sábado, 5 de noviembre de 2011

Curtina: donde te reciben con la mano extendida


Curtina es una pequeña población del departamento de Tacuarembó ubicada a 500 metros de la ruta Nacional número 5.
Sin embargo, esa ínfima distancia entre el intenso tránsito que circula casi de manera ininterrumpida por una de las principales rutas que atraviesa el país de sur a norte, puede llegar a ser enorme en términos humanos, porque en Curtina el tiempo adquiere otra dimensión. Allí los gurises juegan en la calle mientras un vecino corta leña a poca distancia, y algunas gallinas picotean en la otra esquina ignoradas por un par de perros echados bajo un árbol.
Llegamos a la hora “de la siesta” con la idea de comprar algunas vituallas, asunto que no previmos antes de partir de Valle Edén hacia San Gregorio de Polanco.
Ante nuestro requerimiento, el hombre que cortaba leña dejó su hacha para acercarse, extendernos la mano a modo de saludo y quitarse la gorra con la izquierda, antes de indicarnos dónde quedaba una panadería donde podríamos comprar lo que necesitáramos “para churrasquear” (termino que puede traducirse como “alimentarse”, “comer algo”, “almorzar”, utilizados por la gente de campo y que no necesariamente está referido al consumo de carne. También suelen utilizar la expresión “hacer mediodía”).
El panadero nos recibió con cierta sorpresa pero con amabilidad. El hombre se mostró jovial y distendido, y al poco rato estaba mostrándonos fotos con la Copa Sudamericana obtenida recientemente por la selección uruguaya de fútbol, en oportunidad de ser llevada a Tacuarembó.
La llegada del hijo del panadero que nos saludó con un beso en la mejilla, fue el corolario de aquella visita a Curtina que recordaremos siempre.
Nos fuimos con la alegría de saber que allá –en lo que desde la capital suelen llamar “el interior profundo”- la deshumanización de las grandes urbes aún está lejos de llegar, y que la amabilidad y las buenas costumbres de su gente permiten vislumbrar que no todo está perdido.
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