viernes, 6 de abril de 2012

La crisis se ensaña contra
el arte



Los gobiernos europeos están recortando su apoyo a la cultura, y los amantes estadounidenses del arte poco a poco empiezan a sentir los resultados.
En Italia, La Scala, el teatro de ópera mundialmente famoso, enfrenta un déficit de nueve millones de dólares debido a las reducciones en los subsidios. En los Países Bajos, el financiamiento gubernamental para programas de artes se redujo 25 por ciento. Portugal abolió su Ministerio de Cultura.
Los problemas económicos de Europa, y los programas de austeridad, cuyo propósito es resolverlos, están obligando a las instituciones de las artes ahí a restringir programas, giras y subvenciones. Como resultado, algunos conjuntos están reduciendo sus producciones y tratando de recaudar dinero entre donadores privados, algunos en EE.UU, potencialmente haciendo que compitan con organizaciones artísticas estadounidenses.
Para los estadounidenses acostumbrados a ver lo mejor y más aventurero de la cultura europea en recorridos por EE.UU. las limitaciones empiezan a afectar tanto a la cantidad como a la calidad de los intercambios de arte. Por ejemplo, al menos tres compañías teatrales europeas que se esperaba se presentaran en enero en el festival de teatro Under the Radar en Nueva York se tuvieron que retirar porque no pudieron pagar los costos del viaje, ni tampoco los organizadores.
"Está dificultando demasiado los intercambios internacionales, en especial con las compañías más pequeñas", notó Mark Russell, el director artístico de Under the Radar.
"Es un entorno muy frustrante en el que estamos ahora, apretado en parte por nuestro propio crac, pero, más en general, porque me parece ahora que cada vez que tocamos la cuestión internacional tenemos una crisis y regresamos a cero".
Para los artistas y administradores en Europa, tales cambios son profundamente inquietantes, incluso revolucionarios. En comparación con EE.UU. Europa ha abrazado un modelo que contempla a la cultura no como una mercancía para la cual las fuerzas del mercado determinan qué productos sobreviven, sino como un legado común que debe alimentarse y protegerse, incluidas formas artísticas que pueden carecer de un atractivo masivo.
"La cultura es una necesidad básica", dijo Andreas Stadler, el director del Foro Cultural Austríaco en Nueva York y presidente del capítulo neoyorquino de los institutos nacionales de la Unión Europea para la cultura. "La gente debería tener el derecho a ir a la ópera". En general, agregó, "la cultura está mucho más arriba en nuestra agenda política de lo que está aquí, porque está tan vinculada a nuestras identidades".
Alemania y Francia, las economías más grandes y más estables de Europa, padecen menos e, incluso, pueden apuntar a incrementos en el financiamiento de algunos programas, géneros y conjuntos oficialmente favorecidos que se ve que promueven las imágenes de los países en el extranjero, como la cinematografía.
Sin embargo, otros países con gobiernos liderados por conservadores o tecnócratas - como Italia, Hungría, los Países Bajos y Gran Bretaña - han recortado sus presupuestos para cultura. Al igual que otros que se ven obligados a reducir el gasto público para permanecer en la eurozona, incluidos Grecia, Portugal, España e Irlanda.

