sábado, 19 de noviembre de 2011

EDITORIAL


¿Está Cronos devorando
nuestra memoria?


Ángel Juárez Masares


”no nos dejes caer en la tentación
 de olvidar o vender este pasado
o arrendar una sola hectárea de su olvido”.
                                  Mario Benedetti

   
Todos sabemos –y lo hemos experimentado-  que un olor, un sonido, o una imagen, puede llevarnos en fracciones de segundo a un momento de nuestra infancia.
También suele ocurrir que asociemos un tema musical con otras experiencias auditivas o visuales, y eso precisamente fue lo que nos sucedió hace unos días.
Escuchando “La muerte y la doncella”, de Franz Schubert, inmediatamente recordamos la película homónima de 1994 dirigida por Román Polanski. Protagonizada por Sigourney WeaverBen Kingsley,  y Stuart Wilson en los papeles principales, basada en la obra del dramaturgo chileno Ariel Dorfman.
Durante el período de una dictadura en un país sudamericano, Paulina Escobar (Sigourney Weaver) fue torturada y violada por sus captores. A pesar del trauma no delató a su entonces novio, Gerardo Escobar (Stuart Wilson), que participaba activamente como opositor al régimen como editor de un diario clandestino. Más tarde contraerán matrimonio y se asentarán en la costa.
Una noche de lluvia, Gerardo tiene problemas con uno de los neumáticos de su automóvil y es traído a su casa por un hombre desconocido. Una vez allí, Paulina reconoce la voz del visitante como la de su torturador. Deberá confiar en su oído, porque en las torturas llevaba los ojos vendados, y en evidencias descubiertas en el momento, para hacerlo confesar y al mismo tiempo convencer a su incrédulo esposo.
El torturador de Paulina tocaba La muerte y la doncella de Franz Schubert durante los abusos; de ahí el título de la película, y la recurrente aparición de esta pieza durante toda la película.
Al recordar algunas escenas de esa joyita de la cinematografía, quisimos verla nuevamente y salimos a buscarla en los locales de venta y alquiler de películas. No sin sorpresa, descubrimos que no sólo no existe en formato digital, sino que ni empleados ni dueños de locales tenían la menor idea de su existencia.
Hasta aquí el mero relato de la anécdota.
Esto nos llevó a pensar una vez más sobre las razones  de la ignorancia de la actual generación sobre la historia reciente de América latina, asunto que naturalmente excede el desconocimiento de una película.
Surgen entonces las preguntas, y son tantas y de tan diverso tenor que al final es posible concluir que el viejo Cronos está hoy tan vigente como desde su aparición en la mitología griega. Recordemos cómo un oráculo le vaticinó que sería destronado por uno de sus hijos, asunto que solucionó comiéndoselos al instante de nacer.
¿Está hoy Cronos alimentándose con nuestra memoria?
¿Es natural la falta de interés de la mayoría de los jóvenes por el conocimiento de la historia reciente, o somos los adultos que por comodidad evitamos hablar de ella?
Obviamente no pretendemos sembrar en nuestros hijos semillas de odios por episodios de los que no son responsables, pero… ¿es bueno que crezcan y se desarrollen en la más absoluta ignorancia sobre asuntos que muchas veces tuvieron como protagonistas a sus padres o abuelos?
Alguien dijo que olvidar los hechos del pasado es condenarse a repetirlos, y pese que dicha frase pueda  contener cierto tremendismo, creemos que tampoco es bueno echarle tierra encima a la trágica etapa de los años 70 vivida en América latina. Bastante es la tierra que cubre los muertos que dejó la barbarie de esos años, y lo que aún es peor, todavía se ignora bajo qué tierra yacen muchos de esos muertos.
Cuando se abordan estos temas invariablemente se alzan voces que promueven “dar vuelta la página”; otras aseguran que “a nada conduce hurgar en el pasado”, pero quienes sufrimos esos años sabemos que hacerlo, sería dejar que el viejo Cronos nos devore la memoria.
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