viernes, 26 de abril de 2013


 “Este papel mi vida”




Se editó Diario de juventud de la poeta uruguaya Idea Vilariño (1920-2009)




Débora Quiring


“Pensar que uno corre, nada, hace el amor... Cómo debe estar el corazón entonces. Cómo soporta. ¿Y eso es la vida? ¿Qué es? Por qué golpea.”

El año anterior a la muerte de Idea pasé a visitarla por un residencial del Prado. La escena era definidamente triste. Al salir, arrepentida del viaje, elogié un par de flores al pasar. Esos ojos idos se animaron: “supieron estar mejor”, sentenció. Mínima anécdota que retrata esa percepción vital que la acompañó su vida entera: “podés creer que nada / le sirve nunca / a nadie / para nada”. La soledad, la tendencia al suicidio, su desencanto diario, el fracaso del amor y lo inútil, a veces, de la existencia, son constantes fácilmente identificables en su obra y en su vida.

Ya en el año 2007, con la edición de Idea Vilariño: la vida escrita, se celebró el cincuentenario de Poemas de amor (1957), y a la autora en su intimidad, a través de los numerosos retratos fotográficos, las entrevistas, sus diarios y algunos testimonios. Aquella poeta triste, de cara angulosa y mirada intensa, fue docente, traductora de inglés y francés (recurso que muchas veces le permitió sobrevivir), fundadora de la revista Número, junto a Emir Rodríguez Monegal y Manuel Claps; militante de izquierda activa que compuso la letra de “Los Orientales”, escuchada en el estadio Centenario bajo lluvia durante aquel regreso de Los Olimareños en 1984 (y también autora de “La canción” –que don Alfredo Zitarrosa musicalizó en 1972); amante de Onetti (que nunca dejó de estar casado); ensayista de diversos temas, incluyendo numerosos estudios sobre el tango. Una intelectual del siglo XX por definición.

Se llamó Idea, como es sabido, por culpa de su padre Leandro Vilariño, también poeta; a los hermanos les tocarían los nombres de Poema, Azul, Alma y Numen (el único que aún vive). La vida de los Vilariño fue compleja, rodeada de enfermedades y muertes tempranas, sucesos que contribuyeron, tal vez, al desencanto existencialista que desde adolescente expresó Idea, y que está particularmente presente en los textos recién editados.

Sueño de juventud
Este primer Diario de juventud de Idea Vilariño publicado por Cal y Canto es, por decirlo de algún modo, extraño. El estudio preliminar y las notas fueron realizados por las editoras Ana Inés Larre Borges y Alicia Torres (la organización del archivo por Virginia Friedman y la asistencia de corrección por Deborah Rostán), a quienes la propia Idea había dejado por testamento la salvaguardia de su archivo y la orden de que publicasen sus diarios. En 1987, cuando piensa quemar las 17 libretas que integran la totalidad de los diarios, decide pasarlas en limpio, ya que, como dice una de las entradas mientras transcribía el año 1942, “quemarlo sería quemar mi vida. Quemar a Azul, a papá, a Alma, a lo que fue [Manuel] Claps. El viento sacude mis cipreses. Esto hice”.

Las editoras que recibieron estas libretas se encontraron con la primera fechada en 1937, cuando Idea tenía 16 años, y con la última que termina en 2007, antes de cumplir los 87. El libro, de casi 500 páginas, se inicia con una “Memoria primera”, testimonio de su infancia: primeros recuerdos, su casa, la calera, la memoria de sus padres y parientes cercanos o perdidos. Luego el lector se enfrenta a trivialidades cotidianas, vivencias adolescentes, el color del vestido nuevo, la lectura precoz de Simone de Beauvoir y de Nietzsche, las idas y venidas de los dragoncitos, una enfermedad temprana en la piel -que se le solía llagar-; datos acompasados por el clima cultural de la época y un histeriqueo constante que alterna el sí y el no, devaneo que nunca abandona. A medida que avanza el Diario se introducen poemas que Idea escribe, a veces vinculados con lo que narra.

Como ya lo hizo notar más de uno, a partir del año 41, y de la muerte de su madre, su tono cambia. Ha dejado atrás los pretendientes de la esquina y los bailes y comienza a acercarse a lo que será Idea más adelante. Ambivalencia ante el suicidio, reflexiones sobre la vida, el deseo de soledad, su enfermedad: “La piel [palabra testada] cada vez peor. Cada mañana, cada despertar, dolorosos, miserables: frío, ungüentos, fomentos fríos que dan tos. Me sostuve varios días escribiendo ‘rosa dulce de mi mano’”.

