viernes, 13 de julio de 2012

Hablando de Bueyes Perdidos
De la imposibilidad de no ser un “consumidor”



Ángel Juárez Masares

Muchas veces criticamos la “sociedad de consumo”, de la cual inevitablemente formamos parte impelidos por nuestra condición gregaria. La diversidad de caminos que nos conducen a ser consumidores suelen tomar las formas mas inverosímiles que podamos imaginar. Sentarnos –por ejemplo-  frente al televisor para hacer “zapping”, nos pone ante los ojos una parafernalia de aparatos domésticos que nos harán la vida tan, pero tan fácil, con solo “llamar ya”, y si lo hacemos dentro de los primeros 10 minutos, la oferta viene con varios regalos fantásticos. Sin embargo no solo nos venden electromésticos, también cremas dentales que nos dejarán los dientes blanquísimos, jabón para el lavarropas que no deja mancha con vida, o desodorantes que con una sola aplicación tendremos a las mas hermosas mujeres a nuestros pies. La oferta comprende además productos para el espíritu. Si, no es cuestión de atender el cuerpo, también es necesario planchar el alma, y si no lo cree deténgase por un momento en uno de esos canales donde un pastor centroamericano vende salvación. Y aquí queremos detenernos por un momento.
Se preguntará usted por qué razón un ateo convicto y confeso como quien suscribe se quedaría viendo un Pastor centroamericano. Muy simple, trate de hacerlo objetivamente, y descubrirá la preparación para “convencer” que tiene esta gente. Indudablemente no hay allí nada improvisado. Cada gesto, cada tono de la voz, cada pausa hecha en el momento exacto, hasta el traje “de medida”, o el pasarse un pañuelo por el rostro, todo está estudiado. Sin embargo la “puesta en escena” no pierde la frescura y la “espontaneidad”. Personalmente aseguro que  no “compré” la fe, pero sin duda me vendieron un programa de TV, porque cuando levanto el control remoto para dispararle al Pastor un rayo invisible, transportarlo a otra dimensión, e irme al National Geografic,  el tipo camina hacia un costado del escenario donde ya suena una orquesta compuesta por una decena de músicos, y se pone a cantarle a Jesús al mejor estilo de Mike Jagger. Entonces me quedo. Fuera de la indumentaria –un tanto mas formal- la banda bien podría ser “telonero” de Roger Waters; las luces se atenúan, el “humo” brota de alguna parte, y el Pastor salta de una extremo a otro de la escena imbuido -no solo del espíritu de dios- sino de la pasión de Freddy Mercury…
Por eso me aferro a la teoría de la imposibilidad de no ser consumidor.
Cuando este monitor gigante y obsoleto en el que escribo llegue al término de su vida útil, no conseguiré otro igual ni en “mercado libre”. Entonces tendré que ir por uno de esos chatos, y cuando mi “teclado para elefantes” no funcione mas, compraré uno de esos “lavables”, porque además no sería disparatado que también me vendieran “jabón para teclados”.
De modo que cualquier discurso que elaboremos despotricando contra “el consumismo”, será solo eso: un discurso. Y si no lo cree, trate de encontrar quién le arregle ese microondas que dejó de funcionar; o ese televisor que se estropeó, o la licuadora que heredó de la abuela. Y si encuentra quien lo haga, probablemente la diferencia entre pagar el arreglo y comprarse uno nuevo sea tan insignificante que no le quedará mas que sacar “la tarjeta” y comprar nuevo, lo que sea (que seguramente será Chino).
Si lo pensamos un poco veremos que no existe diferencia entre el Pastor centroamericano que vende salvación, entre los conductores de programas chimenteros que trafican con intimidades reales o inventadas, solo varía la estrategia, pero el fin es el mismo: consumir.
Por ahora lo dejamos aquí, llaman a la puerta y debo atender…no sea cosa que sea Mr Músculo y me pierda la oferta.
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