viernes, 2 de noviembre de 2012


Rubén Lena, el color oriental



Hace 17 años, el 28 de octubre de 1995, moría Rubén Lena. Autor de varias letras del cancionero popular uruguayo, entre las que se destacan "A don José", "El matrero", "De cojinillo", "Del Templao", en una larga lista.





Aldo Roque Difilippo


Cuando Rubén Lena (1925-1995) compuso “La Uñera” no podía imaginarse que se convertiría en el inicio del renacimiento de la música popular uruguaya. En esos años, la difusión del folklore se circunscribía a las composiciones argentinas (Atahualpa Yupanqui, Los Fronterizos, Los Chalchaleros).
Rubén Lena, uno de los iniciadores de la música popular uruguaya en su estructura actual, conocía las composiciones del salteño Víctor Lima y “los tres o cuatro tonos que sabía de la guitarra”. Ello sumado a una especial sensibilidad poética, sirvió como activador de la creación de uno de los más prolíficos autores uruguayos, que si bien se ciñe a las estructuras del criollismo, no se ató a ella, componiendo incluso temas carnavaleros, sones y serraneras. Su viaje a Venezuela en 1959 por motivos de su profesión de maestro, fue otro detonante: “yo había llegado a Venezuela y traía la intención de hacer canciones, porque a nosotros, como país, nos faltaba una identidad en ese aspecto, que se me había revelado sintiendo cantar a los compañeros de estudios de 21 países latinoamericanos durante ese año de convivencia”.
Cuando por una radio escuchó a Los Olimareños cantar “La Uñera” tuvo esa convicción: “no había casi canciones y había que hacerlas, no había por lo tanto un público para eso que no había sido hecho, y había que crearlo. Los cantores estaban con sus gargantas jóvenes, vehículos de expresión de dos excelentes personas en formación. La cuestión era poner en movimiento los sueños”, explicaría dos décadas después. Posteriormente Lena sería la siquis que Los Olimareños plasmarían en las grabaciones, una tercera voz no audible que dio estilo y personalidad al dúo.
Nacieron así temas que hoy resultan imprescindibles al realizar un racconto del canto popular, como “La Ariscona”, “De Cojinillo”, “Noche noche”, y el que se convertiría en un himno popular: “A don José”.
En Lena el criollismo y la tradición se redimensionan, se expanden como la simpleza del hombre de campo, no exento de sabiduría. La poética de Lena no escapa a los devenires más simples del ser humano, y las angustias más universales. “Mis canciones tienen versos de valor universal y definitivo, para siempre, pero el valor de esos versos no lo es. Son ocasionales. Claro está, tiene un valor afectivo que cuenta, y mucho para mí...”, dijo alguna vez con su particular modestia.
La simpleza en “El niño enfermo”, acosado por la fiebre y la tos: “Las pobres puertas no quieren / dejar al viento pasar... / Y en la alta noche una madre / oye al niño delirar. / —Los caballos, los caballos / me miran de la pared; / tienen los labios resecos / mamita que tienen sed...”. O letras cargadas de ironía, como “Boca de Tormenta”: “Cosa fiera que sería / sentir a un cantor cantar / cantar montao a caballo / rodeao de perros cantar. / Cantar con la lanza al brazo / calzoncillo y chiripá / bigote amarillo de humo / de tanto y tanto pitar, / con china en las ancas / y que supiera montar, y que terminao el canto / bajo un aplauso cerrao / se desarmara el caballo / por ser de cartón pintao”. Poética que pasa por “El cuello de botella” del hombre común con sus problemas y sueños: “El cuello de botella / el corredor del diablo / viene abriendo la noche / como en exhibición / el cuello de botella / en toda circunstancia / es como el fin de mes...”.




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Rubén Lena


Escrito por Justita
           
(Biografía escrita por Justita, para el librillo que se incluye con el CD “De sueños nada más…”, editado en el 2000, que se trata de una selección de temas de Lena interpretados por diversos cantores)


(Visto con ojos maravillados, “únicos que no lo rechazan, únicos que no lo hieren” como dijo Peer Gynt a Solveig)



