viernes, 9 de noviembre de 2012

Editorial


AL CÉSAR, LO QUE ES DEL CÉSAR


                                                                                                                   




Ángel Juárez Masares




Las políticas culturales deben estar elaboradas por artistas, y la puesta en práctica de las mismas no debe ser moneda de cambio para el pago militancia o favores electorales.




El carácter universalista que ha cobrado HUM BRAL tras su inclusión en Internet, con lectores en mas de 60 países, de alguna manera nos ha impelido a derivar su temática hacia asuntos de interés general. Difícil tarea ésta, tendiendo en cuenta que nacimos en un barrio de la ciudad de Mercedes –allá por 1990- con la mira puesta en llegar a un sector de sus aproximadamente 40.000 habitantes. Cabe señalar que lo de “un sector” no significa una idea elitista, sino que simplemente se refiere a lo reducido de nuestra “tirada” de ejemplares por razones económicas.
Encuentro de pintores  en Chapicuy (Paysandú), 2010.



Con el tiempo fuimos procurando adaptarnos a los cambios, y procurando luchar –precisamente- contra “el tiempo”. Todos los que trabajamos en esta publicación tenemos otras ocupaciones, pues hacer HUM BRAL no es rentable, y por lo tanto las horas de trabajo que lleva elaborarla (que son más de las que alguien pueda imaginar) se restan a las actividades de cada uno.

Hoy queremos referirnos a uno de los problemas que afectan a los creadores y a la difusión de los temas culturales, en el entendido que en cierto modo son universales. Hablamos del funcionamiento, y de la actitud de quienes trabajamos en estos asuntos.

Por razones obvias no entraremos en detalles del sistema de organización de cada país, y nos remitiremos a las organizaciones del Estado que están mas en contacto con la población, llámense municipios, alcaldías, o intendencias.

En ese sentido hablaremos de lo conocido, y cada cual trasladará –o no- nuestra reflexión a los ámbitos donde desarrollan sus actividades. En este país del sur, pequeño y apretado entre Brasil y Argentina, las políticas culturales se instrumentan básicamente desde el Estado. Muchas de ellas tienen –a nuestro entender- un sustrato de buena intención, que sin embargo la mayoría de las veces fracasan en su puesta en práctica por el factor humano. Si bien son personas quienes las elaboran, luego se diluyen o distorsionan por una cantidad de factores, llegando a sus destinatarios –artistas, creadores, y población- permeadas por la burocracia y mezquinos intereses políticos de poca monta.

Está comprobado que las designaciones de quienes están al frente de las direcciones de cultura, departamentos, oficinas, o como quiera que se les llame, se realizan en base a la participación política, o militancia que se haya tenido con el gobernante de turno. Esto ocurre en un altísimo porcentaje a lo largo y ancho del país, y da como resultado que esta circunstancia ponga al frente de las mismas a personas no idóneas. Tal vez eso no sería tan grave si esas personas estuvieran asesoradas por quienes sí conocen del tema, que los hay y muchos- pero ocurre que mas abajo de esos pequeños “centros de poder”, el criterio de “premiar la militancia” continúa, dejando fuera de los lugares de decisión a quienes en realidad están aptos para desarrollar esa tarea.

Asunto no menor es la competencia que se establece dentro de las diferentes áreas a las que hacemos referencia, donde las rencillas internas entre directores dejan al desnudo pasiones humanas que deberían ser sustituidas –o por lo menos superadas- por una actitud profesional que apunte a intereses comunes, y que muy pocas veces se ve.

Luego están los artistas, que en realidad en la mayoría de los casos se manejan con iguales parámetros que los responsables rentados de la cultura de los pueblos. Quizá alguien piense que en este caso los intereses comunes actúan como un elemento aglutinador, pero nada mas lejos de la realidad. La fauna de creadores en este país también posee enormes dificultades para instrumentar actividades comunes, y la mayoría de las organizaciones privadas terminan siendo una suerte de “ghetto” donde prima el individualismo, perdiéndose de esa manera una enorme cantidad de energía que podría canalizarse de manera mucho mas positiva.

Como lo dijimos antes, hablando de lo que conocemos, este país tiene un potencial ilimitado en cuanto a creadores de arte en todas las disciplinas; lo que se podría lograr encaminando y encauzando el esfuerzo es inimaginable. Claro que para eso es necesario que los recursos económicos destinados a la cultura, se vuelquen a ella efectivamente, y en ese sentido no podemos dejar de hacer referencia a los “Duelos de pintores” realizados en el Departamento de Paysandú, en la localidad de Piedras Coloradas, en 2008, y en Chapicuy al año siguiente, donde la Municipalidad confió la organización a un grupo de artistas, logrando reunir durante dos días casi 40 pintores, escritores, y músicos de diferentes partes del país y del exterior, en una experiencia por demás enriquecedora para todos, y que dejara mas de 40 obras en patrimonio de la Intendencia de Paysandú.

Sin embargo, y de alguna corroborando lo antes dicho, el cambio de autoridades municipales abortó la continuidad del Proyecto en pleno crecimiento, pues a los nuevos gobernantes no le interesó apoyar esos encuentros.

Bueno sería entonces que cada artista se detenga por un momento a revisar su actitud frente a sus pares, y la sociedad; y que cada gobernante entienda que los recursos del Estado deben estar destinados al Estado, y que si no saben qué es “el Estado”, que lo averigüen.

Por otra parte la mayoría de los actores políticos suele cometer el error de encasillar a los artistas dentro de los Partidos de Izquierda. Quizá nunca se sepa si esa presunción es cierta, pero aún si lo fuera, cada uno merece que ser respetado, como ciudadano, y como trabajador. Personalmente solemos trabajar en conjunto con artistas con los que nos une una profunda amistad de muchos años, y que nos consta, pertenecen a Partidos tradicionales.
Encuentro de Pintores  en Piedras Coloradas (Paysandú), 2008. 

El día que pongamos todos la mira en objetivos mas elevados, seguro que muchos problemas sociales como la delincuencia y el consumo de drogas irán –por lo menos- disminuyendo. Creemos que no es una utopía apuntar todas las baterías a la educación y la cultura. Ejemplos  de sus beneficios en el mundo existen.

Mientras tanto seguiremos atacando –como el Caballero de Cervantes- a los gigantes de la ignorancia, aunque tomen la forma de molinos.
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