265 MILLONES MENOS
En el caso de los Países Bajos, el presupuesto cultural se está reduciendo en unos 265 millones de dólares, o 25 por ciento, para principios de 2013, y los impuestos sobre los boletos de las actividades culturales aumentarán de seis por ciento a 19 por ciento, aunque están exentos cines, encuentros deportivos, zoológicos y circos. Halbe Zijlstra, el secretario de educación, cultura y ciencia, señaló que el centro de atención está en "más que calidad, en una visión nueva de la política cultural", en la cual las instituciones deben justificar lo que hacen económicamente y competir por los fondos limitados.
En términos prácticos, ello ha significado que las compañías más pequeñas, en especial las comprometidas con esfuerzos experimentales y vanguardistas se llevan la peor parte de los recortes en los proyectos. Las instituciones grandes y establecidas, como los museos Rijks y Van Gogh, la orquesta Royal Concertgebouw y el Ballet Nacional Holandés, tienen una mejor posición para valerse por sí mismas.
"La economía ya no es tan buena, así es que para obtener apoyo, tienes que ser una compañía grande, con reputación internacional", dijo Michael Nieuwenhuizen, el gerente senior de proyectos para asuntos internacionales del Netherlands Music Center. "Además, el gobierno quiere ver el valor por el dinero y relaciona eso con los mercados, así es que si tienes público, se te recompensa".
Como resultado, agregó, "vamos a perder a algunas orquestas y coros".
Y en el campo de la danza, dijo Sophie Lambo, directora administrativa del International Danstheater de Amsterdam, "habrá un tsunami".
En los años de auge, antes de que la crisis económica golpeara a finales de 2008, era común que las orquestas, y compañías de ballet, ópera y teatro europeas hicieran giras y viajaran más allá de Nueva York, a ciudades como Minneapolis y San Diego. Eso ahora se ha vuelto más difícil, y cuando ocurre, los intérpretes europeos esperan que sus anfitriones estadounidenses cubran más de los costos.
"Tenemos menos dinero y cambiamos nuestro concepto de cooperación", notó Stadler de la asociación de institutos culturales europeos, la cual tiene 44 miembros. "Esperamos más de nuestros socios y negociamos más duramente".
Los recortes están golpeando tan duro que algunos institutos culturales en Nueva York que han funcionado como intermediarias para compañías de arte en sus países de origen han experimentado reducciones de personal o de salarios, o ambas cosas. La crisis también afecta al tipo de arte que se interpreta y cómo se hace. Tras retornar de un viaje a Europa el mes pasado, Nigel Redden, el director de los festivales artísticos del Lincoln Center y Spoleto, dijo que parece que está creciendo una tendencia hacia Nueva York con menos personajes o intérpretes, especialmente en piezas comisionadas.
"Muchos dramaturgos están escribiendo cosas para tres intérpretes en lugar de ocho, y si eres compositor, es posible que estés escribiendo para un conjunto de cámara en lugar de una sinfonía", observó. "Eso también es un factor en el clima actual: los artistas quieren que se interprete su obra, y montar producciones más reducidas es, inevitablemente, menos costoso". Algunas de esas obras reducidas empiezan ahora a encontrar camino hacia EE.UU. La alineación para el Festival del Lincoln Center este verano en Nueva York, anunciada la semana pasada, incluye a "Emilie", una ópera "monodramática" con un solo cantante, escrita por el compositor finlandés Kaija Saariaho, cuyo estreno estadounidense el año pasado fue en el Spoleto de Charleston, Carolina del Sur.

A LA BÚSQUEDA DE UN GENEROSO MESÍAS
Mientras que las instituciones afectadas en Europa batallan para mantenerse a flote, también cultivan a donadores privados en cualquier parte. Sin embargo, con poca experiencia o comprensión de ese tipo de recaudación de fondos, a menudo recurren buscando consejo a las instituciones estadounidenses con las cuales han forjado afiliaciones de tiempo atrás.
"Puedo decirle que en todas partes -hablan de que sus gobiernos- dicen que van a tener que cambiar a un modelo estadounidense", dijo Joseph V. Melillo, un productor ejecutivo de la Academia de Música de Brooklyn. "Pero no hay tradición de filantropía individual en muchas de estas culturas, así es que carecen tanto de motivación como de incentivos fiscales que brindar".
Algunas instituciones europeas de arte ya empezaron a buscar apoyo financiero en EE.UU, acercándose a compañías estadounidenses o a personas acaudaladas con vínculos emocionales a una patria ancestral. Sin embargo eso significa, como reconoció Stadler, que "también competimos con instituciones estadounidenses, las cuales también están muy golpeadas".
A los artistas les preocupa que el dinero fluirá para las entidades establecidas que tienden a ser más conservadoras, en lugar de las compañías experimentales que han servido de incubadoras de nuevos talentos. Eso, dicen, tiene implicaciones profundas para el proceso artístico.

EL IMPACTO
Las compañías establecidas "necesitan actualizar su obra trabajando con artistas más jóvenes, y son las compañías pequeñas y medianas las que aportan diversidad e innovación", explicó Ivana Muller, una coreógrafa que reside en Amsterdam. "Ahora, se ha creado una dinámica de producción diferente", agregó, "y desaparecerá mucho trabajo bueno porque no se puede sostener a sí mismo financieramente", sin apoyo gubernamental.
Aun cuando amaine la crisis económica, muchos temen que el impacto de las reducciones podría afectar en forma permanente a cada etapa del proceso artístico, desde la creación hasta el consumo. "Quizá, en lugar de hacer a Brian Friel, uno haga a Noel Coward, porque la taquilla es importante", dijo Nigel Redden, director de los festivales artísticos del Lincoln Center y Spoleto. "Creo que sería devastador que todo se volviera comedia de sala de estar y no hubiera nada de teatro descarnado. Todavía no se llega a eso, pero, definitivamente, se está dando cierto tipo de calibración", agregó.


Extraído de: www.elpais.com.uy
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