viernes, 24 de febrero de 2012



Carnaval : Fiesta Pagana, Popular y Centenaria

Aldo Roque Difilippo
Nuevamente disfrutamos del carnaval. Una fiesta popular donde en Mercedes se han destacado figuras como los “Inflafloi” (Isidoro Cano “Zenona” y “Cuarto Litro” Romero),  el “Gordo Atilio” y su murga “la nueva Ola”, “Río Kid” “Fernandez”, o murgas como “Los Enmascarados”, “Los Diablos Verdes, “Los Santimbanquis”, “La Tunelina”; entre otras, Personajes populares que pueblan las anécdotas de varias generaciones de mercedarios desde antes que el Coronel Pablo Galarza encabezara el desfile del carnaval de 1894, en los albores de esta fiesta tradicional, pese a sus interrupciones y altibajos.
El Carnaval tiene una historia centenaria afianzada en la cultura popular. Algunos documentales mencionan que las fiestas de Carnaval en Montevideo a tan solo un año de nuestra independencia. Como el relato del viajero Eduardo Blandh, que  visitó la capital del país en 1831, describía así la fiesta: “participaban todas las clases sociales (…) en las calles y las plazas se veía una multitud heterogénea de  gente de clase superior e interior, gauchos, negros e indios”
Ocultarse para liberarse
Una celebración en principio espontánea y posteriormente organizada y reglamentada por el poder de turno, donde se invertían los roles: “El asunto era cambiar de personalidad (y de lugar social) –o mostrar la verdad-, ocultar el rostro y el cuerpo para tener libertades antes no usadas o cumplir aspiraciones ocultas: “el muchacho” se hacía hombre “aplicándose patillas”, “la mujer se ponía los pantalones del marido y este se cubría con una cofia”, “el cajetilla de la ciudad se convertía en gaucho melenudo y peleador” o viceversa, y “los flacos se ponían barriga”. Y cada uno realizaba sus aspiraciones…”(1)
Serpentina y papelito
El Carnaval surgía como la necesidad de expresión de las clases menos pudientes, aunque las clases “altas” de la sociedad también se les sumaron, y mientras “grupos de niñas arrojaban flores y serpentinas a los transeúntes”, los pobres lanzaban “maíz y porotos”, desfilando vestidos tan solo con “calzón corto, blanco o colorado, alpargatas, blusa punzo o celeste, careta de alambre y un gorro alto de papel multicolor” gritando “adiós, che, como te va?(…) dando brincos y estúpidas carcajadas cuando no proferían palabras indecentes que levantaban justas protestas de las niñas” (2)
Como dato anecdótico, los pomos  utilizados para jugar con agua, en el siglo pasado eran importados de Inglaterra, en la década de los años 70, y las primeras serpentinas aparecieron en 1894. El diario “El teléfono” de nuestra ciudad, estimo que el kilo de papelitos costaba $0,80 (equivalente al jornal de un peón especializado), el millar de serpentinas costaba $25,-(es decir que diez escasas serpentinas costaba $0,25), por lo que los pobres debían contentarse con arrojar “grandes pelotas de papel fabricados con las serpentinas tiradas por el suelo o juntaba los papelitos de la calle y los arrojaba como si fueran nuevos” (3). Aunque en nuestra ciudad el arrojar papelitos y serpentinas en los desfiles de Carnaval es una practica que ha caído en desuso o reducida a los niños, esta practica se extendió hasta la primera mitad de este siglo, como lo recuerda Eleuterio Luis Almeida carnavalero que por los años 20, siendo un niño, integraba junto a su padre y hermanos comparsas como “La Sanducera,”Los Corazones que Aman” o “La Esperanza”: Me acuerdo que había que parar los coches en medio del desfile para cortarles las serpentinas de las ruedas. Había gente pobre que juntaba las serpentinas y se hacia colchones” (4)
Una tradición  que ha perdurado hasta el presente es juego de agua, por eso no son para nada nuevas las disposiciones policiales que pretenden controlar los excesos.

