viernes, 25 de enero de 2013

Editorial

Cuando de “abrir la cabeza” se trata
                                                                                                                         

Ángel Juárez Masares




Quienes tratamos de navegar por el mar agitado de las Artes, y sobre todo quienes lo hacemos a bordo de un pequeño bote que “hace agua” por todos lados, nos encontramos con un cúmulo de situaciones que la poca velocidad a la que navegamos quizá nos permite visualizar de una manera diferente a quien pasa a nuestro lado en una lancha veloz.
Toda una vida remando para tratar de aprender a pintar y escribir nos enseñó que cada día sabemos menos, y que la única manera de crecer es estar atento a todo lo que pase –no solo a nuestro alrededor- sino en el vasto e inabarcable mundo del Arte.
El pasado fin de semana culminó en la ciudad de Mercedes, Departamento de Soriano, el festival Jazz a la Calle, que se realiza en los primeros días de enero de cada año, y que reúne a músicos locales con invitados de países vecinos.
Como toda actividad humana, tal evento cuenta con adeptos y detractores, y naturalmente cada parte esgrime argumentos para defender su posición, pero hoy habremos de procurar clarificar el pensamiento para ubicarnos en la frontera entre ambas posturas, no por temor a emitir opinión, sino como una forma de respetar las mismas. Como nada es mejor que encender la luz para encontrar el camino, tomaremos como ejemplo algunas situaciones que pudimos percibir por estos días y que justifican lo del título: cuando de abrir la cabeza se trata.
Recientemente se presentó en el Teatro de Verano de esta ciudad de Fray Bentos el conocido conjunto folklórico argentino “Los del Suquía”, lo cual dio lugar a manifestaciones a favor y en contra de tal circunstancia. Quienes estuvieron a favor aplaudieron la idea, y quienes estuvieron en contra argumentaron “falta de apoyo a los artistas locales”.
Mas allá de la razón que pueda asistir a quienes así lo entienden, creemos que negarse a recibir a otros no aporta al crecimiento de quienes reclaman –sin duda con razón- que sea promovida su participación en diferentes ámbitos.
Naturalmente no queremos–ni es la idea- tomar partido por una u otra postura, pero quizá debamos pensar que radicalizar el pensamiento  no contribuye precisamente al crecimiento de los pueblos. Tampoco estamos generalizando, pues la distancia entre Fray Bentos y Mercedes es de solo 32 kilómetros, y cada noche fue mucha la gente que los recorrió para asistir al festival de Jazz, entre los cuales –por citar un caso que conocemos- un amigo personal, músico, que no paró de destacar lo enriquecedor del intercambio que mantuvo con sus pares de Brasil y Argentina.
Tener “la cabeza abierta” quizá pueda parecer una expresión cuasi doméstica, pero no encontramos otra que deje mas en claro el camino hacia el crecimiento; no significa en absoluto adoptar cualquier tipo de manifestación foránea si consideramos que no es válida, y permite por lo tanto descartarla.
Personalmente hemos sido –y lo seguiremos siendo- muy críticos con algunas decisiones de la Administración del Departamento de Soriano, como –dicho esto a manera de ejemplo- la instalación de un helicóptero en desuso (¿Cómo “escultura”?) en la ciudad de Cardona, pero de la misma manera es de justicia destacar las acciones positivas, y en ese sentido se perciben avances que es de esperar no se vean empañados por las “internas” municipales, que siempre están latentes alimentadas por protagonismos mezquinos que todos conocemos (en muchos casos hasta con nombre y apellido), y que son capaces de destruir en segundos un trabajo de meses o años.
Tener “la cabeza abierta” significa estar atentos a lo que ocurre a nuestro alrededor y en el mundo, y eso solo se logra evitando radicalizar el pensamiento. Los pueblos pueden tener una fuerte tendencia hacia las manifestaciones populares y está bien que así sea, pero no es buena cosa pensar que –por ejemplo- todo pasa por el candombe y el carnaval, porque estaríamos perdiéndonos el resto de la fiesta.
Del mismo quienes procuramos aprender a escribir no podemos negarnos a recibir un conferencista que puede aportar conocimientos, o asistir a una exposición de un pintor que nos permita visualizar nuevas tendencias. Por eso no entendemos las posiciones “localistas” que determinan el “ninguneo” constante de quienes llegan a una ciudad a mostrar su obra, asunto demasiado frecuente por estas latitudes.
Mucho se habla de la cultura de los pueblos y de la promoción que de la misma debe hacerse desde los Organismos del Estado, pero nada será posible si cada uno de los creadores no empieza por demostrar que puede, y si la sociedad no comparte el producto del trabajo creativo. Mientras eso no ocurra, la “cultura” seguirá siendo un caballo de batalla muchas veces utilizado políticamente, y no toda la culpa será de los actores políticos, sino básicamente por nuestra propia mezquindad a la hora de apoyar a quienes la hacen. En definitiva, el pueblo mismo.

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