceso de investigación, en primera instancia con la colaboración de la consejera Mirtha Frondoy y las funcionarias que colaboran con ella, quien tiene a su cargo los documentos. Se convocó a la FUM y a la ATD de Primaria y nosotros empezamos un largo camino de trabajo. Quiero destacar que esta investigación es  un esfuerzo del Estado, no solamente del CEIP, sino de todo el Estado por seguir conociendo la verdad.
 
¿Qué se pretende con esta investigación?
-Saber más de nosotros mismos. Yo soy profesor de literatura y este tema me toca de cerca. Seas o no docente te tiene que tocar porque tal vez fuiste estudiante, o tu padre lo fue y tenés que saber que hubo una época en la cual se controlaba lo que se decía en una clase, los programas eran estudiados no con un fin pedagógico-didáctico sino con la mirada puesta en el peligro de lo que se decía. Se sacaba a los docentes por pensar tal o cual cosa, se los mataba. Hemos detectado cómo se utilizaba a los estudiantes de primaria y secundaria como espías conscientes o inconscientes de lo que hacían. Usaron niños y adolescentes para sus fines sangrientos. ¡Y eso es sólo una parte de esta historia de terror! Todo eso impactó en la comunidad educativa, en la sociedad. Hay algunas investigaciones previas que nosotros mencionamos en nuestra investigación, pero lo que se pretende es abrir una puerta para que se siga investigando. Algunos maestros todavía están sufriendo las acciones cometidas contra ellos. Nosotros investigamos a los maestros destituidos, pero hay más archivos sobre docentes de Secundaria y UTU que sería bueno revisar.

¿Qué pasó con los maestros de Soriano?
-Fueron –los maestros de Soriano- de los que más sufrieron la persecución. Había una fuerte militancia sindical en Soriano y con Tacuarembó eran pilares de lucha política y sindical. Los listados de nombres de destituidos se engrosan con la mención a los docentes de estos departamentos. Tuvimos mucha colaboración de los docentes (no solamente de Primaria) de Soriano. En Mercedes, una maestra que se tuvo que ir a la mitad de su clase, dijo que estaba enferma y la abandonó porque alguien le avisó que venían por ella. Me lo contaba y lloraba, porque una clase (y te lo digo como docente) es un espacio humano construido entre cada uno de los integrantes, es como irte de tu casa, el pedagogo acompaña, y tener que irte es dejar de acompañarlos. Es un dolor que sólo un docente puede entender.  Ahora que estamos a final de las clases, uno quiere irse de vacaciones, pero también sufre por dejar de compartir con los estudiantes un proceso de varios meses. Imaginate si te separan de ellos a la fuerza e injustamente, sin que te puedas defender, pero además, si sabés que después viene o la cárcel, o la muerte, o el exilio, o vaya a saber uno qué cosa. Los militares entraban a las Escuelas, revisaban todo, e interpretaban a su manera lo que encontraban: si vos tenían un libro de cubismo lo asociaban con Cuba e ibas a tener un problema. Las carteleras no podían tener el color rojo, porque rojo era el color del comunismo. Así de básicas pero de alto impacto eran las acciones ejercidas en la educación.  

El libro tiene el prólogo de Miguel Soler…
-Sí, es el mayor de los honores. Yo estudié a Soler en el IPA, y lo conozco personalmente. Para mí es mi maestro y nunca lo tuve en una clase. Un hombre sabio y humilde. Al final del prólogo, Soler expresa: “La educación democrática solo será la que soñaron los perseguidos que hoy evocamos y homenajeamos cuando todos nos sintamos convocados a construirla. En la fraternidad”, y ese es el espíritu del libro: homenajear pero también denunciar. Es nuestra responsabilidad como nación.
 
¿Hay también testimonios de militares?
-Si, logramos contactar a algunos militares y policías y a algunos docentes que operaron con la dictadura.

¿Y los cargos altos de Primaria?
-Acá hay que separar algunas cosas: no por tener una función de inspector o director te ibas a salvar. Algunos aguantaron hasta lo que pudieron. También hubo funcionarios no docentes a favor y en contra. También hubo políticos, periodistas, intelectuales, obreros a favor y en contra… Podrías ser buen maestro o mal maestro, mal funcionario o buen funcionario, auxiliar de servicio, secretario o inspector… la cosa era lo que pensabas, lo que decías o lo que enseñaba. Yo creo que en un centro educativo todos enseñamos: los docentes, los auxiliares de servicio, los funcionarios administrativos, y cuando se metían a una escuela revisaban todo y a todos.

¿Pero hubo docentes que colaboraron con el régimen?
-Lamentablemente sí. En un caso descubrimos que había sido destituida una maestra y al otro día reintegrada. Seguimos su caso, la encontré, la llamé y me dijo que había sido destituida injustamente y me confesó su apoyo a la dictadura. Ella tenía a alguien cercano en el ejército. Luego me cortó el teléfono. Quiero igual ser enfático con esto: el haber sobrevivido a la dictadura no implica una aceptación del trabajador al gobierno autoritario de la época. De la misma forma, los maestros no fueron solamente destituidos por su filiación a la izquierda o porque estuvieran militando en el sindicato. Muchos –la gran mayoría de los uruguayos-, tuvieron que morderse la lengua, esconder sus ideas. Una maestra nos dijo que no se podía enseñar el tema de la libertad en la clase, y buscaba las formas, se iba al Prado a estudiar a los pájaros con sus alumnos, y ahí les decía: “ven cómo vuelan libres…”.




(*)  Matías Rótulo es asiduo  colaborador de HUM BRAL.
Las fotografías que  acompañan esta entrevista  corresponden a las carpetas halladas.
La foto de la lista estaba entre los documentos, ahí se señala al maestro de Tacuarembó Saúl Correa por integran una lista del Partido Socialista y por eso fue destituido. 




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