sábado, 28 de abril de 2012

Hablando de bueyes perdidos
“MAL COMPAÑERA…

Ángel Juárez Masares

“…de viaje, es la soledad”, dice la canción. “Me atrapa cuando estoy para milonguear” –sigue- pero no la escucho más. Ahora pienso en la cantidad de soledad que nos llega todos los días y a cada rato desde todas partes. Yo que soy un adicto convicto y confeso a la radio lo puedo asegurar. Me llega en la madrugada la voz de esa señora que llama a Radio Mitre y confiesa su amor por quien conduce un programa a esa hora. El hombre le agradece con amabilidad y pone “al aire” otra llamada. La historia se repite, y el hombre agradece nuevamente; luego viene la tanda, y después leerá las portadas de los diarios. Todos lo días y en todas la radios ocurre lo mismo. Gente que se aferra a una voz, porque muchas veces no ha visto el rostro del destinatario de su admiración.
De estas cosas puedo hablar con propiedad, porque lo he vivido antes; hace algunos años. Recuerdo que me molestaba el “lenguaje papal” que suele utilizarse en las radios, es decir, estar solos con un micrófono delante y decir “nosotros”, y que también suele utilizarse en los periódicos. Quizá por eso hoy quise escribir en primera persona.
Las madrugadas en la radio tienen ese… ¡que se yo!... ¿viste?, y la voz de Amelita Baltar cantando Balada para un Loco calza justo con mi pensamiento. Si… las madrugadas de la radio tienen ese “¡que se yo!” tan ligado a la soledad que si uno se pone a pensar mucho es aterrador, porque la soledad es aterradora cuando no se sabe convivir con ella. Y… ¡caramba si es difícil hacerlo!
Les aseguro que casi sin esfuerzo puedo recordar las voces… y los nombres de la gente, y la ansiedad por que los escuchara, pero no porque fuera yo, con nombre propio, simplemente porque “estaba ahí” en ese momento, pues nada hay mas “infiel” que quien escucha radio en la madrugada. ¿Por qué digo esto? Porque cuando ya no estás  llamarán a otro, y le contarán sus problemas, y le dirán cuánto le quieren.
Pero no solo en la radio se ve la soledad. Uno la encuentra en cualquier calle de este pueblo pequeño, o cualquier otro, en una plaza, a la orilla del río, viene con forma de señor que pasea el perro y se detiene para comentar cualquier cosa, y uno sabe que es un pretexto para hablar. O esa señora que en la fila para pagar comenta cómo aumentó el costo de la energía eléctrica, pero de inmediato me dice que advirtió a su familia para que no tenga encendidas luces innecesarias; y de ahí pasa a contarme que, bueno…estos días es diferente porque vino la hija de Buenos Aires y a veces se quedan hasta mas tarde, y que además los nietos…¿vio como son los chiquilines?... y así llegamos a la ventanilla, pago y me voy sin saludar, pero no importa porque la señora ahora le cuenta algo al cajero, que seguro estará mas atento al “vuelto” que a una historia familiar.
“Entre tantas cosas que aprendimos allá –decía mi Amigo refiriéndose al Penal de Libertad- quizá la mas importante fue a convivir con la soledad. Era como si tomara cuerpo. Estaba allí, y había que aceptarla y quererla, porque lo contrario era arriesgarse a perder la cordura”.
Yo lo entendía porque había vivido en grandes ciudades, y no hay lugar donde el hombre esté mas solo que entre millones de sus congéneres.
Sin embargo se me ocurre que no debemos pensar que la soledad es un enemigo. A veces la necesitamos para encontrarnos a nosotros mismos, depende de las circunstancias y el momento que esté atravesando cada uno. En mi caso es bueno estar solo ahora, cuando aún no amanece y me pongo a hablar de bueyes perdidos, pero… ¿lo estoy acaso?...
Hecha un ovillo bajo la mesa duerme mi anciana perrita… en el caballete un hombre que está tomando forma me mira con sus brazos apoyados en las rodillas; desde una radio en internet una voz en francés me dice algo que no entiendo, pero que tiene que ver con el próximo concierto.
Está amaneciendo, y ahora no se si en realidad la soledad existe, si es un ente que creamos para que nos acompañe, o si todo lo que escribí antes no es verdad. Si es así pido disculpas y admito que ignoro mas de lo que se, pero no puedo prometer escribir sobre las cosas que conozco… cabrían en cuatro líneas.
Publicar un comentario