viernes, 17 de febrero de 2012

A propósito del día de San Valentín

Una historia de amor
que debe conocerse


Porque “muchos mueren a los treinta y son enterrados a los ochenta”

Ruben López Pacilio
Esa fría noche estaba adentro del auto escuchando radio. Por el espejo retrovisor veo acercarse un coche para entrar al garaje. Era Quica, mi vecina, señora de la tercera edad que llegaba acompañada. No me llamó la atención porque es muy sociable. Baja un señor mayor por la puerta del acompañante, ayuda a abrir el garaje, luego lo cierran. Juntos conversan parados sobre el umbral. Ella entrega el saco que tenía puesto sobre los hombros, deduzco que el caballero la protegió del frio y le dio su abrigo. Se despiden ¡que veo! se besan en los labios repetidamente como adolescentes robando sueños, y rápido, para ocultarle a la luna, ella entra en su casa y él con paso firme se aleja presumiéndole a las sombras. Sentimientos encontrados me inundan. Asombro, excitación por compartir sin que ellos sepan su secreto, admiración por permitirse jugar al amor…. no pude resistirme y encendí el auto. Con prudente distancia seguí al hombre; no podía creer lo que había presenciado. Fueron 7 cuadras y entra en una casa. Conocía a sus dueñas y deduje que era el hermano. Había escuchado sobre este señor, escritor reconocido y con vida muy vivida. A la mañana, comento solo con Mario… es también nuestro secreto. Pasados unos días, Mario encara a la enamorada con complicidad festiva; ella asiente y nos divierte la situación, le contamos como fueron descubiertos y entre risas, rubor y felicidad, la historia se va moldeando. Ella 76 y el 10 años mas… profesional jubilada, viuda, de familia aristocrática y con muy buen pasar… él, impecable, literato, rico en historias, fantasioso, bohemio y enamorado de la vida… con amplio prontuario que lo delata. Pocos buenos augurios a esta relación. Todos se consideraban con derecho a opinar, no importaba. Sin pedir permiso se largaron al encuentro del amor. El tiempo pasa, rápido como saeta arrojada entre las nubes. Sus ojos cada vez tienen menos brillo, pero no importa, la intensidad de sus corazones cobra día a día mas fuerza, cada uno es lazarillo del otro. En el banco de sus días fueron depositando enseñanzas que permiten trascender. Alimentan con sus réditos el anciano aspecto mentiroso, de espíritus atemporales; con optimismo se proyectan en tiempo y espacio. Del brazo por la calle, lentamente, plenos, radiantes… el caballero más atlético, a sus 93 años, galante y obsequioso, alienta el disfrute de su amada, que recibe la caricia del sol y el aroma de azahares de primavera…  en la más tierna compañía. Entre lecturas, poemas y canciones, vencen la soledad … queda el recuerdo de noches sombrías. Sin pedir permiso al prejuicio… todos los días hay un nuevo amanecer. Muchos mueren a los treinta y son enterrados a los ochenta… los “tortolitos” nacen a los 80 y ofenden al reloj sin fecha de vencimiento. Mientras quede un soplo de vida, lo mas digno es honrarla con la mas pura inocencia… la de eterna juventud…. jugando a las escondidas con la vejez, Cronos no los descubre... en el mejor sitio muy abrazados y tomadas las rugosas manos, muestran al mundo la belleza de las hojas mustias de fuertes árboles perennes. Cómplices bibliotecas motivan con situaciones y personajes inventados, la realidad de nuestras palomas, que todo el tiempo unen sus picos en el beso mas dulce… el del alma y ¡cubiertos con el mismo abrigo! Los vecinos no murmuran; las respuestas llegan solas, el que todo lo da y todo lo puede ha cegado sus ojos, pero dio luz a sus almas con la intensidad y pureza del amor mas primitivo e infantil, casi maternal. Feliz día de “San Valentin”… en Quica y Wilson saludamos a todos nuestros amigos, y que el amor les sonría como a nosotros. Ruben y Mario.
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