viernes, 11 de enero de 2013


Premio Nobel para el escritor menos malo


Uno podría pensar que 1962 fue un año de gloria para el escritor estadounidense John Steinbeck. Es que hace cincuenta años el autor de “Las uvas de la ira” recibía el Premio Nobel de Literatura, un galardón que, polémicas al margen, supone el reconocimiento de la crítica especializada.
Tuvo que pasar medio siglo desde aquella premiación para que trascendiera que, en esa oportunidad (¿y en cuántas más?), la Academia Sueca no distinguió al mejor escritor del momento… sino al “menos malo”. Los debates y las charlas de los académicos en las instancias previas a la elección del ganador fueron difundidos por el diario Svenska Dagbladet y no dejan bien parado a Steinbeck.
Los documentos difundidos por el periódico sueco revelan que, en aquel ya lejano 1962, hubo 66 candidatos al Nobel. Entre los finalistas llegaron Lawrence Durrell y Robert Graves pero la Academia, finalmente, se decantó por Steinbeck.
Un integrante del comité de decisión, Henry Olsson, comentó por entonces que la Academia estaba en una “situación poco envidiable”, según recoge ABC. Los argumentos para rechazar las candidaturas hasta escoger a Steinbeck fueron curiosos: a Graves, por ejemplo, se lo descartó porque el autor se consideraba a sí mismo como un poeta (pese a haber escrito diversas novelas) y Olsson no quería distinguir a ningún poeta.
Sobre Durrell, se dijo que “no era su año”. Ezra Pound, por su parte, fue desechado en etapas previas por su cercanía al régimen fascista de Benito Mussolini, lo que refleja cómo la política suele ser clave en una premiación supuestamente literaria.
Otros escritores que se acercaron al Nobel de 1962 pero que no tuvieron suerte fueron Karen Blixen (fallecida poco antes de la votación) y Jean Anouilh (que perdió posibilidades porque, dos años atrás, había sido reconocido un compatriota suyo: Saint-John Perse), señala La Gaceta.
Después de las deliberaciones, y aún reconociendo que su pico de creatividad ya había pasado hace más de una década, la Academia Sueca tomó la decisión de premiar a Steinbeck. Anders Osterling, el secretario permanente de la institución, justificó la selección en que Steinbeck era “más popular” que los otros finalistas.
Así John Steinbeck accedió a un honor que, tal vez, no le correspondía. Por eso él mismo, al ser consultado por la prensa, dijo que “francamente” no creía merecer el Nobel.

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