Aunque, paradójicamente, su poema más antiguo nada tiene que ver con juegos frívolos -esa otra Idea, desconocida, es la que el lector descubre leyendo el Diario-, sino más bien todo lo contrario: “Sola / sola y triste, lejos / de todas las almas, / de todo lo tierno, / de todo lo suave, / Silencio, Tristeza. / La muerte más cerca / en el marco triste y sin luz de la tarde”.

Lecturas varias
La escritura del Diario no es definitiva, hay continuas tachaduras, reescrituras de anotaciones o de poemas [algunos de ellos inéditos]. Hugo Achugar, que junto a Soledad Platero presentó el Diario en la Mediateca Idea Vilariño del MEC, plantea que “si le pensara un título para escribir un ensayo sería ‘Testado’, y el subtítulo ‘Hojas arrancadas’. Son las palabras más reiteradas en este diario”. El silencio es uno de los pilares de esta obra que se sabe diario, pero no logra entrar en clasificaciones claras. Hay una construcción paulatina de esta
Idea convirtiéndose en mujer y descubriendo la vida. Como sigue diciendo Achugar, “de algún modo es una novela. Idea se fue autoconstruyendo como mujer, como poeta, como Idea, y eso se ve en el Diario. Hay un crecimiento del personaje que la va liberando […]. La construcción de identidad es consciente y explícita”. Sin embargo, a Soledad Platero le da la impresión de estar frente a un drama. Dice que no es extraño que alguien escriba un diario, sino editarlo, corregirlo y, mientras lo hace, anotar qué música escucha, qué sensaciones le produce la relectura.

Con el lector se entabla una especie de relación lúdica, en la cual se debe leer la “memoria primera” escrita años después, notas al pie o al margen -a veces “con la letra temblorosa de su vejez”, como anotan las editoras-, mientras lo transcribe. Y por otro lado esa imagen de Idea que cargamos, tan vinculada a un Onetti que en estos años no conoce, a la generación del 45, que en estos años no integra.

Su relación con Claps, que viaja a estudiar a Buenos Aires, marca una dinámica distinta en el diario. Si bien antes se transcribían cartas de amigas, como Silvia Campodónico –que luego será la pareja definitiva de Claps-, a partir de aquí esto se hará de manera continua, tanto las cartas que envía como las que recibe. Incluso aquí, el vaivén histérico se expone a menudo. El 19 de octubre de 1941 dirá: “Claps no me alcanza […] Yo preferiría estar sola […] Será enfermizo, pero así he sido realmente siempre”. Y al tiempo escribirá: “¿Qué hago sin él?”.

Su romance, a veces paralelo, con Emilio Oribe -admirado desde el 39, cuando era su profesor de filosofía- atravesará los mismos devaneos. Ella, que nació en el 20, en su condición de mujer compartida, dirá: “Sin embargo pienso que no tengo de qué avergonzarme, que es el amor, que uno es mi esposo queridísimo y el otro es el amor de toda mi vida. Y que, si está establecido que cada mujer debe ser de un solo hombre, yo no puedo, no puedo”. Si bien nunca se declaró feminista, reivindicó la voz de la mujer y se equiparó con el hombre, actitud de vida que nunca caducó.

Vanidades… ¿póstumas?
“El saquito blanco muy entallado. El vestido floreado, sin espalda pero de cuello alto. El peinado adelante como siempre, atrás recogido en bucles en lo alto. Dicen que parezco mayor. Yo me encuentro muy yo”. En una nota las editoras amplían: “Sobre lo escrito Idea esboza a lápiz una cabeza de mujer, realza los bucles del peinado” (luego hará lo mismo describiendo a Oribe y sus partes íntimas, contrastado con una escena erótica bellísima).

la diaria consultó a las profesoras Alicia Torres y Ana Inés Larre Borges sobre cómo les resultó el encuentro con esta otra Idea, escribiéndose. Torres lo definió como un trabajo arduo, delicado, complejo. “Fue una mujer que se ganó el derecho a decirse a 
sí misma sin reservas -dice-, con un lenguaje que casi parece no diferir del cotidiano y, sin embargo, es excepcional”. Confiesa que, 
si bien había escuchado sobre las misteriosas “libretas negras”, 
la escritura secreta era parte 
de su leyenda; muchos años pensó que su autobiografía radicaba en su poesía, sobre todo en aquellos inolvidables Poemas de amor y Nocturnos, en los que “manifiesta en palabras el deseo desde una experiencia de mujer, y a la vez cuenta sus inquietudes existenciales”.

Para Torres este Diario de juventud “muestra a una Idea que se dice a sí misma desde un lugar otro que combina tonos y registros heterogéneos: transcribe cartas y ensaya poemas, comenta lecturas y reflexiona sobre el arte y la ciencia. Fija instantáneas domésticas, a veces sosas, triviales, que pueden fastidiar al lector, junto a largas tiradas reflexivas que ahondan en los grandes temas de siempre”.

