sábado, 28 de abril de 2012

Los medios y los medios


Gonzalo Perera

Ni es chiste ni es error de tipeo. Es que las Políticas de Comunicación que todo Estado debe tener- y muchísimo más cuando gobierna la izquierda- requieren tomar el toro por las guampas respecto a los medios y a los medios. Los medios de comunicación como usualmente los concebimos (canales de TV abierta o para abonados, radios, diarios, revistas, medios digitales) y los medios de transporte de las comunicaciones (o sea las telecomunicaciones, y, dentro de ello, lo que es el punto medular: la provisión de banda ancha o conexión a Internet, que es la tecnología  sobre la que casi todo tiende a transportarse).
Quien conozca de cerca el trabajo de Rafael Correa como presidente del Ecuador, a muy poco de observar, se habrá dado cuenta de tres cosas: 1) Que es una máquina de trabajar con una energía intelectual y física completamente excepcionales. 2) Que tiene una sensibilidad popular y una consecuente empatía con el ecuatoriano bien de a pie, realmente formidable, un carisma popular tan excepcional como genuino. 3) Que Correa va en serio en todo, con él no se jode, ni desde adentro del Ecuador ni desde ninguna multinacional Soy uno de los muchos intelectuales (en el viejo sentido del término, no en sentido funcional y contertulio de nuestros días, anoto) que suscribió una carta de apoyo Proyecto de Ley Orgánica de Comunicación de Ecuador, que el miércoles 11 de abril entró a consideración de la Asamblea Nacional de Ecuador, concretando en ley el principio general establecido en la Constitución del 2008, que es quizás la más avanzada en la materia en el continente: LA COMUNICACIÓN (integralmente entendida) ES UN DERECHO. Esta ley, por ejemplo, reparte las frecuencias de radio y televisión del modo siguiente: 34 % para medios comunitarios, 33 % para medios públicos y 33 % para medios privados. Los medios comunitarios son concebidos en dicha ley como «mecanismos para promover la pluralidad, diversidad, interculturalidad y plurinacionalidad» (Art. 92) y se prevé que las entidades estatales contraten publicidad y servicios en tales medios para la difusión de contenidos educativos y culturales. La ley impide además la concentración oligopólica tradicional de nuestra región, al establecer un límite para una misma persona (física o jurídica) de una sola frecuencia para AM, una para FM y una para televisión, en todo el territorio ecuatoriano. Actualmente cerca del 90 % de las frecuencias están en manos privadas y la ley establece las pautas de la «transición» cuya magnitud es obviamente revolucionaria.
Adicionalmente la ley obliga a incluir un 40 % de contenido nacional en los medios audiovisuales y 10 % de producción nacional independiente. En las radios, el 50 % de la música debe ser producida, compuesta o ejecutada en Ecuador. Por si fuera poco, la publicidad debe ser producida en el país. Naturalmente la derecha ecuatoriana ha puesto el grito en el cielo y al momento de escribir esta nota, es incierto el resultado de la votación legislativa, ya que literalmente, «le han tirado con toda la artillería» a la ley.
Eso motivó que la Red de Intelectuales En Defensa de la Humanidad apoyara la ley en una carta abierta que cuenta con firmas como las de Ignacio Ramonet, Ana Esther Ceceña, Carmen Bohórquez, Marta Harnecker y Oscar Ugarteche, donde se afirma que «será un aporte valioso a la democratización de las comunicaciones en toda Nuestra América».
Por cierto que sí y uno ve con alegría la sonrisa radiante de Rafael  Correa, ese ejemplar hijo del pueblo del Ecuador, en esta iniciativa,  en todo su esplendor. Pero permítame agregarle, querido lector, que, como vicepresidente de ANTEL tuve el honor de aportar un pequeñísimo granito de arena para ayudar al gobierno de Rafael Correa a darle oxígeno a la CNT (Corporación  Nacional de Telecomunicaciones), resultante de la fusión de las compañías Andinatel y Pacifictel realizada el 30 de octubre del 2008. Los Buccaram, Lucio Gutiérrez y otros personajes similares hicieron TRIZAS la presencia estatal en telecomunicaciones. Correa (como Chávez, como Evo) resolvió revertir ese disparate cipayo. Para ello confió en la ayuda de la experiencia uruguaya en materia de presencia del Estado en un sector ESTRATEGICO. Me disculpo por la inmodestia de la pequeña autoreferencia pero lo que viene al caso es que consta como a pocos el esfuerzo que hizo Correa para poner de pie al estado en «los otros medios»: los de Telecomunicaciones. ¿Y por casa como andamos? Se trabajó para elaborar una Ley de Medios, la critiqué por «light», pero era un paso en buena dirección ¿En qué quedó? ¿Usted lo sabe? Yo no. Veo, como simple ciudadano interesado en la temática, a ANTEL paradita muy firme en la cancha, desplegando FTTH (fibra óptica hasta los hogares, la mejor tecnología de telecomunicaciones «alámbrica») y LTE (la mejor tecnología «inalámbrica») para desesperación confesa (en entrevista en el Semanario «Búsqueda») del Presidente de la Cámara de Telecomunicaciones del Uruguay (pomposo nombre para la caja de resonancia pública de los intereses de Telefónica y el Grupo Slim en el Uruguay). Este motivo de alegría para mí ha sido matizado por el anuncio de que este año se discutiría en el parlamento una  Ley Nacional de Telecomunicaciones.
No porque no quiera una tal Ley, sino porque los lineamientos generales que al respecto se adelantaron, me parecieron de flojos para bajo. Por ende, ante el desconocimiento de la suerte de la ley sobre «Los Medios» y ante una posible discusión (que no arrancaría bien) sobre los otros medios en Uruguay, a la luz de la experiencia de Ecuador, hago votos para que el espíritu vital y generoso de Rafael Correa nos contagie un poco. Y manifiesto mi explícita adhesión a manifestación que escuché a militantes del Centro de Estudiantes de Ingeniería de nuestra Universidad de la República: hay que salir a la calle, que no todo es cuestión de redes y cartas, por una Ley de Medios «en serio», que democratice profundamente «Los Medios» (léase en particular bien clarito: que termine con los inverosímiles privilegios de la monarquía hereditaria que controla los medios hegemónicos) y por una ley de Nacionalización de «los otros medios» (concretamente de la infraestructura de telecomunicaciones del Uruguay). Sumo mi pequeñísimo apoyo al gran compañero Rafael Correa, sumo mi pequeñísimo apoyo al coraje cívico e inteligencia de los estudiantes uruguayos. Ojala sus virtudes conciten los necesarios apoyos y superen la tendencia a la resignación, el gran obstáculo subjetivo a remontar para  para todo gobierno realmente progresista.

Extraído de: Semanario El Popular

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