Todos Festejan
Si bien en la actualidad el Carnaval queda reducido a las Murgas y a grupos de Parodista, en las primeras décadas de este siglo eran comunes las Comparsas.  “Conjuntos musicales y de canto. Se tocaba el clarinete, la flauta, la guitarra, mandolín, violín y se hacia música típica. (...) Yo era botija y salía con mi padre, por cada menor había un mayor que se hacia responsable . Mi padre era guitarrista” (5). Las Comparsas estaban integradas por más de un centenar de personas y participaron del Carnaval hasta 1949, siendo suplantadas desde 1940 por conjuntos corales, de aproximadamente 20 integrantes. En el Carnaval 1909 se presentaron 6 Comparsas: “La Estudiantina Mercedaria”, “Aves Negras”, “Los Mercedarios”, “Los Marinos Uruguayos”, “Los Pobres negros Orientales” y “Buenos Amigos”;  una cifra por demás significativa de participantes, más de seiscientas  personas. Según los datos estuvimos del 3° Censo de población, en 1908 vivían en Mercedes 15.315 personas. Tomando como promedio cien integrantes por comparsa, en el Carnaval de 1909 participaron activamente de los festejos nada menos que el 3,92% de los habitantes.

Alegría de los “Viejos Verdes”
Tanta euforia provoco cientos excesos como lo denuncio el diario “El Nacional” en 1915: “Por más que al carnaval se le haya extendido la partida de defunción hace mucho tiempo, él se presenta haciendo piruetas y lanzando carcajadas. Le acompañaban mujeres livianas como el rostro cubierto y senos desnudos y es bastante para que lo reciban con alegrías los “viejos verdes” y los jóvenes que creen que al mundo se ha venido nada más que a divertirse. Es una caricatura y una degeneración, pero como nunca falta mamarracho y decadente, siempre tendrá partidarios. El carnaval es una locura en que suenan los cascabeles de la pecadora y el haragán que se disfraza de estudiante. (...) Afortunadamente no dura más de tres días”
Todo Cambia
Justo Pozzolo estima que las primeras Murgas comenzaron a incursionar en el Carnaval mercedario a partir de 1915, donde los “Clásicos eminentes” obtuvieron el 1° Premio de $10, y “Los Como Quieras” el 2°, con $6. La formación de las murgas iniciales eran bien diferentes a las actuales: siete u ocho integrantes que al ritmo del redoblante, un bombo con platillos (similar al de los Circos), y a veces una flauta de caña, entonaban versos muchas veces subidos de tono, como criticaba “El Progreso” en 1928: “cada año presenciamos el bochornoso espectáculo de individuos que aprovechan malamente la libertad de esos días, para decir insolencias y hacer alusiones inconfundibles a personas de respeto”. Con el correr de los años las murgas fueron mejorando su presentación, así como su vestimenta, ya que es sus inicios la indumentaria consistía simplemente en pantalón y camisa “porque esa ropa que se compraba o que eran donadas por alguna tienda, después les serbia a los muchachos para salir o para trabajar. Eran otras épocas mucho más difíciles”, nos comenta Justo Pozzolo. Gente modesta, salvo algunas excepciones como la murga juvenil “Buenos amigos”, del barrio del Club Independiente. La mayor parte de los murgueros eran analfabetos , tenían que escuchar ocho o diez veces los versos a los que sabían leer, en torno a un farol, hasta memorizan las letras.
Aunque desde las primeras décadas del Siglo XX la prensa mercedaria ha venido vaticinando “la muerte del Carnaval” esta fiesta popular sigue vigente, y parecería ser con una existencia que  se extenderá por muchos años más.
 Notas:
(1)“Historia de la Sensibilidad en el Uruguay”, Tomo I, José Pedro Barrán, Banda Oriental, Montevideo, 1992.
(2)Diario “El Teléfono”, 20/2/ 1896, y 4/3/1897, Mercedes.
(3)“Historia de la Sensibilidad en el Uruguay”, Tomo 2, José Pedro Barrán, Banda Oriental, Montevideo, 1992.
(4)“Capullito, el Gorrión más volador”, Aldo Difilippo, Revista HUM BRAL, N° 6, Mercedes, 1991.
(5)Idem 6.
 Nuestro especial agradecimiento al Sr. Justo Pozzolo, quien nos aportó valiosa colaboración para la presente investigación.



Según relata Milita Alfaro "en los corsos de 1900, surcaron el aire montevideano flores, bombones, pantallitas chinescas e, incluso, bolsitas de raso de colores donde manos femeninas [...] habían estampado la inscripción 'Carnaval 1900' y habían pintado a la acuarela golondrinas, palomitas y caretitas." Para ese entonces " había irrumpido en Montevideo 'una de las invenciones más peregrinas del 'esprit' francés': la serpentina."* Al margen del protagonismo del que gozaba en estos festejos el Centro de la ciudad, cada barrio se vestía de forma peculiar para esta ocasión. Especialmente lujoso era el tradicional desfile en el que los automóviles último modelo transitaban por las ramblas del Parque Rodó y Pocitos. Año 1920 (aprox.).
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