Larre Borges se refirió a la dificultad que implicó la transcripción y edición de las libretas: “Se está horas sobre la letra, de manera obsesiva, hasta lograr descifrar y establecer el texto. Esto también ocurre con las anot
aciones, la minucia de buscar un dato, un nombre, resolver si un poema sin título es inédito, o si hay otros originales manuscritos en el archivo que trascriban ese mismo poema”. Puntualiza que su amistad con la diarista, la duración del proceso y el intento de no juzgarla, fue una relación compleja que varió. “Muchas veces pasamos por alto la vanidad de los escritores -confiesa-, su insaciable necesidad de reconocimiento y de admiración”, y la relaciona con sus investigaciones sobre Paco Espínola, que presentaron similares problemas.

El narcisismo está presente en Vilariño tanto como sus confesiones diarias. Es difícil pensar el diario como una unidad en sí misma. La imagen de la diarista corrigiendo y anotando está presente de manera constante a lo largo del relato. Tal vez lo más acertado sea concebirlo como una totalidad móvil, que varía con las lecturas y los propios lectores que las ejecutan. Una obra literaria provisoria, siempre sin acabarse.

A diario
Metafísica para algunos -y temprana discípula de Nietzsche-, escéptica para otros, Idea Vilariño sorprendió con un narcisismo insospechado al pedir en forma expresa que se publiquen estas libretas póstumas. Un diario mantiene una clara relación con el género epistolar y la autobiografía (tal vez a la que no quiso enfrentarse en vida), ya que nace de las vivencias y sentimientos que registra, de manera periódica, el autor. Estas reflexiones vinculadas a hechos tan banales, como los que se vive a diario, se vuelve sugerente de una lectura cómplice entre el escritor y el lector.

“Un diario interesa siempre, al ser a la vez un documento y un testimonio”, diría el filósofo Mircea Eliade. Este Diario de juventud retrata no sólo su vida y su obra, sino también el momento histórico en el que transcurre. Más aun, releído desde la perspectiva de su propia autora, en 1987. Uno no sólo se vuelve cómplice sino que, en ciertos momentos, antropomorfosea el Diario con la imagen de la Idea adulta (ese fantasma que parece perseguir a la adolescente que sueña: “No recuerdo que nos interesara mirar la calle por los balcones. Era más atractivo mirar a las palomas, ver a los peones -gallegos, italianos- trabajando”.)

Respecto de esto, Larre Borges nos dice que “así como hay una ambivalencia en la Idea que atesora y ama sus diarios y también los rechaza y abjura, y quiere y no quiere que se publiquen (tampoco Kafka quemó su diario), también hay una ambivalencia en el lector del Diario que quiere conocer el secreto y al mismo tiempo quiere que, como una heroína altiva, la escritora no lo revele”. Cuenta que Idea en vida fue una persona difícil, y no deja de serlo en el Diario.

“Si bien publicamos sólo estos años de juventud, nosotras leímos todos. Aunque personalmente -dice Larre Borges-, mis problemas están más bien vinculados a los diarios de la mujer adulta, madura. En este Diario de juventud encuentro mucha intensidad, mucho dolor y pasión verdadera, que genera que no me pesen ciertas formas del narcisismo, algunas puerilidades candorosas. Me resulta interesante, en muchos sentidos jugado y hondo, y,en muchísimas páginas, fascinante”.

Torres, por su parte, aclaró a la diaria que en este libro Idea
recién había cumplido los 25 años, no era la mujer cuya imagen comienza a ser popular en los 80, después de la dictadura. “No es la profesora de literatura, ni la militante política, ni la crítica literaria que fundó revistas culturales junto a sus compañeros más próximos de la Generación del 45… Pero se está preparando. También por eso la figura que aquí se construye es la de una desconocida, la de una adolescente al comienzo y una mujer joven después, que desde muy temprano se mueve -en la vida y en la escritura- con gran libertad ”, concluye.

El pobre mundo
Los poemas de estos años (1938-1945) -presentes a lo largo del Diario-, si bien pertenecen a la etapa anterior de los ya citados Poemas de amor y Nocturnos, comparten con éstos el nihilismo y el sinsentido. Ya sea la frustración del amor o la vida que se le impone involuntaria, encontramos en éstos el tono anticipativo de los que seguirán después. Hacia 1938 se anota un poema presumiblemente inédito: “Y tan sola y tan lejos del amor de las almas, / del calor de las manos, del temblor de los besos. / ver que se va la vida, esperando, y si llega, / dejarlo que se aleje y se pierda a lo lejos”.

