sábado, 8 de octubre de 2011

El cuentito medieval

DE COMO LOS INTEGRANTES DE LA JUNTA DE NOTABLES DEMOSTRARON SU VASTA CULTURA A LOS HABITANTES DE LA ALDEA
                                                                                 


                                                  Ángel Juárez Masares

Mucho os he fablado de las costumbres de la pequeña y lejana comarca gobernada desde un coqueto y antiguo palacio por el Señor feudal  amante de los pequeños caballitos. Sin embargo –debo confesaros- muy poco me he referido a la Junta de Notables Caballeros que, cual Polifemo redivivo (por lo del ojo único) controla las acciones del magno gobernante, y recoge las inquietudes del pueblo.
Revisados algunos documentos donde constan los asuntos que preocupan a los tribunitos al punto de no permitirles dormir, descubrimos con admiración la vastísima cultura de que algunos hacen gala (otros la ocultan de puro modestos).
Leemos en uno de esos mugrosos (pero dignos) manuscritos, los dichos del Caballero Manuborg, cuando una noche solicitó que sus palabras fueran “erradicadas”…  (?)
Naturalmente la ignorancia supina del vulgo hizo que burláranse del caballero de la alegre figura al no comprender el significado de tan alta frase, asunto que también escapa a la comprensión de este escriba.
También escapa a la comprensión de este escriba, que el pueblo no comprendiera la actitud payasesca de que Manuborg hacía gala permanentemente, y que en realidad era un escudo para ocultar su erudición.
Otros pergaminos revelan –por ejemplo- la capacidad de oratoria de un Caballero que con gesto adusto solía desenrollar un papel para leer con voz pausada: “buenas noches”…
Fablaron los siervos de él con saña injusta , corriendo el rumor que al llegar a su casa por las noches, sacaba otro papel para leer: “¿Qué hay para cenar querida esposa?”…  (Conociéronse además algunas esquelas íntimas, pero -aunque no sepamos por cuánto tiempo- aún somos algo discretos).
También exhibían allí sus dones otros Caballeros de noble estirpe que pregonaban sus virtudes religiosas, sus dones como padres de familia, y creíanse ejemplo vivo para el resto de los habitantes de la aldea. De algunos se supo que por las noches solían colgar en los percheros de sus amantes las aureolas de santidad que lucían durante el día, asunto que no sería condenable si no hubiesen echo gala de falsas virtudes.
Deseo además adelantarme al pensamiento de quien haya llegado hasta aquí con la lectura de estas historias, y que está esperando con los dientes al aire que este viejo escriba medieval les de nombres. Pues no lo haré, por lo menos ahora… aunque quizá lo haga si un día de estos despierto de mal humor. De todas maneras todos saben en la aldea a quienes les cabe la cogulla, así que a no ser hipócritas y esperar que otro diga lo que no se animan a decir desde el vulgo por temor al “que dirán”.
Pero el tema central de esta crónica es la cultura del grupo de Caballeros que hoy nos convoca, y dejar en estos documentos constancia para las generaciones venideras de la visión que tuvieron para –por ejemplo- hacer justicia con los artistas comarcanos. En ese sentido recordar los homenajes de que fueron objeto algunos escritores de fuste….aunque… a ver… acá aparece otro documento un tanto arrugado y maltratado que dice…!mmm!... creo que mejor será cambiar de tema… según este escrito dichos homenajes fueron propuestos desde fuera de la Junta de Notables, pero también cabe la posibilidad que esta escritura corresponda a algún enemigo de los Caballeros con la intención de menoscabar su idoneidad…seguro que es eso. Desechémoslo.
Concluído que hemos el repaso somero de las actitudes de nuestra honorable corporación, no permitiremos que ningún envidioso empañe el concepto que de sus miembros hemos heredado a través de siglos. De manera que este humilde e ignorado escriba sólo espera ¡que sus palabras sean erradicadas!

Moraleja:
                Si quiere el pueblo mostrar con orgullo su cultura, deberá pensar muy bien a quien elije, descartando sin piedad al caradura.
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