viernes, 13 de julio de 2012

Apuntes de Pintura
La influencia parisina en la pintura mudial

Ángel Juárez Masares

A principios de 1900 el arte europeo había llegado a una fase cuya descripción mejor es la frase francesa reculer pour mieux sauter. No hubo señales de retirada, pero se produjo una pausa. Maurice Denis pintó el hommage á Cézanne, actualmente en el Musée d´art  Moderne de París. Muestra –entre otros- a Bonnard, Vuillard, Redon, Roussel, Sérousier, y el mismo Denis congregados en torno al hombre que reconocen como su maestro. En el mismo año, Gauguin se retiró a su destierro final –Las Marquesas- donde moriría tres años después en la miseria. Van Gogh y Seurat habían muerto y Toulouse Lautrec estaba agonizando; Degas se estaba quedando ciego, y aunque Monet iba todavía a pintar una serie de cuadros de gran importancia para el futuro, sus estanques y nenúfares, también estaba amenazado por la ceguera. Renoir era, igualmente, un hombre enfermo, aunque en los diecinueve años que le quedaban iba a pintar algunas de sus mejores obras.
A pesar de esta aparente detención del movimiento, se había establecido una posición de la que no cabía retirarse, y lo que se había logrado era tan deslumbrante en su gloria que todos los jóvenes artistas de Europa y América se volvían hacia París con ansia verdadera. En la gran exposición mundial que se celebró en París en 1900, los impresionistas y postimpresionistas habían sido admitidos en gran número y, si bien el público distaba aún de aceptarlos plenamente, ya tenían fama mundial.
Los jóvenes artistas llegaban a París desde todas las direcciones. Durante los primeros diez años, prácticamente todos los artistas llamados a convertirse en jefes de nuevos movimientos en el nuevo siglo visitaron París y muchos de ellos de quedaron allí. Algunos de ellos habían nacido en París y sus proximidades –Rouault, Picabia, Delauny, Utrillo, Derain, y Vlaminck- otros artistas franceses llegaron a la capital desde las provincias: Braque y Leger en 1900, Arp, y Marcel Duchamp en 1904. Picasso se presentó en París por primera vez en 1900, y pronto volvió para quedarse. Brancusi llegó por vía Munich en 1904, Archipenko en 1908, Chagall en 1910. Kandinsky fue a París en 1902, y luego en 1906/7; Klee en 1905: Juan Gris llegó y se instaló en 1906. Desde Alemania, Nolde llegó en 1899, Paula Moderson-Becker en 1900, y Franz Marc en 1903. De Italia acudieron, Carrá en 1900, Boccioni en 1902, Severini y Modigliani en 1906. Hasta de Estados Unidos llegó en 1905 un artista precursor, John Marin; en el mismo año, Max Weber salió de París y estableció un puesto avanzado del nuevo movimiento en Nueva York.
Recordemos que al mismo tiempo se estaba produciendo otra concentración de fuerzas en Munich, de alguna manera liderados por Lovis Corinth y Max Slevogt, que provocó  -junto a la fama de ciudad académica- la llegada de artistas jóvenes, como Wassily Kandinsky, Alexei Jawlensky, Naum Gabo, y Paul Klee. Si bien Munich estaba atento a lo que sucedía en París, lka capital bávara irradiaba un espíritu mas filosófico, sumando al arte la práctica de elementos teóricos.
En París, los pintores que reaccionaron contra el impresionismo fueron llamados les fauves (las fieras), un nombre que utilizó primeramente el crítico Louis Vauxcelles como una ocurrencia en la época del Salón de Otoño de 1905. El nombre era adecuado, porque los medios utilizados por estos pintores era decididamente violentos. Eran, en realidad, pintores expresionistas, y si bien el resultado final de cada movimiento iba a ser muy diferente, hubo durante algún tiempo un estrecho paralelismo entre los desarrollos concurrentes de París y en Alemania (especialmente los de Munich). Pero las paralelas, conviene recordarlo, tienen distintos puntos de partida y jamás se encuentran.
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