viernes, 28 de septiembre de 2012


El patrimonio cultural, en peligro: La crisis financiera amenaza los tesoros artísticos de Europa

 

 
  
 
El presupuesto para el mantenimiento de los sitios históricos es cada vez menor y hay grandes obras de arte y arquitectura que se deterioran. El problema es especialmente grave en Italia y Grecia. Símbolo: el Palacio Ducal, en Venecia. Hace poco fue forrado con publicidad, para costear su mantenimiento.
Como le ocurre a su economía en plena crisis global, a Europa se le agrieta su inmenso patrimonio artístico y cultural, único por la grandeza de su historia y su valor inestimable. A la decadencia de las potencias europeas se une el crepúsculo de las glorias de sus tantos siglos de civilización, que han dejado más claros que oscuros. Es melancólico constatarlo. El ex premier británico Gordon Brown estimó que Europa valía el 20% de la riqueza mundial cuando en 2007, con el default de los títulos “subprime”, comenzó la crisis global que promete durar al menos hasta el fin de la década. “Cuando salga, no superará el 12%”, caviló Brown.
Una debacle que se extiende como una peste por los lugares y sus contenidos maravillosos, pero también por los bienes inmateriales de la cultura. Quizás el futuro, en los países que no logren salir airosos a esta prueba, será acentuar el turismo y la condición de museo, como es el caso de Venecia, donde quedan solo 60 mil habitantes.
Por supuesto que no todos los grandes países están en situación similar.
“Nuestro patrimonio artístico está hecho pedazos”, advierte el director de Bienes Culturales de Italia. Este es el país que está peor. También están muy mal la magna Grecia, España y Portugal, todos de glorioso pasado.
Pero, hacia el norte, en Francia el presupuesto para conservar el patrimonio ha crecido 0,2% en 2012 y Alemania ha tomado medidas espectaculares en defensa de su cultura. Cada vez hay más dinero público para los seis mil museos subvencionados, 150 teatros de prosa y 84 líricos, 130 orquestas, más los circos y otras actividades.
En Gran Bretaña no están para ufanarse como después de los Juegos Olímpicos. Señalan casi 3.200 monumentos en peligro. El famoso reloj Big Ben del Parlamento se ha inclinado 43 centímetros y tarda en llegar la financiación.
Pero Italia, ¡ay!, da ganas de llorar.
Acumula más del 60% de las obras de arte del patrimonio mundial . Nadie la iguala en la belleza compartida de sus paisajes con las huellas de la civilización humana. El Imperio Romano, el Renacimiento, los Papas y sus Estados pontificios, el riquísimo medioevo, las arquitecturas que se suman por todos lados y que en Roma justifican el título de La Eterna.
Italia es un enfermo grave . Tiene 47 sitios protegidos de los 890 considerados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Casi 4.800 museos, 62.000 archivos y bibliotecas de valor inestimable para la cultura mundial, 1.144 áreas naturales presuntamente protegidas.
Este es el verdadero Oro Negro de Italia. Inigualable. Lo que buscan todos los años 45 millones de turistas, que serían el doble si supieran tratarlos y les presentaran tantas maravillas como merecen.
El último desastre de la incuria nacional fue un pedazo de muro del Pincio, una terraza que da sobre la Piazza del Popolo de Roma. Por falta de manutención cayó sobre la calle dedicada al Divino Poeta, D’Anunzio, que se revolcó en su tumba. Arreglarlo costará millones. Muchos más porque descubrieron que hay otras partes del muro construido por Valadier que están por venirse abajo.
La cronología de los derrumbes en Roma es demasiado larga. En las vastas Murallas Aurelianas ya se han caído media docena de tramos. En el Coliseo, el monumento más famoso del mundo, los traumas se acumularon tanto en los últimos años que para restaurarlo se recurrió a un mecenas. El industrial de los zapatos “Tod’s”, Diego Della Valle, propietario del club de fútbol Fiorentina. Por 25 millones de euros, tendrá derecho al uso del logo y otros instrumentos publicitarios.
En Venecia ya pusieron hace años en práctica el alquiler de las maravillas.
La Coca-Cola forró con publicidad el Palacio Ducal, mientras que Bulgari hizo lo mismo con el Puente de los Suspiros. Venecia lucha contra sus achaques como puede: si usted se levanta temprano y va al Palacio Ducal, verá desfilar horrendos rascacielos flotantes. Son los cruceros, que van por el canal de la Giudeca, cargados con miles de turistas. Los comerciantes agradecidos. Son los que traen más plata a la ciudad que declina.
Sombrío, en cambio, es el destino de la Villa Adriana, en Tívoli, a las puertas de Roma, un área de 40 hectáreas donde el emperador Adriano construyó una arquitectura de la historia y las pasiones de su vida.
Una maravilla inigualable del Imperio Romano, en estado calamitoso, con sus piscinas, palacios, monumentos, arcos, esculturas que se descascaran y los muros que se derrumban. Los turistas que llegan no tienen ni un baño ni un bar adonde ir.
Peor que Roma está Nápoles, donde el Palacio Real y los demás lugares que han hecho la historia de la que fue la ciudad más grande del mundo en el siglo XVIII, languidecen en la degradación. Y la Reggia de Caserta, magnífico castillo sede de los Borbones, se está convirtiendo rápidamente en un desastre, abandonado a sí mismo.
En España la degradación se multiplica, aunque mucho menos que en Italia. Pero la asociación Hispania Nostra denuncia que 417 palacios y lugares de gran valor (44 forman parte del Patrimonio de la Humanidad), están “en mal estado o en peligro de desaparición”.
Por último, la Grecia que fundó Occidente, donde nació la democracia y tantas cosas que son la base de nuestra cultura, se ha convertido en la peor de todas por sus dramas económicos que podrían obligarla a salir del euro. Cada vez los hermanos europeos le dan menos medios para proteger y restaurar lo que en realidad es de todos.
Subir al Partenón es una prueba desoladora.
Los museos, poco custodiados por falta de fondos, están a merced de los vándalos . Un solo guardia en el Museo Nacional de Atenas permitió en enero que los ladrones se llevaran un Picasso y un Mondrian. Está así descuidado, a la intemperie, un gigantesco patrimonio arqueológico de 250 recintos, 20 mil monumentos históricos y 210 museos.
 
 
 
Fuente: Julio Algañaraz, Clarín.
 


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