sábado, 12 de enero de 2013

EDITORIAL


LA SUTIL FRONTERA ENTRE LA JUSTICIA Y LA VENGANZA



Ángel Juárez Masares




La Real Academia Española dice que “Justicia” (Latín: Justitia) es la “virtud que nos hace dar a cada cual lo que le corresponde, y señala como sinónimos: derechura, imparcialidad, equidad, rectitud. Señala además que es “lo que debe hacerse según derecho a razón: pedir justicia. Derecho de pronunciar sentencias y de castigar los delitos. Justicia distributiva: la que arregla la proporción en que deben repartirse las recompensas y los castigos.
La misma Academia del lenguaje dice de la venganza:  Acción de vengarse. Mal que se hace a alguien para castigarlo y reparar una injuria o daño recibido. Como sinónimos establece: desquite, represalia, revancha, vindicta.
El término ley del talión (latín: lex talionis) se refiere a un principio jurídico de justicia retributiva en el que la norma imponía un castigo que se identificaba con el crimen cometido. El término "talión" deriva de la palabra latina "talis" o "tale" que significa idéntica o semejante, de modo que no se refiere a una pena equivalente sino a una pena idéntica. La expresión más conocida de la ley del talión es "ojo por ojo, diente por diente".
Históricamente, constituye el primer intento por establecer una proporcionalidad entre daño recibido en un crimen y daño producido en el castigo, siendo así el primer límite a la venganza.
Multitud de ordenamientos jurídicos se han inspirado en la ley del talión, especialmente en la Edad Antigua y en la Edad Media.
Aunque pudiera parecer una ley primitiva proporcionar la pena en cuanto al delito y con ello evitar una respuesta desproporcionada por la venganza, la aplicación de la pena con barbarie a lo largo de los siglos, no implica un defecto de la ley, sino un defecto de los aplicadores. Pero como “los aplicadores” son los hombres, y nada que provenga de ellos se acerca siquiera a un ideal de perfección, tenemos entonces dos elementos cuyas fronteras son muy difíciles de establecer: la justicia, y la venganza. No será motivo de controversia decir que la aplicación “justicia” nunca deja conforme a las dos partes, llámese agresor y damnificado, puesto que al primero siempre la pena le parecerá escasa, y el segundo la considerará excesiva.
Tampoco nadie puede asegurar que la puesta en vigencia de la Ley del talión repare injusticias, pues también allí será determinante la falibilidad del “aplicador”, cuando no del humor con el cual haya amanecido el día de determinar culpas y castigos.
De manera que, enumerados los inconvenientes para que las faltas a las normas de convivencia y derechos de cada hombre sean castigadas y/o reparadas en su justa medida, así como ante la imposibilidad de tomar su administración por parte de cada quién, solo quedará a ambas partes admitir como buenas las decisiones de “los aplicadores”, so pena de regresar a la edad de piedra.
¿Cuáles son entonces los elementos a tener en cuenta para mitigar la sensación de injusticia?
Creemos que una alternativa válida es evitar el odio. Cuando éste se enquista en el hombre le impide desplazarse por la vida con la liviandad necesaria para afrontar sus avatares, no deja ver el camino adecuado, y consume energías que deberían ser canalizadas hacia los objetivos que él se imponga. En ese caso cada uno buscará –o no- la ayuda de quienes estime conveniente, llámese dios, dioses, orientación filosófica, Profesional, o Amigos.
¿Qué es esta una alternativa conformista?
Quizá tenga algo de ello, pero la organización social y el carácter gregario del individuo humano ha devenido a través de los siglos en la aceptación de lo hoy llamamos hipocresía, a punto tal que –en el caso que nos convoca- difícilmente el hombre acepte públicamente que en realidad la palabra justicia es un sinónimo de venganza, y que si fuera posible un acto de sinceramiento masivo,  la Sociedad votaría por unanimidad la puesta en vigencia de la Ley del talión.
En el interior de cada uno aún late el cavernario. La ancestral herencia está vigente, y se pone de manifiesto diariamente en su forma “civilizada” cuando –por ejemplo- los hombres se juntan en una playa alrededor del fuego, o cuando se insultan desde un automóvil a otro por una “cuestión territorial”.
¿Qué acaso estamos proponiendo el regreso a la tribu?
Para nada, “la tribu” está más vigente que nunca, solo cambiamos Jefe por Presidente, Alcalde, o Intendente, brujo por médico, cazador por comerciante, garrote por pistola, y cópula por “hacer el amor”, pero eso…es otra  historia.

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