viernes, 6 de julio de 2012

Apuntes de Pintura

¿Está la pintura en un período “meseta”?



Ángel Juárez Masares



Suele ocurrir que quienes tratamos de pintar nos encontremos de pronto en un estadio donde nada nos conforma. No importa que estén dadas todas las condiciones que cada uno necesite para trabajar, pero cuando aparecen las dudas el asunto se complica. Algunos de nosotros somos mas proclives que otros a la teorización de la pintura; hurgamos entre los libros, vemos hasta el cansancio –a veces lupa mediante- las obras de los grandes maestros, e indagamos en torno a los grandes movimientos pictóricos. Otros, simplemente pintan sin cuestionarse nada. Ni una ni otra cosa es criticable. Como actividad individual, la pintura permite y otorga la libertad para actuar de acuerdo al libre albedrío de cada uno. Sin embargo las dudas a las que nos referimos no solamente pasan por el caballete; básicamente están vinculadas a encontrar –si lo hubiere- el camino hacia donde se dirige esta disciplina.
El ingreso del arte digital hace aún mas dificultosa esa búsqueda, pues marca una suerte de hito frente a las técnicas tradicionales, y pone sobre el tapete su connivencia, o no, con la pintura. La evolución del arte siempre ha estado oscilando entre la continuación de una tradición, y la rebelión contra ella. Quizá solo a partir del Renacimiento (para establecer un punto de partida eminentemente aleatorio) la continuidad de la tradición comenzó a ser un problema, o por lo menos, a prestar atención en qué medida lo era. De ese intríngulis surgió el problema cultural del  Renacimiento; ¿no se renuncia a lo mejor de uno mismo si nos ceñimos a las estructuras tradicionales? Por otro lado; ¿no se pierde uno en el propio caos interior si renuncia de plano a toda indicación, doctrina, o simplemente a la observación de los grandes maestros? ¿Como se establece el balance entre los diferentes Movimientos pictóricos a lo largo de la historia y la corriente desbordada de lo nuevo?
El problema cultural del arte surge cuando, no solamente se ponen en tela de juicio los métodos, sino también los fines del arte. Recordemos que entre los fines “anticlásicos” del manierismo, estuvo el abandono de la concepción de la obra de arte como un todo orgánico, indivisible e inmutable; la obra de arte paradigmática del “anticlasisismo” se compuso con elementos muy diversos, heterogéneos, y casi independientes entre sí. La obra clásica no se compone de partes diferentes, sino que representa el despliegue de una visión del ser captado como unidad. La obra manierista se mueve en la periferia del ámbito que trata de representar, no solo para abarcar un sector mas amplio, sino también para indicar que “el ser” que representa no posee nunca un “centro”. En conclusión; cuanto mas originales, extrañas, y enigmáticas sean las imágenes, aportarán mayor valor específico –no clásico- a la obra en cuestión.
Ante la imposibilidad de ingresar en los diferentes Movimientos pictóricos, por su cantidad y complejidad, daremos un salto en el tiempo para detenernos en el cubismo, y el modo en que esta modalidad integró los objetos que rodeaban al artista, transformándolos en su propia iconografía, aunque también se ha interpretado esa inclusión como aislamiento de la sociedad ordinaria.
Mondrian  se jugó a que el nuevo arte constructivo del que era precursor crearía entre la gente una idea de belleza profundamente humana. De todas maneras un cuadro de Mondrian es la mas sublime expresión de una actitud espiritual, y un perfecto equilibrio entre la disciplina y la libertad.
Kandinsky comprendió que la emancipación de la dependencia con la naturaleza aún estaba comenzando, sin embargo recordó que el artista debía adiestrar su vista, pero también su alma. De ese modo podría sopesar colores y formas en su propia balanza. De no hacerlo, correría el riesgo de producir obras meramente decorativas.
Podríamos continuar dando grandes saltos en el tiempo. Deteniéndonos en épocas diferentes, y veríamos que todo ha sido una constante evolución, producto de una igualmente constante búsqueda. Entonces… ¿dónde estamos hoy?
Una mirada a lo que se pinta en el mundo nos ofrece alguna cuota de tranquilidad (¿o de inquietud?); nada hay nuevo bajo el sol. Todos estamos tras ese “algo” que se transforme en el disparador del Movimiento pictórico que marque el siglo XXI, si es que a este siglo corresponde tal circunstancia. Mientras tanto….sigamos buscando.
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