miércoles, 5 de septiembre de 2012


 
Lectura de domingo

 

He leído acostado
todo un blando domingo.
Yo en mi cama tranquilo,
mi suave cabezal,
mi cobertor bien limpio,
tocando piedra, lodo, sangre,
garrapata, sed,
orines, asma:
indios callados que no entienden
soldados que no entienden,
señores teorizantes que no entienden
obreros, campesinos que no entienden.
Terminas de leer,
quedan tus ojos fijos
¿en qué sitio del viento?
El libro ardió en mis manos,
lo he puesto luego abierto,
como una brasa pura,
sobre mi pecho.
Siento
las últimas palabras
subir desde un gran hoyo negro.
Inti, Pablito, el Chino, Aniceto.
El cinturón del cerco.
La radio del ejército
mintiendo.
Aquella luna pequeñita
colgando suspendida
a una legua de Higueras
a dos de Pucará.
Después silencio.
No hay más páginas.
Esto se pone serio.
Esto se acaba pronto.
Termina.
Va a encenderse.
Se apaga.
Va a nacer.

 

Nicolás Guillén
Cuba - 1902 - 1989

 
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