viernes, 11 de mayo de 2012

El día que el color invadió Casablanca


Ángel Juárez Masares


Suele ocurrir que muchas veces quienes vivimos en este país no tenemos real conciencia de lo que somos capaces de hacer, y si bien esta reflexión puede ser aplicada a diversas actividades: deportivas, científicas, profesionales, esta vez está centrada en el plano de la cultura.
Entre los días 4 y 6 de este mes, se realizó en pueblo Casablanca, ubicado a pocos kilómetros de la ciudad de Paysandú, un Encuentro Internacional de Artistas que tuvo como objetivo cambiar la cara de esa pequeña comunidad, y vaya si lo consiguieron. Durante tres días, alrededor de 70 artistas de Uruguay, Argentina, y Venezuela, trabajaron pintando muros y paredes de las casas; elaborando sus obras sobre grandes telas, creando esculturas e instalaciones que quedarán en el lugar como acervo cultural, o amenizando las noches a través del canto y la danza.
Este tipo de actividades tiene además un componente no menor, pues en momentos que la tecnología ha hecho desaparecer las fronteras geográficas, el permanente intercambio de mails que se pudo apreciar augura la continuidad de la relación establecida entre los participantes, con los beneficios que naturalmente ello implica.
Mas allá de lo positivo del Encuentro referido, no podemos evitar dirigir nuestro comentario hacia la capacidad de nuestra gente para organizar eventos cuando se le proporcionan los medios económicos necesarios para hacerlo. En este caso por iniciativa privada vinculada al Frigorífico “Fricasa”, y a cargo de Jandra Pagani y Mario Sarabí, quienes lograron encajar todas las piezas necesarias para alojar casi 70 personas en un lugar que carece de infraestructura hotelera; proporcionar alimentación adecuada, concertar Charlas -como la ofrecida por Gabriel Courtoisie sobre Pedro Figari- y además poner a disposición de los artistas el material necesario para elaborar sus obras.
En otro orden y a título informativo, cabe señalar que este año no se realizará el llamado “Duelo de pintores” que tuvo su inicio en la pequeña localidad de Piedras Coloradas, y luego en Chapicuy, en ambas oportunidades auspiciado por la Intendencia Municipal de Paysandú. La falta de interés de las nuevas autoridades departamentales en apoyar el evento hace que sea imposible su realización. Recordemos que esto no solamente impide que los artistas se reúnan para crear, sino que deja a Paysandú sin las obras producidas en esos eventos, pues es condición fundamental que las mismas pasen a integrar el patrimonio cultural departamental.
Lamentablemente en nuestro país aún resulta muy dificultoso establecer políticas de Estado culturales, y –pese a intentos aislados y generalmente de poca monta- el “divorcio” existente entre el Gobierno Central y las Administraciones departamentales es evidente y a todas luces –por ahora- irreversible. Por regla general las intendencias municipales suelen funcionar como “feudos” donde sus gobernantes “hacen pie” para llegar a Diputados o Senadores, y los eventuales aciertos de sus antecesores –que los hay- se pierden por falta de continuidad.
Sin embargo es de justicia tener presente las excepciones que confirman la regla. Baste para ello recordar que la “Fiesta de La Patria Gaucha” que se realiza anualmente en Tacuarembó se ha posicionado más allá de intereses políticos, y a ningún Intendente sensato se le ocurriría dejar de apoyarla. También ese departamento ha permanecido atento a San Gregorio de Polanco en su carácter de Primer Museo Abierto de América Latina, y a las exigencias del grupo local que vela y trabaja por la obra muralística y escultórica que ha puesto al pueblo en la mira del mundo.
En definitiva, es innegable que la calidad del artista uruguayo se pone en evidencia ante la menor oportunidad –y mas allá de nombres propios- podemos asegurar que en el pueblo mas pequeño y alejado de la Capital vive un artista que crea y merece respeto, además de un apoyo que hoy no tiene. Suele ocurrir también que cuando ese artista logra descollar por su propio esfuerzo –incluso fuera de fronteras- recién entonces “la prensa grande” le dedica algún pequeño espacio, no demasiado, porque también es verdad que por estas latitudes, la cultura no paga.
Breguemos entonces porque las iniciativas privadas sean imitadas; primero, porque el arte no nace por generación espontánea, y segundo, porque en la cultura de los pueblos se asientan las bases de una sociedad mental y físicamente apta para la convivencia.



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