Nace el 5 de Abril de 1925 en la ciudad de Treinta y Tres, Rubén Francisco Lena Bulgarelli. Pertenece a una familia descendiente de italianos, compuesta por sus padres y sus dos hermanas, siendo él el hijo mayor. Sus padres se desempeñan como artesanos y agricultores. La canción “En el medio de aquella maravilla” describe cómo fue su infancia.
Cursa Primaria, de 1º a 4º año en la Escuela Nº 25 de su barrio (Barrio España) y los años restantes en la Escuela Nº 1 del centro de la ciudad. Secundaria la hace en el Liceo de la misma localidad.
Cuando tiene 9 años su padre le regala una guitarra. La aspiración de ser un aprendiz de guitarra y que ésta signifique una aventura inagotable para él, dura tan solo diez minutos. El profesor es muy duro y él siendo niño, al no poder manejar sus torpes dedos para sentir la belleza de los sonidos, abandona para siempre su pretensión (“dejó que hablara el silencio”).
Durante la adolescencia usa su tiempo libre en la lectura febril y desordenada que no tiene mucho que ver con los programas de estudio, pero esas lecturas al fin, le permiten ampliar su horizonte.
Un día se pregunta: -¿Qué seré? Quería ser algo grande, inmenso, desmesurado y se veía pequeño, como una nada en el espacio.
En 1945 se traslada a Montevideo a estudiar, permaneciendo en la capital por dos años. Cursa y termina el bachillerato de Notariado en el Instituto Alfredo Vázquez Acevedo (IAVA). Pero no termina de convencerse que sea la disciplina profesional lo que determine su vida.
En este período se caracteriza por ser lector ávido de la Literatura Universal. También le gustan los deportes, sus preferidos: el fútbol y la pelota de mano.
Regresa a su ciudad natal en 1947 e inicia la carrera magisterial. Cuando eso sucede, había leído un libro que él lo califica de “elocuente y persuasivo”: LA ENSEÑANZA PRIMARIA EN EL MEDIO RURAL, de Don Agustín Ferreiro.
De 1949 a 1951 ocupa un puesto de Maestro en Primaria y luego Maestro-Director de la Escuela Nº 44 en Sierras del Yerbal (muy cerca de la Quebrada de los Cuervos). En “La Ariscona” describe ese paisaje y esas vivencias. Al año siguiente, nuevamente, se radica en Montevideo y entrega su primera canción, “La Uñera”, al Sr. Oribe Mariño, quien le puso música de zamba. Según el Sr.  Mariño este hecho sucedió “el 29 de agosto de 1952 a las 7 y 20 de la tarde”.
El 7 de marzo de 1953 nos casamos. Yo ya era maestra. Unos meses antes me escribe: “Enloquecer mis ojos hasta el duele, con un queriéndome de ti, definitivo.”
En ese año (1953) ocupamos la Escuela Nº 62, “mal ubicada”, en Arrayanes de Corrales de Cebollatí. Trabajamos incansablemente. En ese interín fue nombrado por los demás maestros, Presidente de la Comisión  Pro Superación de la Escuela Rural. Esta Comisión tenía como objetivo apoyar el nuevo programa para Escuelas Rurales.
 Con 2 hijos, Eduardo y Fernán, concursa para Direcciones de Escuelas Rurales y obtiene la Dirección de la Escuela Nº 3 de Isla Patrulla.
En 1959 fuimos becados para concurrir al Centro Interamericano de Educación Rural (sito en Venezuela), que funcionaba bajo el patrocinio de UNESCO, OEA y nuestro gobierno. Fuimos seleccionados por el gran Maestro Sr.  Miguel Soler, quien ocupó en años posteriores un cargo en la misma UNESCO.
Ya de regreso en 1960, le asignan por traslado, una Escuela “con problemas” (cómo él quería), la Escuela Nº 73 del Barrio 25 de Agosto, de la ciudad de Treinta y Tres. Allí publica en el diario de la Escuela su primer cancionero, dándole participación a sus alumnos, donde figuran: “Esto del sauce”, “A don José”, “El mangangá”, “Huella en Batalla”, etc. Siendo Maestro-Director de dicha Escuela que contaba con 15 Maestros de clase, amplía el local trabajando codo a codo con los vecinos. Él mucho con la cabeza y el lápiz, pues cuenta etapa por etapa en los versos publicados como “Ampliación de la Escuela Nº 73”. Lo mismo había hecho durante la construcción de la Policlínica de Isla Patrulla.
