viernes, 23 de marzo de 2012

El Cuentito Medieval

De como Alex Unvago se quedó en gusano pretendiendo llegar a mariposa
                                                                                              
                                     
Escriba Medieval

Había una vez en una pequeña y lejana comarca un Señor feudal que reinaba sobre su pueblo desde un coqueto y antiguo palacio que erguíase a poca distancia del gran Lago Negro.
¿Qué lo hacía con justicia? No os responderé, pues destas cuestiones es mejor dar testimonio que fablar al viento.
Debéis saber, amados Cofrades, que nada de lo que ocurra en palacio me es ajeno, pues los maltratados por los poderosos suelen trocar en grito su silencio en boca del humilde.
Cada mañana las palomas se posan en la ventana sur de mi scriptorium, pero no llegan en busca de migajas; demasiado dignas son para necesitar las sobras de un hombre viejo. Se posan con mensajes que cuentan las andanzas de los lacayos lamebotas del Señor. No para que el humilde haga justicia -porque no puede ni es su cometido- sino para que el monstruo de la maldad no siga alimentándose en las sombras. Devorará cuanta gente le apetezca, pero tendrá que facerlo a la luz y saber de todo el pueblo.
Fuese así que en estas horas de la alta noche, logrado he hilvanar varias historias de las que se desprende la siguiente:
Os recuerdo que tiempo atrás celebróse en la Gran Comarca “la noche de los museos”; oportunidad en que el Amo ordenara al lacayo escribidor de bandos palaciegos llamado Alex Unvago, ficiera un gran cartel anunciando las actividades previstas. También recordarán –porque ya os lo he contado- que “casualmente” el desmemoriado Alex “olvidó” incluir en tal anuncio, la visita organizada al camposanto por la “Dama de la Noche” –quien- estudiosa del valor de las obras funerarias, invitado que había a los aldeanos a conocerlas.
Pero como la envidia es hija de la idiotez y la imbecilidad, el desgraciado Alex acumulando que fue odio en su oscuro corazón de lagartija, y un buen día llevó ante el Señor –para que este lo rubricase- un pergamino con la orden de expulsar del palacio a la Dama de La Noche.
Dicen por allí que lo hizo entreverado con otros documentos menores, pero también existe la sospecha que el Amo estaba en conocimiento del asunto.
Alzó la voz la Dama de marras, y fuese a fablar con los del Sind- Icato del estandarte Amarillo, quienes ante ella se horrorizaron y prometieron “tomar medidas”, pero corrieron de inmediato ante el Señor para burlarse de ella con grandes risotadas.
Decidida a recibir explicaciones, presta fue la Dama de la Noche ante el Señor feudal, quien le dijo: “si te han expulsado, te lo mereces por atreverte con Alex Unvago”.
Quedó clara de ahí en más la actitud responsable y comprometida del Amo ante los deberes de palacio, ya que después de ello fuése a darle de beber a sus pequeños caballitos sin tener la honra de emular a Pilatos –y por lo menos- lavarse las manos en el bebedero de los equinos.
Sin embargo, amados Cofrades, no os mostréis sorprendidos por estos  aconteceres palaciegos, pues forma parte del proceder de los mediocres anular a quienes hacerles sombra pueden a fuerza de talento.
En mi reciente visita a la pequeña comarca, el campesino que me dio a beber un jarro de leche de su vaca me dijo casi en un susurro: “saben que el reinado llega a su fin, y hacen lo que hacen para conservar y ejercer su poder hasta último momento. Quizá queden aún algunos maravedíes en las arcas de palacio. ¡Pobre del Señor feudal que venga!  ¡Sentado lo veremos, mendigando a las puertas de la abadía!”.
 
Moraleja:
      La galanura amable de la que muchos Señores feudales alardean,  se va al demonio cuando de Alexs Unvagos se rodean.
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