sábado, 13 de octubre de 2012

Editorial


HEREDEROS DE UN IDIOMA

                                                                                                                      

 

Ángel Juárez Masares

 

 

En nuestra edición (de papel) de abril de 1991, Aldo Difilippo daba inicio a una serie de tres notas acerca del descubrimiento de América, diciendo: “…esta sucesión de notas no pretende ser un grito alzado contra nuestra actual cultura con hondas raíces europeas. Tampoco enarbolar banderas anti europeas; llorar muertes, o revivir atrocidades cometidas siglos atrás. Por nuestras venas corre sangre europea, pero lo que pretendemos es mirar la historia de la conquista desde nuestro lugar de americanos.

 

 

“Estamos hechos pues, de dos barros: del indio y del español. Lo que debiéramos averiguar de una vez por todas es quiénes somos, ¿los conquistadores, o los conquistados?”

                                                                                                                                          Víctor Heredia

 

 

 

Los planteamientos teóricos sobre la esencia de la literatura española tienen ya una larga e ilustre tradición. Una mirada acerca de las influencias exteriores sobre ella, nos llevaría a la conclusión que no es desacertado definirla como la mayor encrucijada de culturas que registra la historia universal.

Un análisis, siquiera superficial de la literatura de la Edad Media española ofrece muestras irrebatibles de que los quinientos años de convivencia entre el mundo islámico y el cristianismo español, establecieron una literatura que transita alternativamente entre esos mundos. El descubrimiento de las “jarchas” mozárabes corrobora la existencia –y la connivencia- de esas culturas.

Por otra parte en uno de los primeros cantos gallego-portugueses, el poeta declara su deseo de realizar un canto “en son de negrada”. Es el elemento africano que preside gran parte de las expresiones peninsulares, y que va desde la espiritualización del amor de los poetas andaluces del siglo IX, hasta las teologías musulmanas recogidas en los textos de Ramón Llull. A este sedimento típicamente musulmán debe agregarse el sello religioso hebraico, visible en los “cantos de Judá Maleri”, que aún vive en las liras perfectas de Fray Luis de León.

Otra constante es el elemento italiano, que llega a su plenitud en los escritores españoles del siglo XVII. Una parte de las comedias de Lope de Vega están situadas en Italia, desde “El castigo sin venganza” hasta “El rufián Castrucho”.

Tampoco hay Pirineos. A lo largo de los siglos, España y Francia han manifestado que esa cordillera tiene numerosos poros de penetración, por lo que los cantos alternados transitan por los valles.

Luego vendrá la presencia de América, y para comprender la influencia del “nuevo Continente”, “hacia” España , basta recordar que en los siglos XVI y XVII, el tema americano aparece en Lope de Vega, en Tirso, y en Góngora. Versos de estos poetas llevan la atmósfera de las guajiras del Caribe. El tema del indio y del negro americano aporta a la literatura española el calor que tomarán incluso, las novelas sentimentales del pre-romanticismo europeo.

De todos esos ingredientes se compone la literatura española, lo cual fundamenta que España es una de las encrucijadas más importantes de la literatura universal.
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