viernes, 16 de septiembre de 2011

EL CUENTITO MEDIEVAL


De como Gustav “El Terco” comenzó a reunir sus huestes para tomar por asalto el coqueto y antiguo palacio


Ángel Juárez Masares

Había una vez una pequeña y lejana comarca con un coqueto y antiguo palacio donde reinaba un Señor feudal. También podéis imaginaros un bello atardecer con el sol cayendo al horizonte sobre las aguas del gran Lago Negro donde algunos aldeanos paseaban a su vera (no vamos a describir las garzas blancas ni las nubes rosas con formas de etéreas ninfas, porque iríamos de cabeza a la cursilería).
Tampoco os hablaré en esta oportunidad de antiguos documentos que aseguran la veracidad de este relato. No, estimados cofrades. Lo que habré de contaros proviene de pueblerinos rumores que corrieron desde las más sórdidas tabernas a las más encumbradas mansiones.
Trátabase de los desvelos de Gustav “El Terco” por retornar a la pequeña comarca que le vio nacer en humilde cuna, con la intención de ocupar nuevamente el trono de palacio.
Algunas gentes recuerdan la amabilidad de que hacía gala cuando gobernaba…!qué  gobernaba!...!dirigía, a sus súbditos con mano y talante bondadoso hacia un futuro venturoso! (Ocurre que le ponían palos en la rueda).
En los corrillos aldeanos comenzaron entonces a especular con la llegada de tan gallardo caballero:
-¿Transformará la pista de carreras de carros en una cancha para la practica del scratch ball? –decía uno- (el foot ball aún no existía)
-¿Hará de la hermosa costanera un gran damero para que todos los aldeanos apuesten algo? –acotaba otro- (a cambio de una pequeña comisión, obvio).
-¿Volverá su verborragia a inundar la aldea desde el estrado de la plaza pública condenando al destierro al mozo navarrense y su troupe?.. aventuraba otro.
Así fueron circulando versiones de todo tipo y color sobre el retorno del Caballero de marras. Algunos llegaron a asegurar que unos enmascarados pintaron una noche sobre una de las murallas de Palacio: “Gustav El Terco El regreso”. Próximamente en este palacio.
Se supo además que en una taberna periférica dos mozos se batieron a espada limpia (¡Bah…llenas de sangre, pero la figura literaria es así) al discrepar acerca del mote de nuestro héroe.
Uno aseguraba que lo de “El Terco”, habíasele adjudicado por su tesón y lealtad en perseguir el bienestar de su pueblo, mientras el otro juraba que  debíase a su absoluta incapacidad para escuchar sugerencias de nadie.
En realidad, la versión más acertada sobre este apelativo podría deberse a la habilidad de Gustav para acomodar el cuerpo y ganarse el puesto de tribuno. Según se supo cierta vez había logrado colarse en el gran palacio de mármol donde solía dormir reparadoras siestas.
De cualquier manera son sólo rumores sin fundamento de los que este ignorado escriba se hizo eco una noche que no tenía ganas de revisar viejos pergaminos, porque esa práctica había comenzado a producirle alergia.


Moraleja:  
                Si oís el carruaje de Gustav acercarse, no dudéis que el pueblo saldrá a recibirlo en el camino, pues tiene el vulgo capacidad para olvidarse, y elegir por si mismo su destino.

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