Esta continuidad se puede corroborar citando “Por ahora”, de 1977: “Por ahora /en lo oscuro / como un perro despierto. / Por ahora. / Después / igual/ sin mí / seguirá hacia su fin / la larga historia”. Algunos se empeñan en distinguir etapas, pero es posible reconocer desde el principio esta elección vital -sí, es una elección- de su poesía austera, rioplatense, despojada de lirismos modernistas, con destinatarios 
inalcanzables.

La escritura de este diario por momentos transita los mismos caminos de su obra. Alicia Torres define esta escritura como desbordada de paradojas, “donde vacilan la aspiración al secreto y la demanda de escucha. Un ‘sí-no, sí-no’ obsesivo y tenaz”. Dice que el lector recibe de distintas maneras la imagen de ese yo contradictorio y, en cambio, permanente”. Para Torres Idea se cuenta a sí misma y es lícito preguntarnos qué parte de sí nos cuenta, qué pasa con aquello que queda afuera del relato. De este modo el Diario instala un sinnúmero de interrogantes y problemas que el lector debe enfrentar.

La editora comenta que muchas veces se preguntó por qué alguien querría que cualquiera pudiera leer sobre su vida privada, la historia de su intimidad, ya que “lo abarca todo, desde el color de su ropa interior a cómo hace el amor, desde su opinión intransigente sobre la poética de los demás, al codiciado estreno de un vestido nuevo. Y los detalles terribles sobre la larguísima y agraviante enfermedad que laceró su cuerpo bello y joven, dejándolo en llaga viva y llevándola al borde de la muerte.”

Comenta que el libro integra un buen número de fotografías inéditas que pertenecen al Archivo Idea Vilariño. “Ella aprendió temprano a ‘verse’ -dice- también fotográficamente [claro ejemplo son los múltiples retratos que integran La vida escrita], a decirse a sí misma proyectándose hacia el exterior con un lenguaje adaptado a las circunstancias”. Concluye esbozando una línea sugerente de lectura: “Creo que es interesante preguntarnos si leeríamos este Diario de juventud de Idea Vilariño si no fuera la gran poeta que es”.

¿Ya no?

“No puedo dormir. Estoy completamente lúcida, desesperadamente despierta. Difícil de resistir[…] Tengo la impresión de que abuso de mi pobre cabeza que anda mal. Siento unos dolores que me corren como por venas dentro de la cabeza. A veces es como una aguja que se clava y se clava en el mismo lugar. Lo más posible es que todo sea consecuencia de mi fuerte resfrío pero me alarma hasta tal punto que ayer escribí lo que sigue”. Ésta es la última entrada del diario, fichada en noviembre de 1945. Luego transcribe una especie de mandato, como “no publicar los poemas tachados” (algunos fácilmente legibles), “quemarlos” y “destruir estos cuadernos”; junto a otras reflexiones como “el mundo me pareció maravilloso, la vida incomprensible”.

Las editoras seleccionaron esta entrada por considerarla una despedida, a partir de lo que podemos identificar una reiteración de adioses constantes. Hay una construcción de identidad-personaje constante, tal vez para leerse más tarde y reencontrarse, o tal vez para autoconfeccionar su propio mito. Posiblemente en las lecturas de los diarios se busque una “falsa autenticidad” en la que se registran testimonios y se vuelve vívido el transcurso del tiempo.

Así como Mircea Eliade escribía su diario para salvar el tiempo perdido, rememorándolo, Idea parece escribir su diario para salvarse del naufragio de la muerte. Era consciente de que su obra ocupaba un lugar primordial en la poesía latinoamericana, pero la gestación de ese mito, que ella misma ayudó a construir, podría perderse en el olvido. Esta preocupación se repite en su obsesión por registrar fotográficamente su apariencia a lo largo de estos años.

Frente a este cúmulo de archivos, Larre Borges comentó que una primera idea fue publicar una antología con todo aquello que tuviese “calidad literaria” (antología de todo el Diario). Propuesta que fue rápidamente descartada, ya que “debían publicar todo. No queríamos ocupar el triste lugar de censoras al estilo Max Brod [editor de 
Kafka].

Cuando el diarista es un artista en serio, la obligación es publicar el diario completo y no arrogarse autoridad de elección que, inevitablemente, implica una forma de censura” De este modo nos enfrentamos a un Diario de juventud íntegro a través de esta cuidada edición -el diseño estuvo a cargo de Pablo Uribe-, y un proyecto que fue seleccionado por los Fondos Concursables del MEC.

En una conversación con Mario Benedetti -amigo de añares de Idea- hacia 1971 sobre los cambios que habían padecido, aún antes de que llegara la dictadura militar del 73, la poeta dice: “¿Quién se suicida, quién se retira del mundo, quién lleva un diario íntimo, quién, ahora?”. La respuesta estaría en la continuación de estos diarios, que aún esperan su publicación próxima.



  Extraído de: http://ladiaria.com.uy/
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