En agosto de 1962 nace nuestro tercer hijo, Rodrigo. Desafiándose nuevamente, inaugura en la tardecita, un Curso de Alfabetización para adultos. En los ratos libres es el Director Técnico del cuadro de fútbol “25 de Agosto”.
En 1964 Primaria llama a Concurso de Méritos para ocupar interinamente la Dirección del Instituto Normal de Formación de Maestros. Fue seleccionado en diciembre de 1965 para ocupar ese cargo. Estuvo hasta 1967, año en que nace Anaydée (nuestra última hija).
Al hacerse cargo nuevamente de la Dirección de la Escuela Nº 73, ésta es nombrada de práctica para futuros maestros, retomando así la cátedra de Didáctica en el Instituto Normal.
A fines del 68 inició en Montevideo la 2ª etapa de Perfeccionamiento en el Instituto Magisterial Superior. Terminado el curso, concursa para Inspector de Zona de Educación Primaria y Normal.
Fue Inspector de Primaria por curso y concurso hasta fines de 1976. En diciembre, al cumplir 25 años de labor, le fue negada la prórroga de 5 años más por el gobierno dictatorial. Se jubila.
En 1980 se traslada a Montevideo con su familia. Vive en un hermoso barrio, entre Buceo y Malvín, a media cuadra de la Rambla. Recibe diariamente, como en Treinta y Tres, muchas visitas. No faltó la prensa y varios artistas.
Los dos hijos mayores ya son casados. Tiene dos nietas: Florencia y Lucía, quienes se deleitan con sus cuentos inventados.
A pedido del escritor Washington Benavidez escribe “Las cuerdas añadidas” (Banda Oriental, 1980). Continúa escribiendo: “Prólogo del cancionero de Víctor Lima” (Banda Oriental), contratapas de varios LP. Graba para Sondor un disco llamado “Presentación de Gabriel Guerra” con acompañamiento de la guitarra de Eduardo Larbanois.
En 1982 ya tiene 4 nietos. Han nacido Emiliano y Bruno Lena.
Banda Oriental edita en ese año “Vagabundeos y Canciones de Zenobio Rosas” (seudónimo que le dura poco).
En 1983 recopila en triplicado sus canciones en ardua y alegre tarea.
En 1984 termina el gobierno de facto y él se sacude con el nacimiento de otro Lena, llamado Mauro.
Vuelven los cantores.
El 7 de marzo de 1985 lo reintegran como Inspector de Primaria en Montevideo, con el cargo de Inspector Orientador-Director de la sección Repertorio Musical. Ahí edita con la Inspectora de Música Sra. María Angélica Plantamida y la Profesora Coordinadora Sra. Rita Fraga el “Cancionero de Víctor Lima”.
Dicta varias conferencias sobre “Música Popular”, “Poesía y Canto”, etc.
En sus oídos y en su corazón resuenan nacimientos de sus nietos como prolongación de su vida: Sofía en 1985, Leandro en 1986, Tania en 1987.
En 1987 ya está enfermo, pues en marzo de 1986 lo afecta en su movilidad un accidente cerebro-vascular.
Recorre varios gimnasios y se va recuperando lentamente.
Escribe en la cama: “Escuchando 3 o 4 radios de Montevideo, veo que el aire se llena de canciones nacidas de este Pueblo. No importa que sean de Artigas, Rivera, Lavalleja, Tacuarembó, Treinta y Tres o Montevideo, Rocha, Cerro Largo, Paysandú o de otras partes. Importa sí que todas, a pesar de su diversidad, tengan un aire de FAMILIA.”
En 1989, el 9 de diciembre, nos regalan otra nieta: Marcia.
Rubén Lena durante su enfermedad escribe tangos a pedido del Sr.  Antonio Cerviño, presidente de AGADU en ese entonces. Los escribe en la sosegada Colonia de Vacaciones de AGADU en Atlántida. Se llaman “Los caballos azules” y “Noche derramada”.
Llegan otros nietos. En 1991 nace Camilo y en 1992 Paula, que quiere (como él quería) ser algo importante.
En 1993 Banda Oriental edita un nuevo libro suyo, “Meditaciones”. Rubén Lena dice: “Es un andar con argumentos”.
En 1994 el Ministerio de Educación y Cultura y un Grupo de Amigos le hacen un homenaje en la Sala Vaz Ferreira, de la Biblioteca Nacional.
Fallece el 28 de octubre de 1995.
Le queda por conocer su nieta Natalia (1996).
Aquí estás y aquí estoy.
                                                                                                                       Justita

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